Iván Raña: «Me cansa el postureo del triatlón»

Estudiaba con libros «de décima mano», tiene una conexión especial con el Bruxo Torrado y, sobre todo, sigue su instinto


Iván Raña empieza el año en Lanzarote, su otra casa. Pisa ese suelo volcánico, tan distinto al verde que rodea Ordes, y que tanto le gusta también. Dieciséis años después de proclamarse campeón del mundo de triatlón, uno de los más grandes del deporte gallego habla ya de vuelta de casi todo. Aunque lo que le saca de quicio es todo lo superfluo que ahora rodea su deporte. Nadar, pedalear y correr, sobre todo en distancias largas, era antes una pasión de locos, pero ahora es todo un negocio. Volcado en el ironman, compite poco, y se enciende cuando alguien le da por medio retirado. «El hecho de que dos gallegos fuésemos al ironman de Hawái pasa muy desapercibido. Me habla gente que no sabe de esto y me dice ‘«¿tú sigues compitiendo?»’ «‘¡Que si sigo compitiendo!’» Y me digo, «a ver cómo le digo yo a este lo que se vive en Kona».

-Lleva seis ironmans en Hawái. ¿Se ve llegando a los 10?

-No lo sé. Porque, para empezar, ahora tienes que ganar una carrera o hacer un podio para clasificarte. Es más selectivo aún poder ir. En el futuro me gustaría hacer los ironman que me vayan mejor a mí. Yo ya voy al terreno de los rodadores, y me motiva que miren para mí, «a dónde irá ese tan pequeño?». Y, cuando paso a alguno de esos, ¡lo disfruto tanto! Me gustaría verlos en otras pruebas con subidas y bajadas.

-Sigue entrenando bastante a su aire, cambiando de grupos.

-Sí, sigo solo. Tengo colegas con los que salgo por etapas. Siempre saco buenas conclusiones de los comentarios que me hacen.

-Está en la élite de un deporte súper exigente, pero no tiene entrenador fijo, salvo en momentos puntuales.

-Entrenador, no. José Rioseco me echa un cable en la piscina de Santiago. Y O Bruxo Torrado también me ayudó a entender lo que es la técnica de carrera, cómo hay que correr una maratón. Al final tú tienes que saber leer quién te da buenos consejos. Muchos se dejan llevar por colorines o gorras y al final hay un señor que se llama Torrado, que estuvo toda la vida corriendo a pie, que estuvo en los Juegos de Roma 1960, que estaba esperando en la meta cuando ganó el maratón Abebe Bikila... Te cuenta historias de todo tipo del pasado y al final el cuerpo humano no ha cambiado tanto. Correr un maratón se corre igual que hace 50 años, aunque las marcas vayan bajando por el entrenamiento más fino. Pero el sentimiento del atleta, el dolor, el cansancio, es muy parecido. También la técnica. Torrado me ha enseñado bastante y, aunque no he tenido muchas lesiones, siempre que le voy a ver, me cura.

-Tienen una curiosa conexión, porque Torrado tiene 83 años.

-Sí. Torrado no hace caso de las modas ni del postureo de hoy en día, y es muy atento. Mi manera de ver el deporte es esa, y por eso me gusta el ironman. El triatlón, si te digo la verdad, me cansa un poco. Ahora hay una cantidad de gente que hace triatlón y hay muchos no se lo toman como nosotros, que queríamos entrenar todo el día con pasión. Ahora hay más postureo, y me cansa el postureo del triatlón. Lo ves en las redes sociales, la gorra para atrás, todo adorno... Y esa gente al final está lloviendo y no sale a entrenar. Ese triatlón a mí no me gusta, sino el auténtico. Estar en Hawái en el kilómetro 30 de la maratón es brutal. En el briefing uno te mira en plan gallo, otro al final se pone a andar de rodillas porque va apajarado... Esa es la esencia de verdad, y Torrado va más por ese estilo de persona.

-¿Es ahora más feliz que nunca?

-Hubo momentos. Cuando gané el Mundial era el primer momento en que podía ser profesional del triatlón, tenía mi beca, tenía el patrocinio de Central Lechera y de Spiuk, cuatro o cinco marcas que me permitían ser triatleta profesional. No era mucho, pero me pagaba mi coche, mi casa y vivía de lo que ganaba. Yo venía de un pueblo pequeño, iba al colegio con libros a los que le faltaban 20 páginas porque eran de décima mano, llevaba pantalones heredados de mi hermano mayor, las zapatillas... De repente te dan a ti la bicicleta, compras tu coche, pagas tu comida... Yo me sentía muy lleno. Me creía que era millonario y no lo era para nada (ríe). Por eso fueron unos años muy bonitos, quizá de los que más. Ahora estoy disfrutando el deporte y el entrenamiento como en esa época, pero haciendo más kilómetros y sabiendo bien lo que quiero, donde quiero acabar.

La carrera deportiva de Iván Raña no ha seguido una línea recta. Se ha dejado llevar por el instinto. Como cuando intentó hacerse un sitio en el pelotón profesional. Como cuando se presenta a un rali. Con experiencia en carreras del campeonato de España y del gallego, el primer español campeón del mundo de triatlón se apuntaría a varias pruebas internacionales. «Me gustaría correr un rali de tierra tipo México o Grecia. Mónaco me parece ya excesivamente complicado. Barcelona, que es mixto, con asfalto y tierra, también está bien», repasa. 

Así es la vida del «hombre de hierro» El triatleta gallego Iván Raña, campeón del mundo en 2002, revela en un documental sus miedos y motivaciones.

-¿Sigue haciendo locuras?

-Sí. Si no, no sería yo, pero controlo un poco más. Al principio del 2018 corrí el rali de A Coruña con mis hermanos con un coche que pillamos en Canarias, viajé en un barco toda la noche con él, me esperaron mis hermanos en Huelva, subimos toda la noche hablando... Vivir eso con tus hermanos es la leche. Otro te toma por loco si te ve corriendo ralis, a toda hostia por una pista, pero no saben. Ahí detrás hay mucho más que simplemente un calentón de ir a correr una carrera o a derrapar con el coche, hay pasión de verdad, y lo vives con tus hermanos y es la leche. Estás ahí y, si se meten conmigo, mi hermano el mayor muerde. y vivir eso es brutal.

-¿Ha coincidido en carrera con Santiago Cañizares, otro deportista de fuera «infiltrado» en los ralis?

-No. Otros dirán de mí que no tengo ni idea. Cañizares se expone a que le critiquen, corre un rali porque le gusta y ya está. Ayuda a que las carreras suenen más, todo suma. 

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JORGE CASANOVA

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No parece Iván Raña (Ordes, 1979), un tipo al que le guste perder el tiempo. Hablador y vitalista, una charla con el campeón es como un pequeño curso acelerado de buenas ideas para vivir mejor. Da la impresión de que Iván ha encontrado la fórmula de divertirse en la vida.

-Acaba de regresar del Ironman de Hawai, ¿cómo le fue?

-Acabé en el puesto 11. Salvamos los muebles. Empecé bien, pero me costó aguantar el tirón. Tenía otras aspiraciones, pero el 11 del mundo no está mal, ¿no?

-Eso del Ironman [3,86 kilómetros nadando, 180 en bicicleta y 42,2 de carrera a pie], ¿no es ya un poco demasiado?

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