Una novela sin fin


Debate casi infinito. Jóvenes y no tanto enzarzan discusiones para encontrar al mejor cinco de la historia en la NBA. En la eterna comparación entre generaciones y décadas, ruge este quinteto dorado de los Warriors: Curry, Thompson, Green, Durant y Cousins. ¿Son mejores que los Bulls de Jordan? ¿Lucen más que los púrpura de Magic? ¿Quién sabe de los Celtics de los 60?

La recuperación de Cousins ofrece un carrusel de oportunidades a Steve Kerr. La propia opinión del técnico de los Warriors podría darnos una lectura diferente. Porque el rubio tirador de aquellos Bulls de Jordan en los noventa está inmerso en esas dos plantillas. Los Warriors han recuperado números de mucho tiempo pasado. Alcanzan los 140 puntos por partido. Y la barrera de los 100 es acto chupado.

Sus capacidades de anotación son infinitas. Y esos días de total inspiración de Thompson y Curry producen alergia en los rivales. En capacidad ofensiva, estos Warriors son una máquina de producción de máximo rendimiento. Es decir, si basáramos elegir el mejor quinteto de la historia en números frente al aro rival, ellos son una oda al objetivo básico del baloncesto, que no es otro que meter canasta.

Pero claro está que este deporte no se basa solo en anotar. El rol defensivo tiene un elemento crucial en el éxito de los equipos. Por ahí, podrían entrar aquellos Detroit Pistons de IsaiahThomas. Los eternos Bad Boys. Partidos de durísima capacidad física que en estos momentos estarían muy penalizados. Indicaba el otro día Rick Pitino, el técnico del Panathinaikos, que la mayor diferencia que observaba entre la Euroliga y la NBA es el contacto permitido por los árbitros. Lo cual dirigía sus palabras a las reuniones donde los influencers de la liga americana decidieron hace años el rumbo de la competición: ofrecer espectáculo al que paga. Mejores índices de televisión y más publicidad. Dinero, al fin y al cabo.

Los Lakers de Magic con Byron Scott, James Worthy, AC Green y Abdul Jabbar crearon el showtime. Era un lujo para la vista aquel equipo. Seis veces ganaron el anillo bajo la brújula de Pat Riley. Cada partido era magia. Para repartir mandanga tenían a Kurt Rambis, que a los iniciados en ese mundo nos parecía un Stallone convertido en Rocky cada vez que aparecía por la cancha. Sonaban castañas sin parangón.

Pero hay algo que siempre marca ese ideal quinteto de la NBA, que exista un rival con glamour. No se entienden los Lakers sin los Celtics de Larry Bird, como sucedía a los Warriors frente a Cleveland... hasta que LeBron se fue a Los Ángeles. Si piensas en Chicago y aquel three-peat, Lakers, Portland y Phoenix fueron sus rivales. Osado por mi parte sería opinar de los Celtics de los 60, con nueve títulos con Red Aurbach en los banquillos y un tal Bill Russell desde la pintura. Aunque ya soy mayor, no tanto....

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