Bale pierde galones en el campo

El galés, apuesta de Florentino como relevo de Cristiano, iguala su peor racha sin marcar y el Bernabéu agota la paciencia al sentirle incapaz de tirar del Madrid


Despedido con pitos cuando salió para dejar paso a Lucas Vázquez en el minuto 70, Gareth Bale volvió a vivir una tarde para el olvido ante el Valladolid. Frente al mismo rival contra el que selló su primer hat trick en el Real Madrid, el 30 de noviembre del 2013, el galés se quedó sin marcar por séptimo encuentro consecutivo de Liga, igualando la racha negativa que firmó entre enero y marzo del 2015. Los silbidos de la parroquia fueron el corolario a una deslucida actuación con tres remates sin tino, 14 pérdidas de balón y la sensación de que dejó escapar una oportunidad de reivindicarse con su nuevo entrenador, que venía de alabar sus virtudes pero también de pedirle mayor consistencia y regularidad, dos cualidades que le son esquivas desde que aterrizó en el Santiago Bernabéu en el verano del 2013 como el fichaje más caro de la historia en Concha Espina, apuesta personal de Florentino Pérez.

Impreciso de nuevo, desconectado en un choque en el que los blancos percutieron más en la primera parte por el costado izquierdo, por el que incursionaban Asensio y Reguilón, que por el derecho en el que se asentaban Odriozola y Bale, al galés no le quedó otra que perseguir con la cabeza los centros laterales que llegaban por vía aérea. Así dispuso de una buena ocasión en el minuto 11 que atajó Masip y de otra en el 35 con un remate forzado que se fue cerca del palo.

Pero el paso de los minutos llevó la impaciencia a la grada y Bale fue el escogido por la hinchada para volcar su frustración. Solari lo cambió por Asensio a la vuelta de vestuarios para que desbordase por la izquierda pero ahí acabó consumiéndose. La pitada que recibió cuando se retiró -como las sufridas por Ramos en varios momentos del partido- evidenció el divorcio con la afición de un futbolista que nunca ha conectado emocionalmente con la parroquia merengue. Lleva mes y medio deambulando en medio de problemas físicos nunca concretados en lesión, sumido en sus tribulaciones e incapaz de portar el estandarte que él mismo reclamó tras convertirse en el héroe de la final de Kiev y que el club le entregó tras la fuga de Cristiano Ronaldo a la Juve.

Con pie y medio fuera del Madrid cuando viajó a Kiev, los astros parecieron luego aliarse con Bale. La marcha de Zidane, que le había retirado su confianza, y el adiós de Cristiano voltearon el panorama para el ex del Tottenham. Su notable inicio de temporada, con cuatro goles en los seis primeros partidos, fueron un espejismo. Tras el buen partido ante el Roma, entró en barrena con el desplome del equipo que acabó con la destitución de Lopetegui. Solista por antonomasia, Bale naufraga dentro de una orquesta de tono monocorde. Precisa emanciparse de sus miedos a las lesiones y liberarse de las desmesuradas expectativas de la directiva. Pese a que su representante sigue proclamando que el 11 ambiciona el Balón de Oro, Bale continúa siendo un verso suelto al que el Bernabéu ve como un extraño. Pero nunca se le puede dar por muerto. Su última resurrección fue en el Olímpico de Kiev.

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