Tres meses de prisión por un cabezazo a otro jugador en un partido de veteranos

El afectado sufrió una fractura de la base de la órbita izquierda y huesos propios de la nariz


Una agresión, si excede de límites que se consideran normales dentro de un campo de fútbol entre jugadores que disputan un partido, puede acabar dando lugar a un procedimiento judicial. Y, como en un caso que ha llegado al juzgado de lo Penal número 2 de Ourense, propiciar una condena por lesiones. De los implicados en el incidente, futbolistas de equipos rivales en un partido de veteranos, uno de ellos ha sido condenado a tres meses de prisión y al pago de indemnizaciones por importe de 914 euros al Sergas y 1.720 euros al otro jugador. Este último, en quien la fiscalía también veía culpa, ha sido exculpado de la imputación de un delito leve de lesiones.

El suceso ocurrió el 10 de diciembre del 2016. Jugaban en A Bola. Ángel Barba, del equipo Decologic-Q-R, propinó un cabezazo en la cara de otro futbolista del equipo local, Antonio Rodríguez, que sufrió una fractura de la base de la órbita izquierda y huesos propios de la nariz. Aparte de la primera asistencia precisó tratamiento médico y sufrió perjuicio personal básico durante 30 días. No le restaron secuelas. La sentencia detalla en la relación de hechos que no se probó que Antonio hubiera propinado un cabezazo a Ángel. Este presentaba cefalea postraumática.

Se culparon mutuamente los acusados de haber actuado a cabezazos de forma recíproca. La fiscalía partía, sin embargo, de que uno había dado un manotazo al otro y este reaccionó con el golpe más contundente.

Para la jueza es indiscutible que, tras el incidente, Ángel no presentaba ninguna lesión, mientras que Antonio había sufrido una fractura, que, según la forense, no podía ser anterior al partido. Desmontado la tesis de la defensa del ahora condenado, «parece difícil concebir que alguien propine un cabezazo a otro, sin cuidarse muy mucho de hacerlo para no causarse ninguna lesión». Es decir, «si uno propina un cabezazo a otro, lo lógico es que, tal y como la propia palabra indica, lo haga con la cabeza, no directamente con el ojo y la nariz, donde sabe que el daño que va a recibir es mucho mayor que el que pueda causar a la otra parte». Es inconcebible, para la jueza, que una persona actúe contra otra y no proteja la cara antes de golpear.

El relato del árbitro

Descartado el testimonio de los compañeros de equipo, la jueza concede valor a lo que el árbitro había reseñado en su momento y cómo había expulsado a los dos jugadores. Uno había propinado a otro un cabezazo, tras recibir un manotazo del otro. El árbitro había pitado una falta, luego estaba cerca de los protagonistas, dice la sentencia. A la jueza le llama la atención, por otra parte, que el acusado no hubiera recurrido una sanción que le impedía volver a jugar durante cinco años.

Si dudar de que el acusado hubiera sufrido cefaleas, a causa del manotazo o por otro motivo, la jueza niega que «esa ‘lesión’ sea consecuencia de un acto de acometimiento físico desplegado por Antonio» sino que la asocia «simple y llanamente por la propia acción desplegada por Ángel consistente en propinar un cabezazo al contrario».

Fija la sentencia la condena mínima para el delito. No ve la jueza, Susana Pazos, circunstancias agravantes y opta por la pena de prisión -que previsiblemente suspenderá- al considerar que es más beneficioso que la multa, por el elevado importe de las indemnizaciones a las que debe hacer frente».

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