España, a tirones en el Mundial

La derrota ante Croacia obliga a la selección a ganar a Francia esta tarde para seguir pensando en medalla


La primera fase del Mundial ya es historia. Se fueron destilando sabores y matices que no traen buenos presagios respecto del producto final. A nivel global se ha confirmado la sensación apriorística de desequilibrio competitivo entre los grupos. El A y B acaparaban la mayor parte del potencial (Alemania, Croacia, Rusia, Francia y España, entre otros) mientras en el C y D Suecia y Dinamarca se desgastaban lo mínimo y pasaban a la main round sin un arañazo. Los condicionantes del sorteo inicial marcados por la IHF y los organizadores hicieron de él un simulacro de la original aleatoriedad o de los méritos previos. La cercanía fue el principal factor, para vender muchas entradas. Así se explica que España jugase el jueves casi en suelo croata, dejando a daneses y suecos a escasos metros de sus casas. Todo sea por el espectáculo, que necesita gradas llenas para hacer atractivo el producto para las operadoras televisivas. El impertérrito y longevo presidente de la IHF, Hassán Moustafá, que lleva casi 20 años en el puesto, sabe mucho de esto.

El «chupigol» y el juego pasivo

Centrándonos en lo que sucede en el 40x20, tampoco estamos los amantes de este deporte para muchas alegrías. No será la primera vez que nos declaremos enemigos del chupigol. Entiéndanme ustedes: el deporte que hace de la portería vacía su mayor virtud. Menudo atentado a la génesis y a la riqueza táctica y estratégica del balonmano. Jugar sin portero es como el dopaje autoinmune de las propias reglas y donde el valor de la acción suprema del juego se reduce a una simpleza insultante. La gestión de las desigualdades numéricas para castigar los excesos defensivos y la protección ante tales hechos han quedado mitigadas por la norma absurda. Parece que el sentir general hará que no dure mucho. Harían bien si aprovechasen la ocasión para acabar con la innecesaria arbitrariedad del juego pasivo, y de paso ponérselo fácil a los árbitros. Todos sabemos que este problema se arregla estableciendo tiempos de posesión, a partir de estudios serios y con método científico.

Altibajos extaños de la selección

La primera fase para España representa una curva quebrada de idas y venidas. Nuestro juego ha tenido altibajos y desapariciones inexplicables. A veces recordaba esos motores con fallos eléctricos constantes. De repente jugamos a un alto nivel y otras veces con una falta de claridad y tensión alarmantes. Los mejores ejemplos son los partidos contra Japón y Macedonia. Croacia era la cita en rojo en nuestro calendario. Debido al empate entre franceses y alemanes, ganar significaba tener una bala en la recámara para la segunda ronda. No nos merecimos esa opción, ya que, al igual que en el Europeo del 2018 ante Eslovenia, no fue nuestro día debido, sin lugar a dudas, al buen hacer croata. Es fácil analizar los números cuantitativamente, pero cualitativamente su dirección de partido fue certera; su definición en 6 y 9 metros, impecable; y su bloque central en defensa, la muralla china para los nuestros. Sin apenas profundidad y con dureza e intensidad permitidas en exceso, hicieron retroceder a nuestro juego sinfónico, donde la aportación de extremos y pivotes es vital. La fase defensiva la conseguimos igualar, pero fallamos demasiado sobre el área de 6 metros para tener opciones reales de victoria. Se ha dado mucho pábulo al reparto de minutos en función de unas posibles semifinales, pero me hubiese gustado más una dirección de partido propia de una final. Nos hemos quedado sin margen de error.

Equipo más que individualidades

Nos esperan tres grandes selecciones, pero no debemos mirar mucho más allá de Francia (Teledeporte, hoy, 18.00). Debemos resarcirnos y motivarnos con la reciente victoria sobre ellos en el Europeo. Los argumentos tácticos no han variado y seguro que tras analizar la cita ante Croacia nos esperan cerrados y esperando la misma suerte. El partido será igualado y se decidirá por detalles en los últimos instantes. Necesitamos la mejor versión en fase defensiva para sumar goles en fáciles contrataques y aumentar al máximo nuestra eficacia en distancias cortas. Nosotros somos equipo y no individualidades, con una filosofía muy establecida y que no tiene versión B. Esperemos que nuestro motor no gripe.

Juan J. Fernández es profesor Facultade de Ciencias do Deporte (UDC)

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