Entre Boedo y Madrid


Malditos términos medios. Son escurridizos como gatos salvajes. Hace falta ser un funambulista para no orillarte hacia uno de los extremos. Sucede una y otra vez. Los aficionados de Boca y River se vieron obligados a otear el Bernabéu. Los seguidores de San Lorenzo de Almagro se han pasado décadas apuntando con su mirada hacia un supermercado de Buenos Aires. Así es la vida. Allí estaba su Viejo Gasómetro, una iglesia del fútbol con tribunas de madera que fue el mayor estadio de Argentina. Hay un verso que se repite en decenas de versiones de canciones: volver a Boedo. Los hinchas de San Lorenzo son expertos en adaptar cualquier tema a la grada. Y siempre incluyen el regreso a su Macondo particular, aquello que llaman «tierra santa», el barrio de Boedo. En los setenta, el Gobierno de la dictadura militar obligó al club a vender su campo de fútbol. El pretexto era construir viviendas. La realidad fue que una multinacional acabó levantando un centro comercial. Son cosas que crecen con la naturalidad de una seta en un otoño húmedo. El equipo y su afición tuvieron que peregrinar por distintos terrenos de juego. Fueron exiliados de la pelota y continúan siéndolo, pese a tener un nuevo estadio. Cuando se les pregunta a los fieles del Ciclón qué prefieren, si conquistar otra Libertadores o volver a Boedo, la mayoría asegura que su sueño es regresar. Volver con la frente marchita, sin coronas de laurel. Juegan con una bota en el pasado. Viven en la nostalgia.

Siempre se ambiciona aquello que no se tiene, sobre todo lo que alguna vez se escapó entre los dedos. En tiempos de abundancia, se suele derrochar confundiendo lo extraordinario con lo habitual. Mientras unos hacen donaciones para que el Viejo Gasómetro resucite el mismo lugar en el que lo enterraron, otros reventaron la vuelta de la final de la Libertadores, impidiendo que se jugara en su propio estadio, permitiendo que la historia pasara de largo por delante de su puerta. Entre el sueño de Boedo y esa pesadilla tiene que haber un término medio. Tras la final más larga del mundo, a los de River no debería olvidárseles nunca que les robaron el partido. Se lo robaron tipos como Caverna Godoy y Bolsa de Papa. A ellos habrá que pedirles las cuentas por lo que nunca pudieron vivir otros.

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