Garbiñe Muguruza necesita cambiar

La carta de su antiguo entrenador, hablando de valores cuando rompieron, retumba ahora por las tristes escenas con su técnico


Hace poco más de un año, Garbiñe Muguruza alcanzaba el número 1 del ránking de la WTA, confirmando las expectativas que la situaban entre las principales aspirantes a suceder a Serena Williams en lo más alto de la clasificación del tenis femenino. Con un buen físico y un gran arsenal de golpes ganadores, a la hispanovenezolana no le hizo falta ganar muchos torneos para hacerse con la victoria en dos grand slams, Roland Garros 2016, y Wimbledon 2017. En el 2015, ya había avisado al alcanzar la final del torneo londinense. Sin embargo, cuando más se esperaba de ella, su rendimiento ha caído en picado hasta bajar al puesto 18 de la WTA, consecuencia de sus pobres resultados del 2018, con un solo título, y sin lograr pasar la segunda ronda de ningún grande, a excepción de Roland Garros, donde perdió la semifinal ante Halep.

 Aparte de lesiones y derrotas inesperadas, las desavenencias públicas con su actual técnico, Sam Sumyk, han mostrado ante la televisión una falta de entendimiento, y sobre todo de respeto entre ambos, que hace poco comprensible la continuidad de su relación.

La formación de Garbiñe se desarrolló desde los seis años en la escuela de Luis Bruguera, entrenando en su etapa cadete y júnior con el vigués Alberto López, al que tuve de alumno en la escuela infantil gallega. En el 2010, cuando estaba 330 en el ránking, comenzó a entrenar con Alejo Mancisidor. La relación de cinco años entre ambos acabó tras jugar Garbiñe la final de Wimbledon en el 2015. En una carta de despedida, el técnico vasco, sin una crítica directa hacia su jugadora, mencionaba que sus padres le habían inculcado los valores de la humildad, el respeto y el trabajo, y que las diferencias y esos valores no le permitían creer y seguir en el proyecto. Mancisidor mencionaba tres palabras clave: el trabajo, no solo necesario para que el talento pueda alcanzar la cima, sino también para mantenerse en ella; la humildad, imprescindible para la superación, y el respeto, como norma básica de educación y convivencia.

Tras esa carta de despedida, Garbiñe, de la mano de Sumyk, casado con la exjugadora de origen taiwanés Meilen Tu, y que había trabajado con Azarenka, Zvoraneva y Bouchard, consiguió la victoria en Roland Garros y Wimbledon y alcanzó, aunque de forma breve, el número 1. Pero, pese a estos logros, la trayectoria de Muguruza para nada ha seguido la estela de una jugadora estable, equilibrada y fiable, sino más bien lo contrario. En los últimos tiempos su asistencia a numerosos actos de la vida social no parecen muy compatibles con una seria planificación de trabajo. Y en sus declaraciones a los medios y en su talante en la pista no muestra ni la humildad ni el respeto necesario para sacar todo el partido a su potencial. Curiosamente sus mejores momentos coincidieron con Conchita Martínez en su banco. Presente en Wimbledon 2017, adonde Sumik no pudo ir por problemas familiares, la experiencia de la aragonesa y el buen feeling con Garbiñe le dieron serenidad para jugar su mejor tenis.

 Lo que está claro es que en la relación Sumyk-Garbiñe el respeto se ha perdido hace tiempo, por lo que, ante su ausencia y sin la confianza mutua, es imposible que una relación funcione. Da pena desperdiciar la posibilidad que la WTA ha ofrecido a las jugadoras de contar con el asesoramiento en pista, algo que dignifica y valora la verdadera valía de los entrenadores. Una oportunidad para evitar ser empleados de los jugadores, un estatus en que su autoridad es escasa o nula, o ser sustituidos a capricho de las multinacionales, que cuando se produce algún éxito resonante quieren el control total del jugador.

Que su presencia en pista y sus consejos ayuden a ganar partidos le proporcionará a los entrenadores un valor y una consideración de la que hasta ahora han carecido.

Casos como los de Rafa Nadal y Toni, o en su día Pato Álvarez con Emilio Sánchez Vicario o Tiriac con Guillermo Vilas, son ejemplos de las excepciones en las que los entrenadores ostentaban el mando.

 Volviendo al caso de Garbiñe, por su bien y el del tenis español, confiemos en que acierte en el cambio de rumbo, y recapacite sobre el significado de las palabras, de la carta del entrenador que le ayudó a alcanzar su mejor nivel: humildad, sacrificio, trabajo y respeto.

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