«El entrenador y el delegado rival han llegado a negarme el saludo»

Tamara Diz, en el Monfero de Segunda Autonómica, y Aroa Otero, en el Moledo de Tercera, son las únicas preparadoras en el fútbol aficionado masculino gallego


La estela que comenzó a pintar el Soneira apenas ha tenido rebufo. En el 2011, Ana Mouzo (Vimianzo, 1991) se convertía en la primera mujer que dirigía en Galicia a un equipo de aficionados masculino. Fue en el grupo cuarto de Tercera Autonómica y así lo dejó certificado el Colegio de Entrenadores. Siete temporadas después su legado es mínimo.

«Es un mundo de hombres y suponen que de esto saben mucho más que yo. Es muy complicado». Tamara Diz (Pontedeume, 1993) lleva esta campaña la batuta del Monfero, en Segunda Autonómica. Aroa Otero (Las Palmas, 1997) dirige al Moledo en la Tercera. «El fútbol es el deporte más machista, en el que más les cuesta asumir a una mujer». Son las únicas entre los más de 500 equipos que militan en el fútbol aficionado gallego.

«¿Tú qué haces aquí? ¿Tres chicos en el banquillo y diriges tú?», son desprecios a los que se enfrentan  

Tamara cursó INEF y se había sacado el primer nivel técnico como preparadora. Acudía regularmente a ver los partidos del Monfero. «No tenían entrenador, preparaban ellos solos las sesiones y pensaron que podría echarles una mano. Me preguntaron si estaría dispuesta a completar la formación para ejercer y les dije que sí». Está cursando el segundo nivel -el exigido en la categoría- en un grupo de 15 aspirantes del que solo dos son mujeres. «Sigue habiendo mucho miedo al qué dirán», añade Aroa. En su caso, para formalizarlo, solo tuvo una compañera entre veinte. Una grave lesión la apartó hace dos años cuando jugaba en el Valladares y le hizo plantearse la apuesta por los banquillos. Como Tamara, empezó con niños. Y en su caso, colaborando con el equipo técnico del Moledo la pasada campaña.

«Este año me ofrecieron el reto. La mayoría de jugadores son mayores que yo, pero he tenido su apoyo y el del club. Los que no juegan se mosquean, es normal, pero no les oyes un comentario machista», añade Aroa.

Las cosas son menos sencillas cuando salen a competir. «Ves malos gestos, malas caras, desprecios: ¿Tú qué haces aquí? A la gente más veterana es a la que más le suele costar. ¿Hay tres chicos en el banquillo y diriges tú al equipo?, me han dicho». Esos tres chicos completan su equipo de trabajo. «Solo puedo agradecerles todo lo que me ayudan». Ellos se encargan de entrar al vestuario para ver si los futbolistas están preparados antes de que ella lo haga para dar la charla técnica.

«Ya me ha pasado que no me salude el entrenador y el delegado del otro equipo», lamenta Tamara. «Vienen a mi banquillo y saludan a todos los que están sentados a mi lado menos a mí. En ese momento he pensado ¿qué hago yo aquí?». El desagradable incidente se ha repetido en dos ocasiones en lo que va de liga. «Negarme la mano es ya una cuestión de educación».

Tamara no se plantea un futuro profesional. «Lo hice más por ayudar al equipo en un momento de necesidad que porque piense que voy a vivir de esto». Aroa quiere intentarlo. «Me gustaría llegar un poco más arriba». Ninguna ve a un mujer en la élite: «Ahora mismo es imposible».

Sólo el 12?% de los equipos femeninos en los diez deportes mayoritarios están dirigidos por ellas

Si se revisan al detalle los diez deportes considerados más relevantes en nuestro país en su variante femenina, por nivel de clubes y número de licencias, el panorama para las mujeres en los banquillos se torna desalentador. El Consejo Superior de Deportes ha elaborado recientemente un informe detallado sobre los equipos que militan en las máximas categorías femeninas de fútbol, fútbol sala, baloncesto, balonmano, waterpolo, voleibol, rugbi, hockey hierba, hockey patines y hockey hielo. El resultado es elocuente. Solo 15 de los 122 equipos -apenas el 12 %- cuentan actualmente con una mujer al frente.

Cuatro disciplinas a cero

El rugbi es el que mejor porcentaje presenta, con tres en los ocho banquillos disponibles. Son cuatro en baloncesto, aunque el ratio es menor ya que compiten 14 conjuntos. Si nos fijamos en el fútbol, son solo dos -Rayo y Betis- en 16 banquillos; en fútbol sala solo hay una mujer entre 16 equipos y en waterpolo son dos en una liga en la que participan diez conjuntos. Más desalentador resulta si ponemos la lupa en el voleibol, o en cualquiera de las tres variantes de hockey: todos los equipos femeninos que compiten en la máxima categoría están actualmente dirigidos por hombres.

Una única seleccionadora

La situación, lejos de mejorar, se antoja todavía más desoladora si tomamos referencias de los diez combinados nacionales femeninos en esas diez disciplinas deportivas. Clàudia Pons, en fútbol sala, es la única mujer que ocupa el banquillo. Las otras nueve selecciones tienen a día de hoy a un hombre al frente.  

Banquillos prohibidos a las mujeres

Pablo Carballo

Solo un puñado de entrenadoras se abren paso a duras penas al frente de los clubes gallegos, que en pleno siglo XXI todavía parecen mayoritariamente reservados para los varones

Gregg Popovich hizo temblar los cimientos de la NBA con una decisión sin precedentes: convertir a una mujer en la primera entrenadora asistente. Becky Hammon asumió el puesto en los Spurs en medio de un debate del que llegó a participar Pau Gasol. «Claro que Hammon puede entrenar». Todas las reticencias venían por su condición de mujer. A este lado del charco, la réplica la dio el Fuenlabrada: Anna Montañana seguía los pasos de Hammon, algo inédito en ACB. Carme Lluveras había colaborado con Scariolo en Unicaja, en el 2005, sin que oficialmente se le reconociese ese papel.

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