«Había soñado ser campeón del mundo, pero nunca tan joven»

A sus 22 años, y con licencia del Famu de Vigo, es el primer campeón del mundo del yudo español


Los padres de Nikolov Sherazadishvili (Tiflis, Georgia, 19 de febrero de 1996) emigraron a España en el 2010 y él debió esperar cuatro años para obtener la nacionalidad. El yudoca español de origen georgiano perdió a su padre hace un año y a él le dedica el oro que conquistó el 24 de septiembre en Bakú. Ahora quiere compaginar el deporte con estudios de Márketing, pero mientras espera a entrar en la universidad, trabaja para lanzar una marca de ropa de algodón orgánico y con el horizonte de Tokio 2020.

-¿Por qué eligió la nacionalidad española?

-Fue decisión de mis padres venir a Madrid, cuando yo tenía 13 años. Era para un futuro mejor para mi hermano y para mí. Él jugaba al fútbol, pero se lesionó, le operaron y no se ha recuperado bien, mientras que yo aquí estoy, con el yudo. Ha sido el destino, y estoy orgulloso de estar aquí.

-Le ofrecieron mucho dinero por nacionalizarse turco.

-Sí. A mí me querían nacionalizar a partir de los Juegos de Río (2016), con un contrato hasta Tokio. Creo que tomé la decisión más justa y honesta.

-¿Por qué eligió el club de Quino Ruiz (subcampeón mundial en 2001) en Brunete?

-Cuando llegué a Madrid un amigo de mi padre preguntó cuál era el mejor club de Madrid. Nos dijeron de uno en el que entrenaba dos horas a la semana, pero era muy poco para mí. Buscaba un gimnasio donde se entrenara todos los días. Un amigo yudoca me presentó a Quino. Le pregunté que si entrenaban todos los días. ¿Pero todos los días?, le insistí. Sí, dos horas, me contestó. Yo que entrenaba dos horas a la semana... Y fui, y es que no solo se entrenaba todos los días, sino que no teníamos ni vacaciones.

-Es entonces de los deportistas a los que les gusta machacarse.

-Si no, para hacer esto es muy complicado. Yo creo que es imposible. Me encanta la competición, pero sin una constancia diaria no sería posible conseguir estos resultados.

-Quino será más que un entrenador para usted.

-Él para mí y yo para él. Por eso su club tiene tan buena cantera y tanto nivel. Yo digo que es como mi segundo padre, y yo como su hijo. El trato que tenemos no es solo deportivo y profesional, sino como familia.

-¿Qué le dijo antes de la final?

-Yo estaba muy, muy centrado en la competición, y no tenía tiempo ni para ponerme nervioso. En el pasillo, antes de salir me decía: ‘Estás a un paso de hacer historia’. Y se iba otra vez, porque estaba muy nervioso y volvía: ‘Estás a un paso de hacer historia’. Estaba más nervioso que yo.

-¿Lleva bien en competición entonces estar tranquilo?

-Sí. Eso me dicen, que no se me nota que estoy nervioso. Aunque está clarísimo que lo estoy. Intento que no se me note.

-¿Había soñado alguna vez con esto, tan joven ser campeón del mundo?

-Había soñado con quedar campeón del mundo, pero no tan joven. Ha llegado muy rápido y estoy contento de haberlo conseguido así. Ahora hay que estar muy concentrado para seguir y no bajar de ahí.

-¿Qué será más difícil ahora?

-Yo creo que siempre es mucho más difícil mantenerse. Llegar es difícil, pero es más difícil mantenerse, porque la gente me va a tener más ganas, me van a estudiar mucho más. Tengo que aceptar esa presión y verlo como algo positivo.

-¿Trabaja psicológicamente para asimilar esa presión?

-La cabeza es lo más importante. Ser fuerte de cabeza para pasar los obstáculos que hay, aunque no hay que verlos como obstáculos, sino que es algo positivo, porque eres número uno y así lo tienes que demostrar.

-Llegó al Mundial como número tres y tras el título ahora casi se le exige un oro en Tokio.

-Ya me han dicho que no esperan algo menos. Ya sabemos que es muy difícil ser siempre el número uno, pero mi objetivo y mi sueño es el oro en Tokio. Eso está claro.

-Su medalla fue muy emotiva para su entorno.

-Mi madre y mi hermano estuvieron allí. Cuando quedé campeón, Quino rompió a llorar y en las gradas se abrazaban españoles y georgianos. Yo creo que todo el pabellón se estaba dando abrazos. Yo dije: ‘No me voy a poner yo a llorar que si no se pone toda mi familia también’. Con Quino ya estaban llorando bastante los demás. Yo intento no llorar. Prefiero sonreír antes que llorar.

-¿Qué va a significar su oro para el yudo?

-Esto es muy, muy importante para el yudo. Va a dar una motivación a los pequeños y a mi equipo, con los que estoy viajando siempre con la selección. A los que no sigan el yudo esto también va a llamar la atención. Para los niños y para todos la motivación va a ser que si yo puedo ellos también pueden. Si yo lo he conseguido ellos también pueden.

-¿Y para relanzar el yudo con ayudas institucionales y publicitarias?

-A este deporte le va a dar un extra. Va a ser un plus para los viajes que no podíamos hacer o algunos para los que no había presupuesto para todo el mundo. Con los patrocinadores va a ser un extra para que podamos viajar más y para que todos puedan aprovechar ese dinero y sacar mejores resultados.

-¿Ha echado en falta que no ha habido suficiente ayuda?

-Se puede mejorar para mí y para todos, y yo creo que esto va a mejorar.

-¿Ya tiene en mente los Juegos Olímpicos?

-Ahora voy a pasar al Plan ADO y de mi cabeza nunca va a salir el sueño de Tokio aunque esté de vacaciones (en Georgia). En mi cabeza está sacar medalla. No me gusta hablar de lo que voy a hacer, pero voy a dar lo mejor de mí para hacer el mejor resultado.

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