El accidente de un utillero pone contra las cuerdas al Arousa

El club se enfrenta a cuantiosas indemnizaciones e incluso penas de cárcel para su presidente por la escalofriante caída que Bello sufrió en el 2015


La fortuna parece haberse olvidado del Arousa Sociedad Cultural. Hace nueve temporadas, cuando Manuel Abalo se hizo cargo de su presidencia, el club arrastraba una deuda de un cuarto de millón de euros. La gestión de Abalo no solo consiguió rescatar al histórico equipo de Vilagarcía del pozo. Le imprimió también un superávit que hizo acariciar a su directiva la posibilidad de dotarse de su propia villa deportiva, una suerte de ciudad deportiva adaptada a las características de un club de Tercera con maneras y aspiraciones de Segunda B. Las consecuencias del escalofriante accidente que hace cuatro años sufrió José Mauel García Bello, el utillero, amenazan ahora con exprimir de nuevo sus cuentas.

De hecho, el Arousa ha desembolsado ya una cantidad cercana a los doscientos mil euros en concepto de sanciones a la Seguridad Social e indemnizaciones para Pepe el utillero, que es como se conoce a este hombre en la capital arousana. No se agota ahí el asunto, puesto que un juzgado de lo social acaba de decretar un recargo económico que se traducirá en miles de euros, y tanto el club como el Concello de Vilagarcía y la Fundación de Servizos Deportivos Municipais se arriesgan al pago de cifras que oscilan entre los 140.000 euros (indemnización que solicita la Fiscalía) y los 300.000 euros (cantidad que reclama la defensa de José Manuel García Bello), en una vista oral que el juzgado número 2 de Vilagarcía está a punto de abrir. Para colmo de males, en el mismo proceso el ministerio fiscal pide para el presidente dos años de cárcel (tres la acusación particular) por un delito contra el derecho de los trabajadores y otro de lesiones imprudentes.

El riesgo de buscar balones

El origen de tanta calamidad se remonta al 9 de abril del 2015. Pepe el utillero se encontraba en el campo municipal de A Lomba. Se dirigió a un operario del Concello, que lo ayudó, a través de una plataforma, a ascender hasta la cubierta de una de las gradas del estadio. Se acercaba el final de la temporada y el hombre, como tantas otras veces, se disponía a recoger los balones perdidos allá arriba. Una temeridad, a la vista del estado de las planchas de fibrocemento que componen la techumbre, que ni son precisamente estables ni se encontraban en su mejor momento. García Bello camina a lo largo de una de las viguetas cuando tropieza y echa un pie a la uralita. Todo se viene abajo, arrastrándolo a una caída de seis metros sobre una bancada escalonada de hormigón.

Para haberse matado. Pero, dentro de lo que cabe, Pepe el utillero tiene suerte. Puede contarlo. Tras 229 días de recuperación según una sentencia anterior, aunque según su abogada fueron 849, el hombre sufre dolor y artrosis postraumáticos, limitaciones muy graves de movilidad en la muñeca derecha, pérdida de destreza y fuerza para la aprehensión con la mano derecha, limitación global de movilidad en un 50 % de la cadera derecha y pérdida de fragmento óseo, que probablemente conduzcan a una prótesis, y cicatrices de 9 a 19 centímetros en la cabeza, la muñeca derecha y una cadera. Cuando el herido acude a los tribunales surge la clave de todo este asunto. El Arousa argumenta que se trata de un directivo, pero el Juzgado de lo social número 3 de Pontevedra concluye que existía una relación laboral. Ahí comienza la pesadilla legal y las sentencias en cadena que continúan acechando a un club fundado en 1945, que llegó a militar en Segunda. La sociedad ha firmado una póliza para ir cubriendo los pagos y, de momento, va capeando el temporal. El tiempo y los juzgados dirán cómo sale de esta.

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