Somos un oasis en el desierto


Hubo muchas similitudes entre las dos finales ganadas. Ser favoritas es un arma de doble filo, porque el peor enemigo eres tú misma, haciéndote perder confianza. Parecía que sucedería en la segunda parte, pero se rehicieron como en el resto de la temporada. Quizás en nuestra final hubo más necesidad, pero en esta había una buena dosis de presión. Me alegro por el cuerpo técnico, porque no lo disfrutas. Le dije a Elena Roca: «Disfrútalo porque no lo vas a hacer y hasta dentro de un mes no lo saborearás». Te asaltan todos los miedos y preocupaciones. Las jugadores están en tal estado de tensión máxima que magnifican todo y gestionar eso es muy ingrato. Y yo diría que más complicado que en profesionales, por los egos. Pero Elena Roca y Pablo Artime hicieron un gran trabajo en este sentido, creando equipo. Y ganar en un año de transición crea una base para el futuro del club. La grandeza del título la da el rival. INEF en rugbi es sinónimo de respeto. Tanto como el título, la victoria que más saboreé como entrenador fue la primera de esta temporada en el campo del INEF. Supo rehacerse tras pasarlo mal, con María Ribera como entrenadora-jugadora y llegando a la final contra todo pronóstico. Y no se rindió nunca. Celebró el subcampeonato como si hubiesen ganado. Ese ambiente es genial, digno de mención. El palmarés te va respaldando. Y, si lo piensas fríamente, el CRAT es un oasis en el medio del desierto.

Rogelio Sabio entrenaba al CRAT cuando fue campeón en el 2015 y ahora prepara la melé y la delantera

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