El sueño de ascender en Riazor a los 18 años: «Cada vez vamos a más»

Nuria Rábano es futbolista del Deportivo Abanca e internacional en las inferiores de la Selección


Redacción

Cuando Nuria Rábano nació, el Deportivo preparaba en Vilalba una temporada que terminaría como campeón de Liga. El fútbol pertenecía entonces a una sola mitad. Diecinueve años después, Nuria viste de blanquiazul y sueña con ascender en Riazor. «Ya hemos jugado allí y no se nos ha dado mal. Sería una buena oportunidad», sonríe la futbolista. Esa ocasión podría ser el ascenso a la Liga Iberdrola, la máxima categoría del fútbol femenino que marcó su hito más reciente en un San Mamés lleno, con 45.000 espectadores. A las dos semanas, las jugadoras del Athletic volvían a Lezama ante mil aficionados, pero para la joven santiaguesa fue parte de la revolución que vive su deporte: «No son cosas puntuales, cada vez vamos a más».

Ella lo está viviendo. Hace historia al ser parte del primer club gallego profesional, viene de disputar la final del Mundial sub-20 y fue campeona hace dos años del Europeo sub-19. Los triunfos de la Selección «ayudan», pero también el trabajo que hacen ella o Tere Abelleira, compañera en el Dépor y también internacional en las inferiores. «Nosotras tenemos a nuestras referentes y creo que también lo somos para las niñas que vienen detrás», asegura.

El gran símbolo para ella es Vero Boquete. La gallega ha vuelto a Estados Unidos después de un periplo por Suecia, Alemania, Francia y China que empezó en el 2011, cuando dejó España por no conseguir ser profesional. «Soy un poco más reservada, pero si veo que aquí no puedo, también me acabaría arriesgando a salir», reconoce la extremo.

Ahí tiene uno de los abismos que las separan de ellos. «Las cosas siguen mal en ese sentido. Nosotras tenemos que dejar atrás la familia y a amigos. Es cierto que vas a conocer nuevos lugares y gente que te acompañará, pero ellos tienen cerca su vida», explica. En el fútbol moderno de hoy, el aficionado eleva a ídolos a jugadores que pasan su vida en el mismo club. Las futbolistas no lo tienen a su alcance. «Lo normal es que ellos no tengan por qué cambiar y no necesitan otro empleo, pero seguro que algún día seremos iguales en eso», confía.

Otra de esas diferencias está en la conciliación. Iago Aspas fue padre y horas después marcaba tres goles. En el fútbol femenino, Nuria sabe de compañeras que no volvieron tras ser madres. «También conozco a otras jugadoras que tienen hijos y se recuperaron para volver al fútbol. Es cuestión del valor, fuerza y posibilidades de cada una», responde.

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