Florentino le carga su muerto a Lopetegui


Donald Trump protagonizó durante años un concurso de televisión en el que iba descartando a los aspirantes al puesto de director para una de sus empresas. Ante la cámara, el magnate pronunciaba un despiadado «estás despedido». Ya puestos a culpar al entrenador y escurrir el bulto de la forma más chabacana que se recuerda en el momento de destituirlo, Florentino Pérez podía haber recurrido al formato Trump. En horario de máxima audiencia, utilizando la televisión oficial del club, despedir a Julen Lopetegui al tiempo que en la pantalla van destacándose los premios, títulos y cotizaciones de los futbolistas que el gurú había puesto en sus manos. En el fondo, la chusca reinvención del anodino género de los comunicados de cese en un banquillo revela la debilidad que siente ahora el presidente del Madrid. Solo así se entiende el disparatado texto en el que recuerda que la plantilla del noveno clasificado de la Liga cuenta con ocho candidatos al Balón de Oro. Una insólita justificación que nadie le había pedido, otra forma de señalar un culpable, un malo de la película para el público del Bernabéu, cuando ya ha sido despedido. Florentino ha conseguido lo imposible: poner de acuerdo a medios de comunicación y aficionados de todo signo con su penoso comunicado de destitución. En esa lógica de los méritos y los Balones de Oro, se le olvidó incluir en el texto el currículum que respalda a Solari para plantarse frente al deslumbrante vestuario que pone a su disposición el presidente. Quizá porque no ha entrenado más que en la cantera del club. Un detalle que en sí mismo no le inhbilita para reflotar al equipo, como hizo Zidane, con más jerarquía pero similar experiencia como alineador. Pero un bagaje, el de Solari, que sí choca con el argumento que usa como arma arrojadiza contra Lopetegui.

Porque en el deporte también hay que saber perder. Florentino ha quedado retratado por la zafiedad con la que ha despachado una apuesta personal con la que dinamitó el Mundial hace apenas cuatro meses y medio. Ahora pretende marcar distancia con el técnico al que se echó en brazos después de varios intentos fallidos.

Además del número de candidatos al Balón de Oro, un novedoso termómetro para calibrar el nivel de un equipo ?ya se sabe, el fútbol moderno?, Florentino se olvidó de otros detalles. La salida de Cristiano le reportó cien millones de forma directa y le evitó pagarle otros 120 brutos hasta la conclusión de su contrato. No repuso un Balón de Oro con otro, sino que eligió a Mariano Díaz Mejía, un delantero con un valor de mercado de 22 millones según Transfermarket, el portal de referencia en la tasación de jugadores. Ocupa el puesto número 306 en el ránking de los futbolistas más cotizados del mundo. Así relevó el presidente del Madrid al goleador más salvaje de la historia del club, un animal competitivo que garantizaba 50 tantos por temporada. Bueno, y con Vinícius, por ahora un becario habitual del filial de Segunda B.

Quizá fue cosa de Sergio Ramos. El central está adquiriendo los tics y mangoneos de Raúl, al que Luis tuvo que apartar de la selección para abrir un ciclo ganador en Viena. De buen futbolista, Ramos va transmutando en caudillo (fuera de forma). Con bulo para bendecir o desaconsejar contrataciones. Cuando en verano le preguntaron por Lopetegui, levantó el pulgar; pero hace unos días, al asomar Conte, decidió bajarlo. Advirtió que el respeto, el mismo que él pareció exigir a balonazos con un canterano en un entrenamiento, no se impone, sino que se gana. Porque al final importa mucho la gestión del grupo. Eufemismos para decir quién manda aquí, en un Madrid en el que el presidente ha perdido definitivamente las formas.

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