Sara Álvarez peregrina por un rival

Tras dos lesiones graves y cuatro años retirada, la lucense se entrena en tres ciudades distintas para curtirse con hombres de su peso y optar a los Juegos


redacción / La voz

«Impossible is nothing» es el lema que ha acompañado a la yudoca Sara Álvarez (Lugo, 1990) a lo largo de su carrera deportiva. Una trayectoria marcada por dos graves lesiones en la rodilla que a punto estuvieron de apartarla definitivamente del tatami pero no de su vinculación a este deporte. «Seguí dando clase en un gimnasio y en varios colegios para seguir ligada al yudo», explica, aunque sabía que su lugar estaba compitiendo.

Una luxación completa de rodilla y una segunda rotura de ligamentos cruzados en la misma pierna le supusieron dos grandes baches cuando estaba en su mejor momento, pero no renunció ni al deporte ni a competir. Durante los cuatro años que estuvo apartada del yudo probó suerte en el lanzamiento de peso, «por seguir vinculada al deporte», gracias a la cirujana que la operó, Luisa Ibáñez. Llegó a quedar segunda en varios campeonatos gallegos, pero el yudo seguía siendo su vocación.

En enero del 2017 decidió volver a vestirse el kimono «con la idea de competir y pasármelo bien». «Como practicaba atletismo, estaba bien físicamente», aunque fue en el Judo Avilés, donde entrenaba, cuando el gusanillo de la competición volvió a entrarle, «pero solo en el campeonato nacional». Su empeño le llevó a conseguir el oro en el Nacional en más de 78 kilos hace ahora un mes. Un empujón de éxito que le hizo plantearse metas más ambiciosas. «La Federación Española me vio bien, empecé a participar en competiciones internacionales, fueron saliendo las cosas, y tomamos la decisión de apostar por todo». Esa apuesta se llama Tokio 2020.

Para Sara Álvarez no hay reto fácil. Cada semana se sumerge en una auténtica odisea de entrenamientos para intentar (por tercera vez) acudir a los Juegos Olímpicos. «A la tercera va la vencida», asegura entre risas una deportista que irradia optimismo y fuerza de voluntad. Los lunes, miércoles y viernes entrena en el club Judo Lugo, los martes viaja a A Coruña y los jueves trabaja en Avilés, siempre junto a su entrenador, Iván Carballeira. El motivo no es otro que entrenarse con gente de su peso, hombres siempre porque no hay mujeres con las que pueda prepararse. «A nivel nacional apenas hay chicas de mi peso, así que tengo que hacerlo con chicos y por eso intentamos movernos donde tenga nivel de entrenamiento suficiente», afirma.

El hecho de trabajar con chicos supone una exigencia mayor para la deportista lucense, puesto que la habilidad y rapidez en pesos pesados es mayor en hombres que en mujeres. Sara entrena con yudocas mucho más ágiles que ella, lo que por un lado le obliga a un nivel de exigencia superior, pero también la prepara mejor de cara a los combates. La Copa del Mundo de Madrid, los Juegos del Mediterráneo, la Copa del Mundo de Glasgow, donde quedó tercera, o la Copa de Europa de Málaga, donde fue segunda, son algunas de las pruebas internacionales en las que ya ha participado en su regreso a la primera línea. Puntuables para los Juegos Olímpicos, el reto de conseguir una plaza entre las 18 mejores del mundo no es para nada imposible. Al contrario, la yudoca lucense ocupa el puesto número 30 del ránking olímpico y su objetivo es ir a por todas. El problema, como en muchos otros deportistas, es la financiación para acudir a campeonatos. «La Federación Española solo va a apostar por los que están entre el 1 y el 34 del ránking mundial, y yo, al llevar tanto tiempo fuera, estoy en el puesto 90 ahora mismo. No van a contar conmigo de momento, entonces nos lo estamos financiando como podemos».

Ya está inmersa en el World Tour puntuable para Tokio 2020. «La idea es intentar participar en un campeonato al mes. Ahora en Tel Aviv, en febrero iremos a Düsseldorf y, si todo va bien, en marzo a Marrakech». Para ello buscan un patrocinador que les permita poder participar sin aprietos y hacer realidad el sueño de Sara.

Inteligente, tenaz y muy trabajadora

Iván Carballeira

Sara siempre pelea por lo que quiere. El yudo se lo puso difícil con las lesiones, pero ella peleó por sus metas, y ahora ha vuelto a por todas. Intentó regresar, quedó campeona de España, se volvió a lesionar y en ese momento decidió estudiar y centrarse un poco. En los cuatro años que estuvo desconectada de la competición, la cabeza se ordenó y, cuando es así, las cosas salen mucho mejor. Me pidió volver y le dije que para eso había que entrenar muy duro para ver cómo respondía la pierna. La normativa había cambiado, los combates ahora son mucho más rápidos y ágiles, y eso implica estar mejor físicamente. Ahora debes tratar de llevar la iniciativa todo el rato y en el momento en el que no la llevas te penalizan. Pero Sara tiene un poder de adaptación increíble y en muy pocos combates comenzó a evolucionar.

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