Las uñas del gato


El palo, como la zanahoria, es un incentivo de forma variada. Stalin, por ejemplo, le dio el aspecto de la orden 227, que obligaba a disparar sobre el compañero que se batía en retirada. Enfrentando al enemigo crecían las posibilidades de supervivencia. Ese mismo miedo que atenaza resulta en ocasiones un fenomenal vigorizante. Es el hombre del saco de un niño rebelde o el José Mourinho de un jugador blanco en las vacas flacas. Perdió el Real Madrid 0-3 con el CSKA y Florentino agitó a lo lejos (la prensa inglesa propagó la noticia) la bandera del portugués, oteada por Ramos desde la concentración del Mundialito en Abu Dabi: «Llevamos cinco años sin Mou y lo hemos ganado todo». En el palmarés estaba la llaga, porque el técnico de Setúbal solo levantó una Liga, una Copa y una Supercopa en tres temporadas.

Defraudó (también) al aficionado merengue, pero salpicó de hitos la faena. Hundió a Pedro León, se encaramó a Callejón y animalizó a Benzema. «Hablaba de gatos y perros en la prensa. Y la verdad es que si era alguien al que respetaba, en ese momento se me fue la olla», admitió años más tarde el ariete. Confesó haberse quejado al entrenador, molesto por el papel felino atribuido en la comparación con Higuaín. Benzema los sobrevivió a los dos, a Mourinho y al Pipita. Ha sobrevivido a Cristiano, para el que el Madrid no fichó reemplazo. Karim ya manda en el frente de ataque. Sus desmarques pueden ser por fin en beneficio propio y no para engrosar la cuenta de CR7. 18 tantos acumula este curso el francés; 209 (uno más que Hugo Sánchez) en su currículo de blanco. Encadena seis en cuatro partidos, convertido en indiscutible referente para Solari. El talento cristaliza. Salen las uñas, con el mismo miedo que eriza el pelo.

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