Banquillos prohibidos a las mujeres

Solo un puñado de entrenadoras se abren paso a duras penas al frente de los clubes gallegos, que en pleno siglo XXI todavía parecen mayoritariamente reservados para los varones

Gregg Popovich hizo temblar los cimientos de la NBA con una decisión sin precedentes: convertir a una mujer en la primera entrenadora asistente. Becky Hammon asumió el puesto en los Spurs en medio de un debate del que llegó a participar Pau Gasol. «Claro que Hammon puede entrenar». Todas las reticencias venían por su condición de mujer. A este lado del charco, la réplica la dio el Fuenlabrada: Anna Montañana seguía los pasos de Hammon, algo inédito en ACB. Carme Lluveras había colaborado con Scariolo en Unicaja, en el 2005, sin que oficialmente se le reconociese ese papel.

No hay una sola entrenadora en el baloncesto masculino de élite que ejerza como primera. Es más, en el femenino, la tasa se limita a cuatro de catorce: dos vascas, una catalana y una gallega: Sandra Prieto en el Baxi Ferrol. Y de rebote. «Había entrenado a todas las categorías. Cortaron al técnico y de un domingo para un lunes me dicen que me ponga yo». Profesora de profesión y con experiencia en el baloncesto masculino, completó su formación en Zaragoza entre 150 aspirantes. Solo ocho eran mujeres. «No me planteo ser madre, pero en mi vida no podría caber un hijo. Hay que renunciar a muchas cosas y además de prepararse estar dispuesta a asumir un riesgo». A ella le viene de serie. Su padre entrenó a O Parrulo. Precisamente, otra excepción en esto de darle la alternativa a una mujer. Pilar Costa, tras una década de escuela, ejerce allí como segunda de Diego Ríos. Es la única en la élite del fútbol sala masculino.

«El fútbol y el fútbol sala son los deportes más machistas que hay y está muy lejos el día en el que cambie», Pilar Costa, segunda entrenadora de O Parrulo

«Si hubiese sido un chico, la oportunidad me hubiese llegado mucho antes. Me siento halagada, pero solo hasta cierto punto», reconoce. Cubrió su expediente técnico en Burela. «No había más mujeres que yo. Y mira en los banquillos. En Primera masculina, nadie. En Segunda masculina, ninguna chica. En Segunda B, tampoco. En tercera, por los banquillos que he pasado, solo yo», lamenta. Y no ve cerca un giro de tendencia. «El fútbol y el fútbol sala son los deportes más machistas que hay, y está muy lejos el día en el que eso cambie. Por ahora el papel de la mujer se reduce a la psicóloga deportiva, la delegada o la fisioterapeuta».

El Deportivo da el primer paso

Lucía Otero forma tándem para dirigir al Dépor Genuine, su equipo de integración. «Soy la primera que ejerce como entrenadora en el club». Lo compagina con un equipo benjamín, el Tordoia, y con su formación. «Estoy sacándome el UEFA A y en mi grupo soy la única chica. Me gustaría intentar hacerme una carrera y llegar lo más lejos que pueda». En el proyecto, junto a ella, colaboran dos jugadoras del equipo femenino: Ali y Alba Merino. «Siempre he tenido chicos al frente de mis equipos. La única excepción fue María Vargas en mi primera etapa en el Atlético de Madrid», recita Alba. Vargas es la directora deportiva de la sección femenina del Atlético. Con el Levante, el único club de la Liga Iberdrola en el que fichan mujeres. El Rayo y el Betis las tienen en los banquillos.

El rugbi, con mejor aceptación

Se atisba cierta apertura en el rugbi, que cuenta con el mejor ratio de mujeres en los banquillos. «Aquí los valores son otros, si una jugadora puede entrenar y está capacitada, no va a dejar de hacerlo por ser mujer». Quien habla, sabe lo que dice. Y ha visto la evolución. Elena Roca, técnica del Crat, fue la primera jugadora seleccionada para ir al equipo nacional. «Iba a formarme entre veinte chicos, pero yo no me paraba a pensar en eso, ni tampoco creía que estuviera rompiendo ningún molde», confiesa. «En lo que ves la discriminación es en cómo se reparten las oportunidades. En los deportes minoritarios todavía es más complicado. Sabes que aún llegando no vas a vivir de esto, que vas a ganar algo irrisorio y lo tienes que hacer por pasión». Si algo no les ha faltado, es pasión.

Natalia de Francisco, pionera en el Celta: «Sueño con llegar a Primera»

Es ourensana y ha logrado lo que ninguna mujer había conseguido en 95 años de historia celeste. Natalia de Francisco es, desde esta temporada, entrenadora de uno de sus equipos base, el Infantil B. «Son todo chicos, excepto yo. Estoy acostumbrada a hacerme valer entre hombres. También empecé jugando con chicos». Nati compagina ambos roles. Sigue ejerciendo como futbolista en el Atlántida de Matamá de Vigo. Antes pasó por El Olivo y llegó a tener su oportunidad en la élite. Los banquillos ya le llamaban. «Mi padre era entrenador y me lo metió en las venas desde pequeñita. Con 18 años empecé en categorías base. Cuando me marché a Extremadura seguí dirigiendo allí a un equipo femenino».

Ya de regreso, el Celta contactó con ella el año pasado para integrarla en las Escuelas de fútbol base. Su primer cometido fueron los campus de verano que organiza el club. Ya entonces pudo dar el salto, pero ella misma lo frenó. «Me ofrecieron coger un equipo, pero les dije que no, que prefería seguir formándome y fijarme bien en el sistema de trabajo que tiene el Celta con las categorías inferiores». La temporada se consumió y este último verano desde el club volvieron a la carga. El director de cantera y el coordinador de fútbol base -Carlos Hugo García Bayón y Álex Otero- quisieron reunirse con ella. Esta vez Nati les dijo que sí. Lleva tres meses en el cargo. «La primera semana notaba que los chicos estaban como probándome, viendo la capacidad que podía tener yo para enseñarles. A la siguiente semana, hasta ellos mismos me dijeron que estaban sorprendidos de todo lo que estaban aprendiendo. Hablo mucho con ellos. La base para que funcione es sentirse querido, pasa como en la misma vida». El equipo marcha líder destacado en su categoría.

«No tenemos las mismas facilidades que los hombres, ni las mismas oportunidades, pero si trabajas, puedes aspirar a todo. Mi sueño sería entrenar a un equipo en Primera División. De momento no lo tengo ahí, pero lo pienso en un futuro». 

«El entrenador y el delegado rival han llegado a negarme el saludo»

Pablo Carballo

Tamara Diz, en el Monfero de Segunda Autonómica, y Aroa Otero, en el Moledo de Tercera, son las únicas preparadoras en el fútbol aficionado masculino gallego

La estela que comenzó a pintar el Soneira apenas ha tenido rebufo. En el 2011, Ana Mouzo (Vimianzo, 1991) se convertía en la primera mujer que dirigía en Galicia a un equipo de aficionados masculino. Fue en el grupo cuarto de Tercera Autonómica y así lo dejó certificado el Colegio de Entrenadores. Siete temporadas después su legado es mínimo.

«Es un mundo de hombres y suponen que de esto saben mucho más que yo. Es muy complicado». Tamara Diz (Pontedeume, 1993) lleva esta campaña la batuta del Monfero, en Segunda Autonómica. Aroa Otero (Las Palmas, 1997) dirige al Moledo en la Tercera. «El fútbol es el deporte más machista, en el que más les cuesta asumir a una mujer». Son las únicas entre los más de 500 equipos que militan en el fútbol aficionado gallego.

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