La maqueta del estadio, muy bonita


El endiosamiento afecta a muchos de los presidentes del fútbol español. Cuando la pelota entra, algunos se sienten intocables. El Madrid de Zidane y Cristiano, con un interesante grupo de estrellas a su alrededor, completó una etapa brillante. Amparado por un entrenador que manejaba con cintura tanto el vestuario como el entorno y lanzado por el mejor goleador del club en las últimas décadas, Florentino, presidente, director deportivo y lo que se le ponga por delante, se creyó demasiado listo. Despreció los criterios de Zidane para renovar la plantilla hasta terminar cansándolo, manejó con torpeza la salida de Cristiano, falló en la contratación de un goleador que pudiese paliar su marcha y fichó de forma disparatada. Sus caprichos propiciaron que en verano los cromos más interesantes que incorporó al álbum del equipo fuesen los de Courtois y Odriozola, para dos de los puestos mejor cubiertos. Bueno, también recuperó del Deportivo a un inédito Valverde, trajo de Brasil a Vinícius para dar un toque glamuroso al Castilla, contrató un tercer portero ucraniano y repescó a última hora a Mariano tras un triste juego de engaños con el Sevilla. El incendio que Florentino había montado al principio del verano para contratar a Lopetegui, a dos días del inicio del Mundial de Rusia, se vuelve ahora una cruel ironía, cuando puede estar a punto de despedirlo con algunos de los registros más lastimosos de la historia del club.

Pero es que Florentino no está para estas cosas mundanas de contribuir a hacer un buen equipo de fútbol. Su mente, la del «ser superior» que vio con agudeza Butragueño, estaba ideando un icono, un símbolo que plasmase su huella en el paseo de La Castellana, un buen ladrillazo a su mayor gloria, que dejase el Santiago Bernabéu con el mismo aforo después hipotecar al club con un crédito de 575 millones a 35 años que terminarán de pagar los que vengan tras él. La maqueta del estadio con techo retráctil queda bonita, brilla el recubrimiento exterior, habrá más zonas para gastar en tiendas y cacharros... ¿Y el fútbol? Es que cuando la pelota no quiere entrar... Siempre se puede echar al entrenador, traer otro y que nadie se gire hacia el palco. 

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