Tito Vázquez: «Traté de vivir el presente»

Nació en Celanova, cumplió 3 años en un barco a América y se hizo tenista. El gallego que capitaneó a Argentina hasta el subcampeonato de la Davis vuelca ahora su vida en una novela autobiográfica

Tito Vázquez, durante una visita a Galicia
Tito Vázquez, durante una visita a Galicia

Redacción

Tito Vázquez (Rabal, Celanova, 1948) nació en Galicia, cumplió los tres años dentro de un barco que llevaba a su familia a América, aprendió a jugar al tenis en el club en el que trabajaba su padre, estudió en UCLA en Los Ángeles y se empapó del ambiente hippie... También fue profesional, capitaneó el equipo argentino de Copa Davis que perdió la final del 2011 ante España, y reunió vivencias como para escribir un libro. Con tres títulos de poesía anteriores, en El ombligo del pulpo (Nuevo Hacer) vuelca, añadiendo las justas dosis de ficción, toda una vida, en la antípodas del cliché actual de deportista sin inquietudes y alejado del mundo.

-Hay dos referentes en su vida, atípicos para un tenista. ¿Qué pensarían Bob Dylan o Jim Morrison de su peripecia vital narrada en El Ombligo del Pulpo?

-Las palabras de Dylan, el trovador mas influyente del siglo XX, fueron la brújula de mi camino. Su poesía simple, profunda, directa con metáforas precisas sin necesidad de oscuros laberintos del lenguaje expresaban los sentimientos del individuo, un fluir con la realidad de lo inmediato. Si en lugar de tenista hubiera sido músico, podría haberlo cruzado en algún momento, pero su huella siempre mantuvo su vigencia ante la improvisación, la soledad y el respeto por las experiencias. Es imposible saber lo que diría Dylan.

-¿Cuánto hay de ficción en su novela autobiográfica?

-El tenis era un medio, pero no el fin. Los nombres y resultados son verídicos, pero el personaje que crece en la novela, a veces, se vuelve independiente y opta por situaciones diferentes. La ficción se la dejo al lector, pero si tengo que calificarla, diría un 40%.

-Es la suya una vida apasionante. Un chico que nace en una aldea de Celanova, cumple tres años en un barco, crece en Palermo como hincha de River, se hace tenista desde la humildad, juega en UCLA y llega a la élite del tenis.

-Sin duda, viajar y abandonar el pasado para un joven que desea conocer el mundo e indagar sus latidos, era una oportunidad única. El tenis me dio esa posibilidad y traté de vivir en el presente con la presencia solidaria de la literatura: mucha filosofía Sufí, Budismo Zen, Krishnamurti, Castaneda, Dylan. El objetivo era crecer, conocerse, aprender a ser pleno a pesar de la soledad, la falta de dinero o los desengaños.

-Su vida, su libro, transita por la transformación del tenis, de un deporte romántico a un espectáculo global. ¿Le duele la mercantilización del juego?

-Me siento afortunado de haber vivido aquella época más solidaria, diversa, romántica. Los años que van desde los fines de los 60 hasta los fines de los 80 son, para mí, en cuanto a lo técnico, el período mas estilizado y poético del tenis. Cada jugador poseía un estilo diferente, como los pintores expresionistas, donde sus trazos eran inconfundibles. Y al mismo tiempo parecían competir desde la belleza de los movimientos. Sin duda era un clima de época ligado a las utopías que fluían en el mundo, donde la ampliación de los derechos y libertades políticas y sexuales daban pie a que el cambio social pareciera cercano. Una especie de Primavera de Praga del tenis. Los nuevos materiales de las raquetas en parte cortaron ese juego poético, y trajeron otro carácter más científico al juego, otro tipo de rigor.

-Ustedes se iban de cañas en los torneos. Ahora se van a grabar vídeos para las redes sociales, en las que todo está prefabricado, ¿le apena esa falta de autenticidad en el tenis?

-Creo que sucedió un cambio profundo en la sociedad con la influencia de la tecnología y de las redes sociales, un proceso que es necesario aceptar y modificar desde adentro. El mundo está girando a una velocidad confusa, hace siglos que la idea del yo domina el mundo, pero esta necesidad de aparecer o mostrar en público la vida privada me sorprende. Es hora de tomar otro camino.

-Vivió experiencias con Connors, Pancho Segura, Pancho González, Vilas, Pecci... Luego con Jaite, Nalbandian, Del Potro... ¿Quién le aportó de verdad? 

-La movilidad, la lucha y entrega de Connors, la inteligencia como estratega y el humor de Segura Cano, la elegancia y el carácter de Pancho González, la obstinación por el entrenamiento de Vilas y la personalidad apacible de Pecci.

-¿Qué personas del deporte o la vida le han impactado más? 

-Bob Dylan, Jorge Luis Borges, Mahatma Gandhi, Madre Teresa de Calcuta. La bondad a mi juicio es más importante que la inteligencia y el talento.

-El pulpo, el tótem, está ya en el título de su novela. Al final está Galicia. Sigue volviendo cada cierto tiempo. ¿Qué tiene todavía de gallego, tantos años después de subir a aquel barco?

