CD Lugo, cuando el éxito no da la felicidad

El club vive la mejor etapa de su historia, pero no consigue pasar de 3.500 espectadores en casa ni una estabilidad en el banquillo y puestos directivos


Asentado en Segunda División gracias al trabajo duro de los últimos años, el Lugo no termina de redondear su éxito deportivo con una respuesta social acorde. El club rojiblanco, que visita el domingo Riazor, lleva años volcado en diferentes iniciativas para llenar su estadio, pero a duras penas consigue pasar de las 3.500 almas. No ayuda el baile de responsables que han puesto cara al proyecto de Tino Saqués desde que el empresario se hizo con las riendas del club en verano del 2015.

Masa social

El Ángel Carro solo roza el lleno cuando recibe grandes aficiones. Una de las grandes insatisfacciones rojiblancas de los últimos años es el estancamiento de su masa social. El Lugo se ha convertido en un fijo de Segunda y en las últimas temporadas ha cosechado incluso puestos de mérito en alguno de los tramos de la liga, pero la grada apenas lo nota. El club lleva años reuniendo una media de 3.500 espectadores y solo cuando las grandes aficiones se desplazan es capaz de cruzar esa frontera. Este año solo en tres ocasiones se pudo superar la cifra, contra el Cádiz (3.774), el Oviedo (4.508) y el Sporting de Gijón (5.515).

Bandazos

La directiva no consigue dar continuidad al proyecto por el baile de técnicos. La llegada de Tino Saqués a la presidencia del Lugo abrió un período de inestabilidad en el proyecto rojiblanco. El baile de caras en el cuerpo técnico y cargos de confianza ha desdibujado la idea inicial del empresario lucense al frente de la entidad. Emilio Viqueira es el cuarto director deportivo en poco más de tres años. Antes que él, Toni Otero, Emilio de Dios y Víctor Moreno intentaron manejar la secretaría técnica del Lugo. El vaivén de entrenadores no se ha quedado atrás, Alberto Monteagudo es el sexto técnico que ha desfilado por el banquillo rojiblanco en ese tiempo. Luis Milla presentó su dimisión a los pocos meses; Jose Durán le reemplazó y consiguió una permanencia cómoda, pero fue relegado al filial con la llegada del verano; Luis César y Francisco terminaron su año, pero ninguno quiso quedarse más allá; Javi López fue el primero destituido tras las 11 primeras jornadas de este curso. Con ellos han cambiado también buena parte de los consejeros y cargos de confianza de Saqués.

Resultados

Ha salvado la categoría sin problemas, aunque con bajones en la segunda vuelta. Lo más sorprendente de tanto cambio de nombre en puestos de responsabilidad es que los rojiblancos han estado estos años lejos de pasar apuros en el plano deportivo. Desde que los rojiblancos ascendieron a la Segunda División Nacional, de la mano de Quique Setién, apenas olfatearon los puestos de descenso. Esta campaña ha sido la más titubeante en el arranque y aunque el Lugo no termina de situarse en una zona tranquila, no ha tocado las plazas calientes por el momento. El año pasado consiguió llegar a puestos de ascenso directo en la primera vuelta y con Luis César el equipo cosechó su récord de puntuación en la categoría. La segunda vuelta suele ir ligada a un bajón de rendimiento en el equipo que compite a la vera del Miño. Suele coincidir con el momento en que los rojiblancos sellan la permanencia. En los últimos años también se han visto castigados por la ventana invernal, esquilmados por otros clubes más potentes que terminan arrebatándoles a sus futbolistas más determinantes.

Cinco traspasos ventajosos para las arcas lucenses

Hasta cinco futbolistas que se marcharon del Lugo han engrosado las arcas rojiblancas en estos años. La última operación ventajosa que consiguió firmar el conjunto gallego fue la de Dani Escriche. El punta de Burriana llegó procedente de Castellón, se fogueó en las categorías inferiores y ascendió de forma meteórica hasta Segunda. Su descaro le valió un contrato en Huesca y los rojiblancos se embolsaron 800.000 euros. Ignasi Miquel se marchó del Lugo el invierno pasado rumbo al Málaga, que peleaba por sobrevivir en Primera. Los andaluces pagaron por el central 350.000 euros. Su pareja de baile en el eje de la zaga la campaña anterior, Marcelo Djaló, también engrosó las arcas rojiblancas con su salida. El catalán con nacionalidad guineana se fue al Fulham por 800.000 euros y hoy juega cedido por el club inglés en el Extremadura. Alfonso Pedraza nunca llegó a ser propiedad del Lugo, pero los rojiblancos se beneficiaron del movimiento que hizo mediado el curso 16-17 el Villarreal. Los amarillos quisieron mover a su promesa al Leeds United y dejaron en la caja del Ángel Carro 300.000 euros para conseguirlo. La era Saqués se inauguró con otro nombre propio que redundaría en el bolsillo del club: Álvaro Lemos, la cifra no se llegó a precisar en su día, aunque el Lugo comentó que la cantidad fue de poco menos de un millón de euros.

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