Ana Peleteiro, la gallega que sabe volar

Después de asombrar en categoría júnior y de pagar una dura travesía en el desierto, Ana Peleteiro se cuelga su primer oro internacional con un récord de España para enmarcar


la voz

Arrasó hasta categoría júnior, se estancó y estuvo a punto de dejarlo todo, pero fue rescatada a tiempo para impulsarse hasta la corte mundial del triple salto. Es la historia de Ana Peleteiro (Ribeira, diciembre de 1995), que llegó al atletismo de la mano de María José Martínez Patiño y Carlos Aldán en su pueblo natal, que fue moldeada de inicio en la Atlética Barbanza y que en el corazón de La Alcarria ha encontrado su lugar en el mundo. Allí, ha madurado en lo personal y ha terminado de pulirse de la mano de Iván Pedroso, algo más que su entrenador para convertirse en la mañana del primer domingo de marzo en campeona de Europa de triple salto con récord de España incluido con una marca de primer nivel mundial como los 14,73 metros.

Peleteiro asombró desde pequeñita. Batió las plusmarcas españolas cadete, juvenil, júnior y promesa, y, por encima, con 16 años se convirtió en campeona del mundo júnior con un salto de 14,17 metros en Barcelona. «Tenéis una joya, esta chica es la bomba», comentóel que fuera director deportivo de la selección española, Ramón Cid. Porque en aquel verano del 2014 todo indicaba que Ana Peleteiro se iba a comer el mundo. No solo ganaba, sino que exhibía una técnica depurada para su edad, un gen competitivo que le había acompañado durante toda su vida y una puesta en escena natural innata. Hubo incluso quien vaticinó que acabaría saltando por encima de los 15 metros, palabras mayores.

Pero entonces llegaron los cambios y los problemas. Ana Peleteiro se mudó a Madrid en el 2013 para residir en la Blume y entrenar con Juan Carlos Álvarez, con su segunda participación en un Mundial júnior en el horizonte. Pero en Eugene, en la cuna del atletismo americano, recibió el primer bofetón en forma de decepción. Se quedó en 13,71 metros y tuvo que conformarse con el sexto puesto. Hubo quien pensó entonces que la gallega era una más en la lista de campeonas del mundo júnior que desaparecían cuando se hacían mayores. Una teoría que alimentó aún más su paso por Lisboa, a donde se mudó en la primavera del 2016 pensando en los Juegos de Río, a los que renunció por unas molestias físicas.

La aventura portuguesa duró poco. Ahí tocó fondo. Consciente de que se había desviado del pasillo, meses después se puso en manos de Iván Pedroso y se fue a vivir a Guadalajara. Y en La Alcarria la vida ha demostrado ser maravillosa para ella, aunque los entrenamientos sean espartanos. Nada que no pueda superar con un grupo de entrenamiento tan colosal en la pista como familiar en la calle.

Y eso que nada más llegar Pedroso le dio un ultimátum: seis meses para demostrarle que había regresado del lado oscuro. En la primera temporada a las órdenes del cubano puso su vida en orden, comenzó a sufrir y volvió a su mejor versión; y en la segunda, está dando todo un recital. El bronce en el Mundial en pista de Birmingham, el tercer puesto de Berlín y habituarse a estar siempre por encima de los 14 metros. Y en la tercera, recién estrenada, llegó el momento de recoger todo lo sembrado para acabar con un récord de España que tenía doce años de vigencia y que estamos en manos de Carlota Castrejana. Lo hizo por nueve centímetros y después de estar parada durante un mes por una inflamación en el tendón que la puso contra las cuerdas. Pedroso le dijo a Ana Peleteiro que confiara en su trabajo invernal y ella sacó a pasear su gen competitivo, el que nunca le abandonó, en Glasgow para colgarse un oro reluciente para el atletismo gallego.

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