-El pájaro, por más que vuele, siempre vuelve a la tierra. Mi amor por Galicia, la tierra donde están enterrados mis padres y donde yo nací, ya es parte de mi vida. Vuelvo casi todos los años aunque cada vez somos menos; tengo tías, primos, amigos e incluso una tumba reservada en la iglesia de San Salvador de Rabal, donde está enterrada la familia de mi madre.

-¿Le ha marcado de forma indirecta, por sus padres, Galicia en algo?

-La humildad, el orgullo, el amor por la tierra de los gallegos. Su integridad, el amor por la familia, su cocina, el pan, sus paisajes y esa manera de celebrar la vida de un pueblo que ha sufrido y que mantiene costumbres que están desapareciendo. Los cruceros de piedra, las capillas esparcidas por las aldeas, los hórreos de las casas, los depósitos donde se guardan las papas, vino, jamones…

-¿Se presentará aquí el Pulpo?

-Es necesario que una editorial se interese, soy dueño de los derechos y me encantaría pero el futuro no me pertenece. En este momento continúo escribiendo la segunda novela y estoy pensando en editar una antología de los tres libros de poesía publicados: Yo a tu edad, El otro es uno y El fin es aún.

-En el camino hacia la Davis de Argentina del 2016, a usted le tocó antes reconstruir al equipo tras la final de Mar del Plata. Y vaya si lo hizo. ¿Podría contar cómo hizo respirable la relación tirante ente Nalbandián y Del Potro?

-Franco Davín, el coach de Juan Martín del Potro, había debutado como entrenador conmigo cuando estaba a cargo del Centro Nacional de la Asociación Argentina de Tenis. Nuestra amistad y la protección que supe darle a Delpo fueron importantes para hacer lo posible para mejorar una relación desgastada. Sin embargo Nalbandian era un personaje particular que conspiraba con otros jugadores para sentirse líder. El respeto por las diferencias fue el leit motiv de mi gestión.

-Su vida es material rico para una novela, ¿Qué le parecen otros libros de tenis? Ahí van algunos ejemplos, el de Agassi (perdón, de Moehringer y sus colaboradores), el de Foster Wallace, el de Carlin sobre Nadal, el de Sebastián Fest sobre la rivalidad Nadal-Federer...?

-Sin duda son personajes célebres y hay mucha gente ávida por conocer temas relacionados con sus vidas. Open, el libro sobre Agassi, como bien mencionas fue escrito por el ganador del Pulitzer (Moehringer) y Rafa, el libro sobre Nadal, por un excelente periodista (John Carlin). Foster Wallace jugó y escribió mucho sobre tenis, antes de su suicidio. Su ensayo sobre Roger Federer en El tenis como experiencia religiosa es muy poético. Sebastian Fest, sin duda, encontró un tema muy rico y su libro me recuerda a otro llamado Los niveles del juego escrito por otro ganador del Pulitzer, John McPhee que se basa en dos jugadores americanos contemporáneos: uno blanco, Clark Graebner, y otro negro, Arthur Ashe. Mi novela, la escribí sin influencias ajenas, incluso las editoriales no estaban de acuerdo con el título El ombligo del pulpo . No lo consideraban comercial para una autobiografía novelada.

-En su novela reflexiona sobre lo que es ganar y perder, ¿qué es?

-En la vida uno hace elecciones, muchas de ellas son parte de la misma moneda. A veces cuando estas ganando implica que estás perdiendo otra cosa. El tenis es un ejemplo más. El esfuerzo para ser profesional exige irse de casa, perder amigos, una lucha constante por ser mejor, el conflicto interno que eso significa y sacrificar experiencias importantes de la vida. Todo es relativo y los cuentos sufíes son un ejemplo de cómo ser positivo ante situaciones adversas o como valorar las diferencias.

‘Nasrudin entró a una casa de té y declamó: ‘La luna es más útil que el sol’. ¿Por qué? le preguntaron.

Porque por la noche todos nosotros necesitamos más luz’.

-Vivió la California del amor. ¿Qué son hoy la América de Trump, el Brasil de Bolsonaro, la Italia de Salvini? ¿Un anticipo de algo peor aún por venir? 

-En la historia del mundo siempre hubo personajes nefastos, Nerón, Calígula, Hitler, Lenin, Stalin, Pol Pot y, ¿por qué no Franco? Es notoria la cantidad de tarados que han gobernado los países: Bush (padre e hijo), Nixon, Berlusconi… La lista es infinita. El ser humano se precipita hacia una catástrofe, guiado por una imagen falsa del mundo debido al exceso de información y a la vorágine de deseos superficiales. Hay más tiempo que vida.

-Mientras disfruta del recorrido de su Pulpo, ¿qué lee?

-¿Qué lee ahora?

-Varío de un tema a otro para descansar y cargar la energía. Estoy leyendo un libro de ensayos de Chesterton, Correr tras el propio sombrero, un escritor exquisito y de grandes ironías, Nadja de André Breton, Sidharta de Herman Hesse, El innombrable de Samuel Beckett y siempre vuelvo a Borges. Nadja y Sidharta, por tercera vez, Chesterton por segunda, Beckett por vez primera. Borges perdí la cuenta.

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