Nacho Llovet: «El juego de Moncho tiene su qué»

Ser aplicado en las aulas y en el parqué le ha valido para sacar una ingeniería y llegar a la selección


El deporte de élite es compatible con la universidad o con poder poner sobre el tapete de las conversaciones cualquier asunto. Llovet, ducho con el balón y la palabra, lo puede constatar.

- ¿Cómo se consigue hacer una ingeniería y a la par competir en la ACB?

- Con 18 años no tenía nada claro poder llegar a ser profesional en el baloncesto. Lo que sí tenía claro es que una ingeniería podría facilitarme el futuro laboral. Cuando la empecé estaba en el Prat, equipo vinculado del Joventut. Me lo tomé muy en serio el primer año. Al siguiente jugué algunos partidos con el primer equipo en la ACB y falté más a clase. Mi planteamiento en ese momento fue: tengo la oportunidad de ser profesional del baloncesto, no la puedo dejar escapar, es un sueño. Sin mis amigos, que me pasaban apuntes y me ayudaban en todo, hubiese sido imposible acabar la carrera.

- ¿Les compensaba con entradas para la Penya?

- No eran muy aficionados al baloncesto. Ahora lo son más. Siempre les estaré agradecido.

- ¿Qué es más complejo, el baloncesto cuántico de Moncho Fernández o la termodinámica?

- Tiene su qué. El juego de Moncho, sobre todo los primeros dos meses, cuando llegas, es más complicado. Más que por los sistemas, que al final te los aprendes, por el tipo de baloncesto libre, con sus normas y metodologías. Una vez pillas ese sistema de juego libre, te viene automático y no tienes que darle más vueltas. Se convierte en tu manera natural de jugar. Por otro lado, la complejidad de las asignaturas es variable. Y después de dos meses de curso seguía costando.

- ¿Cuál era la más complicada?

- Electromagnetismo me costó mucho. Termodinámica también era de las hueso. Mecánica de segundo tiene fama de ser de las más difíciles. Le pillé el tranquillo y me acabó gustando.

- Y ahora la selección. Consiguen billete para el Mundial y todo apunta a que irán los jugadores de la NBA y la Euroliga. ¿Cómo se lleva esa situación?

- Todos los que estamos aquí en el grupo somos muy conscientes de lo que cuesta entrar en una absoluta si todos los jugadores están disponibles. Si eres consciente de eso y no piensas en estas ventanas como una reivindicación para ganarte el puesto en la absoluta, la selección siempre es una oportunidad, la de competir con esta camiseta. Si lo ves así, lo disfrutas y rindes.

- Esos dos tiros libres que sellaron la clasificación... ¿Cuántas veces los ha visto?

- (Risas) Son casualidades. No estaba siendo mi mejor partido. Sergio [Scariolo] apuesta por mí para la última defensa. Me saca faltando diez segundos. Cambio en el bloqueo directo, me quedo con el pequeño, la defensa va bien, ese triple que no entra y me echo al rebote como si fuera una granada. Al final, la falta, los tiros libres y final feliz.

- También hay vivencias desagradables. ¿Qué queda de aquella baladronada de Carles Durán en la que fue su casa, cuando lo acusó de teatrero?

- He intentado pasar página. Me considero una persona muy práctica. Obviamente, no fue algo agradable de vivir. Pasado está y no vale la pena perder energía y aguantar la tristeza durante el tiempo. Lo importante es que ganamos allí. La Penya se salvó al final, y eso fue una alegría para mí. Ahora ya es otra temporada. Por mi parte he pasado página.

- Si fuera presidente de un equipo, ¿a qué jugador NBA ficharía con los ojos cerrados?

- A LeBron, por su polivalencia y el espíritu competitivo que transmite. Ha sido llegar a Lakers y le han faltado días para decir que está allí para ganar.

- ¿Y en la ACB?

- A Llull, por lo mismo. Fuera de la calidad indiscutible que tiene, está ese carácter competitivo que transmite. Le da igual jugar contra el CSKA o uno de LEB. Va al mil por cien todos los días. Aunque pueda ser MVP de la Euroliga, baja el culo y defiende como el que más.

- Badalona y Compostela, dos plazas de baloncesto.

- De baloncesto por excelencia.

- El obradoirista lo percibe como un referente. ¿Lo siente así?

- Siempre he notado muchísimo cariño por parte de la afición. Mi perfil como jugador, de dejarlo todo en la pista, que es lo que me ha valido para llegar a la ACB, encaja muy bien con el Obradoiro. Agradezco todo ese cariño y espero devolverlo.

- Se me acaba el tiempo y el espacio. ¿Me permite una de política?

- Adelante.

- ¿Qué le dice Vox?

- Es dar pasos atrás en la sociedad actual. Tenemos que ir hacia la empatía, compartir, ponernos en el lugar de los que tenemos al lado en vez de mirarnos el ombligo todo el día. La aparición de Vox, en línea con otros de extrema derecha en Europa, es una mala noticia.

Nacho Llovet, polifacético en sus gustos musicales, se confiesa encantado en Galicia.

- ¿Qué música no puede faltar en su coche, con horas de viaje por delante?.

- Escucho de todo, desde lo más actual, pasando por el reguetón, hasta canciones de rock más antiguas.

- Reguetón... ¿sabría perrear?

- Espero que no me pregunten eso recogiendo un premio.

- ¿Ya es un poco gallego?

- Intento conocer las tradiciones locales. Está claro que la gastronomía la conoce todo el mundo. Es un lujo. Galicia me ha sorprendido por su belleza.

-¿Que parajes le han sorprendido más?

- Más que un paraje, la naturaleza. Tú puedes no ir a ningún sitio en concreto, conducir sin rumbo, y encontrar una playa fantástica o unos acantilados espectaculares.

- ¿Sabe qué es una queimada?

- Sí. No la he probado, y le tengo ganas.

- ¿Y un pailán?

- Eso no. (Pide explicación y responde). Ah, un apirolado, que esta también es expresión gallega (risas).

- ¿Angelina Jolie o Charlize Teron?

- Charlize, soy muy de Charlize.

- ¿Lo de Alba Carrillo [en aquella gala de la Liga Endesa] fue flor de un día o tuvo continuidad?

- No fue ni flor de un día. Fue tontería televisiva pura y dura, entretenimiento y nada más.

- ¿Utiliza la ingeniería para ligar?

- Eso fue una pregunta de Berni. Estamos en lo mismo, en el entretenimiento. Al final, todo el mundo sabe que soy un chico con pareja.

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