El ayudante gallego de Bielsa

El redondelano Rubén Crespo es el readaptador físico del Leeds, equipo al que el técnico argentino lidera hacia la Premier con una metodología muy particular


El argentino Marcelo Bielsa es quizás uno de los entrenadores más famosos del mundo. Su forma de entender el juego y su metodología de trabajo son seguidas con lupa por infinidad de técnicos que buscan desarrollarse profesionalmente en el mundo del fútbol a partir de su modelo. El rosarino trabaja actualmente en el Leeds United, un histórico del fútbol inglés que se está recuperando de una quiebra económica, y al que está camino de ascender a la Premier (es líder, tras 23 partidos). Y con él está un gallego, Rubén Crespo (Redondela, 1986), encargándose de la readaptación física y además como apoyo en trabajos de preparación física. «Hace cinco años no podría ni haber soñado con trabajar con alguien como él», confiesa.

Todo lo que rodea a Bielsa suele magnificarse, y Crespo lo sabe. «En el fútbol está la persona y el personaje. Y lo que la gente y los medios de comunicación demandan son personajes. Pero después, en las distancias cortas, cuando trabajas todos los días mano a mano con él, tratas con la persona, el personaje desaparece. Ya no es Marcelo Bielsa. Es Marcelo, el míster. Y puedo decir que es una gran persona», explica el gallego.

«[A Marcelo] le gustan que las cosas estén bien al cien por cien. No le vale con que estén al 95. Si se puede, ¿por qué no? Es exigente en todos los detalles, que luego va trasladando al entrenamiento diario y al diseño de las tareas. Es todo así. Buscar la perfección a través de cada mínimo detalle», agrega.

El redondelano forma parte de un equipo de trabajo, en el que destaca también la presencia de una figura atípica en el fútbol, el velador de valores. «Marcelo trabaja con un staff, en el que cuenta con una persona, parecida a la figura del psicólogo, pero que no hace esa función, sino que él es un transmisor de valores. Una persona que se encarga de que el jugador se dé cuenta de dónde está y de que no se pierda de la realidad por el contexto de que todo el mundo los admire y que cuida de que los futbolistas no se consideren más grandes que cualquier otra persona. Ese transmisor de valores, por medio de Marcelo, plantea diferentes actividades para que ellos sean conscientes de que también son personas. Pongo un ejemplo. Un día Marcelo llegó al vestuario como cualquier otro y dijo: ‘Esto está todo muy sucio y yo tengo aquí unos guantes y me voy a limpiar la ciudad deportiva porque no me gusta ver esto sucio, así que el que quiera venir puede hacerlo conmigo’. Ahí todo el equipo se levantó y se puso a recoger la basura que había por allí. Actividades como esa ha habido muchas más y ayudan a crear una filosofía de club, unos valores, una unión y una disciplina que a la larga es fundamental. Al final es una forma más de educación, que Marcelo la introduce dentro de su metodología de trabajo», relata.

Pero, ¿cómo un gallego puede llegar a formar parte del equipo de trabajo de uno de los grandes del fútbol mundial? La historia de Rubén Crespo es un ejemplo de superación. «Yo jugaba al fútbol desde pequeñito en el Choco y pasé por diferentes equipos hasta llegar al Bergantiños, en Tercera. Y cuando vi que no me iba a dar para ser profesional, entonces decidí centrarme más en los estudios», relata.

Crespo, un ejemplo de lucha

Los dos principales mentores de Crespo son Eduardo Domínguez y Luis Casais. «En cuarto de carrera, a la hora de pensar en las prácticas, le envié un email a Eduardo, que entonces estaba con Lotina en el Dépor. Yo no lo conocía ni nada, pero vino a dar una charla, se me ocurrió mandarle un correo electrónico y me contestó que sí. Así que empecé un 13 de julio, en el primer día de pretemporada de aquel Dépor [campaña 2009-2010]. Las prácticas eran tres meses, pero al final me quedé hasta mayo. Después, de cara al siguiente curso, Edu me aconsejó hacer un máster en la Universidad de Vigo, en un grupo [HI20] con gente como Juan Solla, Félix Cao, Cristian Fernández, Yago Iglesias, Luis Casais o Carlos Lago. Y aprendí un montón con ellos, compatibilizándolo como podía con el Dépor».

Tras pasar por las categorías inferiores del Celta y por el Pontellas, comenzó a emigrar. «Estuve en el Pontellas, con Jorge Álvarez, con quien luego me fui a Tailandia, al Buriram United [2013-2014], con Alejandro Menéndez. Ese año fue espectacular, una experiencia fantástica, jugamos la Champions League asiática», explica.

«Después de un año sin nada, simplemente dando clases en un curso de entrenador, me salió la opción de irme a Rusia, gracias a Juanjo Vila. A él le salió la opción de irse con Karpin al Torpedo Armavir [2015-2016] y me llamó. Dije que sí al momento. Y estando allí, en Rusia, me salió la opción del Hull. Buscaban un readaptador físico de mi perfil e hice varias entrevistas con ellos, hasta que finalmente me eligieron», agrega.

Fue el momento de la expansión británica. «En el Hull hice todo el primer año de readaptador [2016-2017] y en el segundo [2017-2018] pasé al departamento de la preparación física. El Hull cogió fama de trabajar bien esta parcela y el que era mi jefe y yo acabamos fichando aquí, en el Leeds. En mi caso, como readaptador, pero también con funciones de preparador físico», dice.

Ahora, con 32 años, empieza a cumplir su sueño. «Tenía muy claro desde el principio que quería dedicarme a esto y por eso estaba decidido a irme donde fuera. Es mi pasión y tenía que ir adonde fuera para desarrollarla. Salieron esas opciones, pero yo mandé a currículos a todos lados. A Libia, a Congo... Es importante salir de la zona de confort. Mejor coger a un equipo profesional de Rumanía, que un equipo de Preferente, a la hora de hacer currículo y de coger experiencia», aconseja.

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