Paula Medín: «Me motiva pensar que queda poco»

Es el ave fénix del rugbi, coronando con títulos cada recuperación de una grave lesión


Su palmarés impresiona tanto como su expediente médico. Hace una semana consiguió con el CRAT su segundo campeonato de División de Honor. Y con la selección española de XV acaba de firmar su segundo Europeo B, que suma a lo conseguido en seven: Mundial universitario y diploma olímpico. Por el camino, Paula Medín (Cambre, 1984), sufrió cuatro lesiones graves de rodilla y una fractura de peroné.

-Y todo lo que se ha quedado a un paso...

-Bueno, es la ley del deporte.

-De la final contra el INEF se fue directamente junto a Mónica Castelo a la concentración de España en la Blume. Fiesta loca.

-Pues no, ja ja... Todo lo contrario. El domingo por la noche y el lunes estábamos fatal. Chafadas.

-Todas las desventajas del profesionalismo pero ninguna de las ventajas...

-Tampoco es eso. Nos fastidió un montón, pero es lo que hay. Ya te digo que el rugbi compensa, anímicamente, claro, porque económicamente...

-Regresó justo en la final, tras otra grave lesión.

-Buff... estoy harta ya. Intento quitarme el miedo en cada regreso, pero no estaba suelta en la final. Me dio pena no jugarla como yo sé. Por otra parte, me alegro de haberla jugado, porque hace dos meses no podía caminar.

-¿Piensa en las secuelas?

-No mucho. Y, salvo las del cruzado con la posible artritis, las demás lesiones, no tendrán. Pero es que el rugbi me gusta demasiado, ese es el problema. Cuando pienso que ya me queda poco...

-¿Lo piensa?

-Ahora sí. Dos o tres años, creo. Y aún me motiva más.

-¿Qué hará después?

-Disfrutar la vida. Y jugar al ultimate frisbee con mi hermana Lara. Ya fui a un Campeonato de España [plata en el 2018] y estoy encantada. Me dedicaré a eso.

-¿Se ve como entrenadora?

-No lo sé... A veces me apetece desconectar, después de tantos años con tanta exigencia y dedicación. Me apetecen otras cosas.

-Además, practicó otros deportes.

-Me parece súper importante inculcar eso a los niños.

-¿Y por qué rugbi?

-Por el ambiente. Con 16 años, lo que más apreciaba era el buen rollo, más que los valores.

-¿Buen ambiente en una plantilla de 46 jugadoras?

-Aunque hagas minigrupos y haya minirroces, hay buen ambiente. Y, en parte, esa es la labor de las entrenadoras.

-¿Es endogámico el rugbi?

-A veces, porque el nexo de unión es muy fuerte. Pero yo tengo amistades en otros ámbitos, como mis colegas del Sergas. Si no, nos volvemos tarumbas [se ríe] y solo hablamos de rugbi. A veces me digo: «Sé que lo amas, pero ponle freno».

-Su hermana, por ejemplo, además del deporte, colabora en un proyecto de arquitectura solidaria en Guatemala.

-Ese es un claro botón de muestra. Acompañarla es una cuenta pendiente que tengo.

-¿Por qué no lo hizo ya?

-No hice eso, ni muchas otras cosas. No he tenido vacaciones hasta el año pasado.

-¿Y qué planeó?

-Me fui a Mallorca con amigas.

-¿Cómo mantiene una estabilidad profesional así?

-No la mantengo. Y eso que será mi futuro. Tengo mucho que agradecer al Sergas por su flexibilidad. Pero también he tenido que renunciar a muchos contratos por el rugbi.

-¿No le decían nada en casa?

-Lo típico, mi madre me soltaba indirectas. Pero ahora ya no me dicen nada.

-¿Qué guarda de cuando aún era Alevín? [su apodo deportivo]

-A Elenita, a Helen en el XV; y a Vane, Berta en el seven... la clasificación para los Juegos fue la leche, pero me quedo con las convivencias y las amistades.

-Su arenga en la final ya es un hito.

-Se grita para que te respeten y te quieran escuchar. Sin querer, te dejas llevar y te desmotivas. Yo intento no dejarme llevar. Estoy muy metida en los partidos.

-¿Por qué Fisioterapia y no INEF?

-Buff, tema delicado. Quizás debería haber hecho INEF. Fisioterapia es una profesión muy gratificante cuando hay resultados y ayudas a la gente, pero muy dura, física y mentalmente, porque exige mucho al propio cuerpo y además puedes llegar a sentirte inútil. La gente no lo ve. Tampoco quiero que se piense que me paso el día quejándome. La clave es el compromiso y la intensidad con la que se vive.

-¿Qué recuerdo guarda de cuando jugó en Francia unos meses?

-Que la intensidad del juego era increíble y nadie iba al gimnasio. No sabían ni agarrar una pesa. Pero tenían un rugbi dentro increíble.

-¿Mejoró el rugbi femenino?

-En el aspecto material estamos igual que siempre, pero a veces no lo veo tan negro. Se fijan más en nosotras y se va generando negocio. Se mejora la competición...

En corto

El rugbi absorbe casi por completo la vida de Paula Medín. Las cuentas pendientes son demasiadas.

-¿A dónde le gustaría viajar?

-A Nueva Zelanda, a ver a Shaan Waru [exjugadora del CRAT]. Si nos clasificamos para el Mundial de dentro de dos años, precisamente en Nueva Zelanda, acudir sería un broche de oro genial.

-¿Qué viaje guarda con cariño?

-Es que odio el avión porque quedé muy quemada de los larguísimos viajes con la selección de seven. Decenas de horas de desplazamiento para jugar apenas dos días.

-¿Cocina?

-Me encanta. Hago mi propio pan, con las harinas que me gustan, y mi yogur, muy sano. Cuando me lesiono, me entrego a la cocina. Además, me gusta comer. Soy la que más como.

-¿Alguna serie?

-Soy muy dejada porque entré en una rutina de no tener tiempo libre, o utilizarlo para estar con la familia. No me tomo la molestia de buscar, pero me dejo aconsejar. De todos modos, mi terapia contra el bajón es Friends.

-¿Bricolaje?

-Soy muy patosa. Me compré muebles para la casa y me llevó toda una vida montarlos. Y siempre acabo pensando... «¿qué voy a hacer, que vivo sola?».

-¿Cuántos partidos de rugbi ha visto?

-Si te refieres a élite internacional, ninguno en vivo. Nos quedábamos a ver los de las selecciones después de nuestros campeonatos, pero a nivel de clubes nunca me dio por ir a ninguno.

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