A 75km/h en un cuerpo de cristal

Manuel Martínez fue campeón gallego de descenso pese a su hemofilia y compite a nivel internacional con el dinero que gana como corredor de Bolsa

El espectacular descenso de Manuel en el monte Neda nevado En Xunqueira de Espadañedo, Manuel Martínez Cortiñas

Cuando sus competidores conocen su enfermedad solo pueden asombrarse. Manuel Martínez Cortiñas (Salceda de Caselas, 1996) desafía a su hemofilia en cada prueba de descenso en bicicleta. Lo hace ya en categoría élite tras proclamarse campeón gallego sub-23 en el 2017. Ese mismo año obtuvo una más que meritoria duodécima plaza en el Campeonato de España absoluto, entre casi 300 corredores.

Manuel Martínez, en lo más alto del podio del campeonato gallego de descenso sub-23
Manuel Martínez, en lo más alto del podio del campeonato gallego de descenso sub-23

El año pasado no pudo competir, su cuerpo lo dejó en la cuneta. «Cada caída tiene para mí consecuencias mucho peores que para cualquier otra persona». Ha tenido ya dos graves, ambas con roturas musculares: una en el tendón de aquiles y otra en el cuádriceps de su pierna derecha. «Me provocaron hemorragias y me obligaron a estar mucho tiempo parado. Con una tardé siete meses en recuperarme y con la otra, ocho». Cada lesión implica más tiempo de hospitalización y de reposo posterior que para un compañero sano. Dice que intenta asumir pocos riesgos y que ha aprendido a reaccionar si se ve solo ante una caída.

Su enfermedad le exige un control constante. «Tengo que pincharme en vena tres veces por semana para que me ayude a mantener el nivel de coagulación de la sangre». Manuel es un habitual de las reuniones de la asociación gallega de hemofílicos. «Tenemos congresos a menudo para informarnos de novedades en los tratamientos, que pueden ayudarnos a mejorar nuestra calidad de vida». Pese al riesgo, no quiere ponerse freno.

Manuel, a la izquierda de la imagen, durante una reunión de la Asociación Gallega de Hemofílicos
Manuel, a la izquierda de la imagen, durante una reunión de la Asociación Gallega de Hemofílicos

Un circuito internacional como el de la Copa de Europa en Austria, en el que ya ha participado, implica cuatro minutos volando sobre una bicicleta. «La velocidad máxima que alcanzamos ronda los 75 km/h en algunos tramos y de media podemos bajar a unos 45 km/h. Tengo que ir muy concentrado para no cometer errores». Para ello se entrena unas cuatro horas diarias.

En apenas unos días arrancará la temporada que se extiende hasta el verano con los campeonatos nacionales. «El primer fin de semana de marzo me estrenaré en el Algarve, en una prueba del circuito internacional puntuable para la Copa del Mundo». Completar esa ronda internacional, para lo que se exige alcanzar un alto nivel en las pruebas clasificatorias, es su objetivo para el próximo año. Su deseo es rodar ya con los mejores del planeta. «Quiero dar el salto, disputar la Copa del Mundo al completo».

Manuel desciende el circuito de Pamplihosa da Serra, valedero para la Copa de Portugal Es uno de los torneos en los que participa que tienen proyección internacional

Portugal reparte una buena dosis de opciones para ello. «Todas las pruebas de la Copa portuguesa tienen valor internacional y son puntuables para obtener el pase». En verano llegará el Campeonato de España en élite. «Quiero estar entre los cinco mejores esta vez. Voy a dar lo máximo de mí». Manuel no quiere límites.

Gana «un buen sueldo» como corredor de Bolsa

Hace algo más de cuatro años, en el 2014, que Manuel comenzó a competir oficialmente. Su aficion por la bicicleta nació frente a la pequeña pantalla. «De niño veía un programa en la tele en la que salían bicicletas de montaña. Me llamaban mucho la atención y empecé a probar en cuestas de mi pueblo, en pequeños repechos. Por mi enfermedad, no podía caerme como los demás niños. Tenía siempre a mis padres o a mis amigos pendientes de mí». Y es que a sus progenitores, lo arriesgado de su apuesta, les produjo inquietud. «Al principio estaban muy asustados, lo veían un deporte muy peligroso para mí. Ahora se han acostumbrado, saben que es mi vida e intento ser responsable».

A sus 22 años compatibiliza su trayectoria deportiva con la carrera de Telecomunicaciones en la Universidad de Vigo. Pero no solo. Lleva casi un año y medio dedicándose a las finanzas. «Trabajo como corredor de Bolsa desde casa. Tengo mis pantallas y desde allí administro mis cuentas. Empezó siendo un hobbie y ahora me puedo mantener gracias a ello. Tengo poca experiencia pero me saco un buen sueldo. Es un dinero que me viene muy bien para los gastos que tengo». Aunque las inversiones le siguen dando alegrías, pretende completar sus estudios. «Tampoco me veo viviendo exclusivamente de esto. Me obliga a estar pendiente todo el tiempo de los beneficios y a veces hay malas rachas. Genera una preocupación constante». Parte del dinero que gana en Bolsa lo invierte en el descenso. «Es un deporte caro. Para tener una buena bicicleta, protecciones, equipaciones. Los componentes se rompen y los traslados aunque los haga de forma muy modesta, durmiendo en una furgoneta o en una tienda de campaña, suponen un gasto bastante grande», admite.

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