La Voz

La planificación de un campeonato de surf de talla mundial en la zona de Illa Pancha en Ribadeo ha destapado el interés en Galicia por una modalidad de surf con gran arraigo en otras latitudes: el surf de olas grandes. Pero ¿es posible practicarlo en aguas de la comunidad gallega? Galicia tiene un enorme potencial en olas de gran tamaño, es decir, las consideradas a partir de los cinco o seis metros de altura (aunque en Galicia es clave la fuerza).

Los spots donde los surfistas que se inician (o los que ya aman este deporte desde hace tiempo) van desde la mencionada Illa Pancha, hasta Santa María de Oia, pasando por la Machacona (Burela), Cabo Ortegal, islas Miranda (ría de Ares), O Portiño (A Coruña), la Tóxica (Sabón), la Tremosa (Corme) y Muxía.

«Es como otro deporte diferente, que requiere una preparación física más dura y específica y un material adaptado», asegura Pablo Montero, que se inicia en olas como las de Illa Pancha o la Costa da Morte, o en Hawái. «Galicia está muy expuesta y cuando hay alerta naranja, o haces esas olas, o no puedes salir», añade.

Vicente Irisarri es un pionero de este deporte en Galicia. Fue coordinador general del Pantín Classic durante dieciocho años y llegó a estudiar las olas grandes en la comunidad cruzando los datos que poseía Fomento desde 1994. «La zona donde más marejadas y energía de olas hay en España es el noroeste de Galicia, pero se deben dar las condiciones de viento y marejada para que sean olas surfeables», concluye antes de advertir: «Bravuconadas, las justas, porque pueden arruinar el prestigio de algo incipiente que puede ser muy interesante y transformar la costa en ese punto. No nos engañemos, aquí no hay olas gigantes como la de Nazaré, donde hay un cañón que la acelera, se divide en dos y además puede juntarse con la siguiente y el rebote, lo que multiplica la altura».

Explica que los primeros en surfear las olas grandes en Galicia (moda adquirida de Hawái, Sudáfrica y Australia) fueron foráneos, y recomienda realizar los campeonatos solo bajo condiciones óptimas, como sucede en grandes citas como la de Waimea (Hawái), «para dar prestigio al certamen».

«Sitios hay. Y más que habrá. Esto apenas está empezando. Falta por ver dónde rompen. Por ejemplo, las que hay a cuatro millas de los acantilados de Ortegal requieren una infraestructura importante. Los surfistas van en barcos o motos, graban con drones, si hay una prueba sería para verla en streaming...», argumenta Irisarri.

«Coger una ola grande significa años de preparación (con apnea, por ejemplo), meses de espera (sentir temblores ante el pronóstico), días de ansiedad (sin saber si vendrán o no las olas), minutos de terror (sobre la tabla) y segundos de gloria (al fin)», concluye.

Eric Rebiere es uno de los especialistas actuales. «Estuve en la Costa da Morte y Corme, me queda Ortigueira, pero Illa Pancha es la que surfeé con más calidad. No hay arrecifes o roca volcánica, sino piedras sueltas, es muy grande y acaba en una zona segura, al revés que en Nazaré», resume. Vicente Romero apunta: «No practico el surf de olas grandes para evitar lesiones, pero está creciendo mucho. Me encantaría probar, pero hay que estar muy preparado e ir con dos personas de confianza reforzando la seguridad. Es muy peligroso».

Surfeando olas gigantes en un lugar secreto de Galicia Siete surfistas gallegos fueron grabados practicando este deporte en un punto de la costa coruñesa en plena alerta naranja por temporal en el mar

«Hay mucho trabajo detrás»

Bruno Novoa, al frente de Jet Galicia, es uno de los que mejor conoce la Costa da Morte en lo relacionado con olas de gran tamaño. «La Tremosa tiene mucha calidad y todas las dificultades juntas. Verla desde la costa es complicado, porque está a 900 metros», explica. Utiliza cartografía náutica cruzada con la propia experiencia para predecir. «Pero no sabemos la calidad», apunta. «Hay mucho trabajo detrás de olas que apenas rompen dos o tres veces al año», pone en valor, mientras destaca «la ola clásica de remada de Oia, de las primeras gigantes que se surfearon en Galicia, por australianos».

Juan Fernández, discípulo de Eric Rebiere, se ayudó de la moto para coger una en O Portiño, manejando las corrientes. «La infraestructura provoca que necesites patrocinio para surfear estas olas que son inexploradas por los gallegos», reclama. «El norte de Lugo tiene mucho potencial», avanza. Carlos Bremón es otro experimentado surfista que repasa las olas mencionadas y añade: «A la Tremosa la ves romper y hace años dirías: ‘Es imposible’; la Tóxica es peligrosa y fuerte, pero no por su tamaño; y en Cabo Silleiro hay unos islotes rocosos interesantes; la Machacona es noble, pero no muy cómoda». «Es una modalidad muy selecta, técnica y científica. De diez mil que somos en Galicia, se meterán quince. El chaleco y el invento son claves. En pleno revoltijo solo ves oscuridad», explica.

Juan Fernández sobre las olas El surfista desafía el mar

Gony Zubizarreta nunca surfeó olas grandes en Galicia. «No me gustan gigantes, en el circuito mundial no las hay, pero pueden atraer a gente por un espectáculo que no existe ahora en Galicia y para el que se requiere preparación psicológica». Jaji Iglesias cree que «sería bueno para el surf, pero hay que ser osado».

Medición de las olas

El tamaño de las olas siempre ha sido cuestión de debate entre los surfistas. «Hasta mediados del siglo pasado, eran los marineros los que medían las olas desde sus barcos. Por eso sucedían dos cosas, que no había registros de olas gigantes porque se quedaban en puerto los días de temporal; y que las estimaciones a partir de doce metros no eran nada fiables», explica Vicente Irisarri.

Ahora, la medición es precisa, gracias al sistema de información en tiempo real procedentes de las boyas y buques oceanográficos del Estado. Así se puede, no solo medir, sino situar exactamente con respecto a la orilla. Desde el punto de vista del surf, las olas se miden de dos maneras: siguiendo los parámetros de las agencias de meteorología (es decir, medir la cara en el momento anterior al que va a romper) o por la espalda, como los hawaianos. «Porque una cosa es lo que mide la ola y otra su tamaño en el momento de romper, que puede ser mayor o menor, en función de la orografía, corrientes y otros factores», matiza Irisarri.

Por esta razón, es necesario saber que las boyas envían constantemente información a Puertos del Estado, enriquecida con la que aportan los buques oceanográficos referente a las olas más alejadas de la costa.

Atendiendo a la escala de Douglas, en tierra se cruzan los datos para hacer una media (altura significativa), que puede ser incluso la mitad de la altura máxima registrada (la más alta del período analizado). Así, hasta el 2009 el récord lo tenía una ola de 26,13 metros en Santander. El 6 de enero del 2014, Cabo Vilán registró una de 27,81 metros (equivalente a un edificio de nueve pisos) y Estaca de Bares, otra de 22,03 metros. 

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Galicia cabalga la ola grande