Tiger Woods y la obsesión del Masters de Augusta

A los 43 años, Woods desempolva su cartel de favorito para el Masters, el «grand slam» que visualiza desde hace seis meses y que no gana desde el 2005


El debate es irresoluble, pero el hoyo 17 de St. Andrews es, probablemente, uno de los más complejos del mundo. Al menos entre los campos más emblemáticos. Allí enterraron sus opciones tantos favoritos como otros resoplaron aliviados camino del 18 y la casa club de estilo neoclásico que espera al fondo al campeón del Open Británico. Ese lugar inspiró a Alister MacKenzie para el hoyo 5 de Augusta National, aunque Bobby Jones no terminaba de ver los bunkers de calle. Como el resto del recorrido, esa zona ha ido evolucionando durante los últimos 20 años -tanto el Road Hole del Old Course, en Escocia, como el Magnolia de Georgia-. El campo del Masters se transformó como consecuencia la revolución que Tiger Woods inició en la segunda semana de abril de 1997. El recorrido ha ido ganando distancia, dificultad y complicaciones para defenderse del empuje de la tecnología, de los cuerpos fibrosos de los atletas que lo desafían hoy en día. Y justo ese hoyo 5 de Augusta se transforma de nuevo ahora. El tee se ha retrasado unos 35 metros, para que la distancia final al green quede a entre 415 y 450 metros de la salida. Ya era el segundo par 4 más largo del campo, y el segundo en dificultado por detrás del 11. Pero ahora exige un estacazo con el driver para evitar los bunkers, o un segundo golpe muy largo y delicado para tener una mínima oportunidad de birdie.

Si no fuera por ese cambio, Tiger Woods podría jugar la mayoría de las salidas del Masters (desde el jueves, Movistar Golf) casi con los ojos vendados. Tal es su conocimiento y dominio de un campo donde ganó cuatro títulos, aunque el último lo lograse en el 2005.

Cada regreso suyo a Augusta representa una nueva primavera para el golf. Como sucedió el año pasado, cuando volvía al Masters después de un par de ediciones ausente por el martirio al que le someten las lesiones. Pero esta vez, con una molestia en el cuello como incordio más reciente, vuelve a pisar el campo como verdadero favorito. ¿Por qué no?

Su último grande cayó en junio del 2008, cuando ganó el US Open, su decimocuarto grand slam. Ahora, con 43 años, siente como el reloj corre en su contra. El 2018 representó la temporada de su recuperación tras un calvario de lesiones y problemas personales. Ganó entonces el Tour Championship, se disparó en el ránking hasta su duodécimo puesto actual y situó Augusta en el centro de sus prioridades.

 «El Masters está en mi radar desde octubre o noviembre», reconoció en febrero. ¿Hasta qué punto? «En todo, en los golpes que voy a necesitar en Augusta, en los palos que voy a pegar, en el tipo de swing que necesitaré para el Masters, en los problemas que estoy teniendo y en lo que estoy haciendo bien. Los golpes que pegaré en Augusta, sobre todo cuando la bola está más alta o más baja que los pies, y también en la velocidad a la que estarán los greens, cómo cambian del miércoles al jueves y cómo logran que cada año esté más duro y difícil», desgranó en unas palabras que cobran fuerza ahora.

«Estoy justo donde debo estar», advirtió Woods hace unos días. «Me he vuelto un poquito más consistente. Creo que todo marcha bien», admite antes de asaltar la última frontera, el triunfo en un grande, después de haber llegado con opciones al desenlace del Open Británico y el Campeonato de la PGA la temporada pasada.

El trabajo con un gurú del «putt»

El sello de varios de los grandes títulos de Tiger Woods lo imprimió su dominio del putter. Sobre todo, con golpes precisos e interminables bajo presión. Y el palo más corto de la bolsa adquiere todo su valor en Augusta, con greenes rápidos y complejos. Aunque Woods ha mejorado en los últimos años su consistencia con el driver gracias a un swing más armónico, es en el green donde solía marcar diferencias. Hasta ahora. Esta temporada hay otros 73 jugadores que le superan en la estadística de golpes ganados con el putter. Un aviso. Por eso se ha abierto a algunos ajustes. Pocas personas le han aconsejado antes en un golpe tan intuitivo. Su amigo Steve Stricker compartió con él alguna opinión en el pasado. Y poco más.

Hasta hace unas semanas. Durante The Players, que este año adelantó su celebración a marzo, Matt Killen lo acompañó en el putting green de Sawgrass El habitual entrenador de Justin Thomas, una de las grandes sensaciones del golf de los últimos años, trata de sumar para Woods sin romper nada.

Rondas con Justin Thomas

La idea partió de Tiger, claro. Nadie osaría ofrecerse para ajustar una obra de arte, su movimiento con el putter. Durante sus rondas de prácticas con Justin Thomas apreció la forma como Killen hacía sus aportaciones.

Mientras Woods y Thomas compartían rondas de prácticas, Killen fue empapándose de más información sobre la mecánica de Tiger en el green. Así que cuando le propuso que le ayudase, tenía ya un camino recorrido. «Conoce muy bien mi swing de putt, mi postura, lo que hago bien y lo que puedo mejorar. Por eso decidimos trabajar juntos y que me ayude», resume Tiger. 

El arte de hacer del golf un espectáculo

Manuel Piñero

El Masters, el más joven de los grand slams, estaba en los años 60 y 70 por detrás del resto: el US Open era el preferido para los americanos, el British para los europeos y el PGA surgía representaba el tercero en discordia. Pero Augusta ha sido el campeonato que mejor ha entendido el golf como un espectáculo moderno, vistoso, original. Por eso cada primavera engancha a un público que va más allá del habitual de golf. Es un show por la preparación del campo y sus rituales; y así ha enganchado al espectador joven. A todos nos encanta. Mi primer favorito, para mojarme, es Rory McIlroy porque está jugando muy bien y lo tiene todo para este campo. Si abrimos la apuesta, también veo entre los principales candidatos a Dustin Jonhson, Justin Rose, Justin Thomas y Louis Oosthuizen. Dos españoles cuentan para mí: Jon Rahm, quien lo tiene todo para ganar en Augusta, pero necesita terminar las últimas vueltas, algo que le está costando; y Sergio García, al que veo francamente bien, con varios torneos recientes entre los 10 o 15 primeros.

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