Carlos Padín, veinticinco años regalando pases

El centrocampista del Flavia, sigue en activo a los 44 años y trabaja en una fábrica de aluminios, no falta a un entrenamiento y conserva la ilusión de cuando debutó, en el 93


la voz

Carlos Padín tenía 19 años cuando se estrenó en Tercera con el Arousa, en septiembre del 93, en peno apogeo Xacobeo. Y sigue al pie del cañón, camino de los 45, enrolado en el conjunto padronés del Flavia, en Primera Autonómica. Está en la lucha por el ascenso a Preferente, la única categoría en la que no ha jugado nunca. Porque llegó a debutar en Primera, con el Deportivo. Y también ha defendido los colores del Pontevedra, Fabril, Racing de Ferrol, Lleida, Logroñés, Ourense, Ordes, Boiro y Cordeiro.

Los números, que son más prosaicos que las propias letras, dicen que suma sobre la cancha, sin contar partidos de Copa ni amistosos, 57.658 minutos. Le faltan solo 35 horas para llegar al umbral de mil. Tomando como referencia que un futbolista recorre una media de unos diez kilómetros por partido, a Padín le saldrían unos 6.400, casi la distancia entre Madrid y Chicago.

En su caso, probablemente serán menos porque siempre se ha significado por ajustarse al perfil de un diez, con calidad para el pase, de los que saben cómo hacer que el balón corra. Era su seña de identidad cuando despuntaba como juvenil y sigue siéndolo ahora, cuando a su lado tiene futbolistas que podrían ser sus hijos. No son pocos los delanteros que han firmado sus mejores registros goleadores cuando tenían a Padín a sus espaldas.

Trabaja en una fábrica de aluminios, por turnos, de 6 a 14 horas o de 14 a 22. Cuando le toca el horario de tarde, se pierde parte del entrenamiento. Pero no falla a la cita. No hay secretos para explicar tal longevidad deportiva. «Gústame. As lesións vanme respectando, non tiven ningunha grave. Gústame a rutina dos domingos, comer, coller a mochila e ir xogar. No verán, cando levas tres ou catro fins de semana de praia, xa botas de menos algún partido». Son palabras de Carlos Padín, que va año a año, sin plantearse cuando llegará la retirada: «O ano pasado xoguei todos os partidos menos un. Este levo participado en todos. Mentres estea ben, seguirei».

A su pareja no le gustaba el fútbol, pero ha acabado por encontrarle el punto. Quizás fue la solución más inteligente, y más ahora, con fines de semana en los que a veces le tocan tres partidos: el del hijo más pequeño, de nueve años, también centrocampista; el del mayor, cadete que despunta en el Deportivo; y el del padre, faro en el Flavia.

Para recordar su estreno en el Arousa tendría que buscar «os recortes de prensa». No olvida que un 14 de febrero debutó con el Dépor en Valladolid, en Primera, en el de los «Fran, Mauro, Donato, Naybet, Djalminha... Todos superclase». Los mejores recuerdos están asociados a los ascensos. Pero todo queda en segundo plano detrás del balón, su gran aliado en estos 25 años.

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