O Bruxo Torrado, unas manos de leyenda

Presente en cinco Juegos Olímpicos, el sábado recibe, a sus 83 años, un homenaje a su trayectoria


Pontevedra

El centro de recuperación de José Luis Torrado es un santuario donde su leyenda sigue viva. Cientos de fotos, otros tantos recuerdos y reconocimientos hablan sin palabras de unas manos por las que han pasado grandes deportistas, políticos y medallistas olímpicos. Al fondo de las instalaciones está su zulo, como él le llama. El resumen de su vida llena unas paredes en las que él se pierde a diario. «Mira, ahí tengo una medalla de un campeón de Europa, me la regaló cuando lo curé», señala Torrado, al que no le convence mucho ese apelativo de O Bruxo, que le puso el jugador de la selección de baloncesto Emiliano Rodríguez. «Le curé una rotura y no lo tuvieron que operar, en una entrevista dijo que era un brujo», recuerda el recuperador. Esta anécdota es el reflejo de la trayectoria de un hombre que fue recuperador deportivo de la selección española de atletismo, de la de baloncesto con Díaz Miguel o de la de boxeo, además de estar en las filas del OAR de Ferrol, el Zaragoza, el Clesa de Vilagarcía o el Breogán. Y sobre todo, fue un imprescindible en cinco Juegos gracias a sus manos y a sus hierbas.

A sus 83 años y después de 15 retirado, el Comité Olímpico Español lo homenajeará este sábado en Pontevedra. Muchos de esos deportistas que trató a lo largo de 50 años de carrera estarán en el Teatro Principal para arroparlo. «De Ferrol iremos jugadores de su etapa en el OAR, además del entrenador, directivos y el médico. Él instauró una forma de preparación física, era un fenómeno en ese campo y en la recuperación. De tres semanas de lesión, él te las reducía a una», recuerda Miguel Loureiro, ex capitán del OAR desde los setenta, que sobre todo resalta que «si a nivel técnico era magnifico, en lo personal era el doble».

Esta letanía se repite en cada uno de los que pasaron por sus manos. Aún hoy, futbolistas como Irazusta vienen una vez al mes desde Barcelona para ponerse en sus manos. «Estaré con él el sábado, en Zaragoza hizo un trabajo extraordinario cuando era preparador del primer equipo y del filial». El ex presidente de la Gimnástica, Ramón Touza, siempre estuvo cerca de él: «Me curó el talón de Aquiles en una semana. Es un fuera de serie». Torrado presume de que podría pasar por los cinco continentes quedándose en casas de amigos. Le gusta echar la vista atrás y viaja a México 68. «Los atletas dijeron que si yo no iba, ellos no competían. Y en los tres meses que estuvimos allí atendí a deportistas de todas las nacionalidades», recuerda. Tanto es así, que en el 2017 recibió un reconocimiento del comité olímpico mexicano. Ahora le toca al español.

En su santuario guarda decenas de libros con su historia. Le gusta recordar esa vida y se enfada al encender la televisión: «Me desespera ver deportistas tanto tiempo parados por una rotura de fibras». Todavía mima a Iván Raña. Su relación es profesional, pero sobre todo personal. «Le enseñé a correr y lo trato. Fíjate la figura que es y nunca estuvo cinco días sin entrenar», señala al mismo tiempo que matiza: «Nunca he pretendido estar en contra de la medicina». O Bruxo lo es porque con sus manos hace magia en un santuario que lo mantiene vivo y al que acude cada día para recordar quién es. 

«Conmigo nadie tuvo una rotura de fibras»

Torrado fue autodidacta. Lo que sabe lo aprendió viajando mucho y leyendo, encontró en la naturopatía un camino por el que comenzó a andar y en el que sigue décadas después. «Todo está en la medicina ancestral, existe desde que nació el hombre», señala el recuperador, que empezó a interesarse por ese mundo desde muy joven. Trabajaba, cuidaba a su padre paralítico y de vez en cuando lo llamaban de la selección española.

Poco a poco pasaba más tiempo curando pacientes y su pasión por el atletismo ?llegó a ser campeón de España de 400 metros? se reconducía. Por sus manos pasaron deportistas, toreros, políticos y con mucha frecuencia Manuel Fraga. «Conmigo nadie tuvo una rotura de fibras y después algunos como Mourinho tienen 22 en una plantilla como la del Madrid», comenta Torrado, que ahora ayuda a sus hijas en el centro de recuperación que tiene en Pontevedra. «Son mucho mejores, me han superado», reconoce este apasionado de la naturopatía y de la cocina, para el que no hay mayor felicidad que «ver a un hombre llorando con 28 años y pensando que no va a poder competir y recuperarlo». 

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