El corazón de los vecinos de Pablo

Un juvenil del Seixalbo con una dolencia cardíaca logra un desfibrilador para el campo al unir a varias asociaciones en una cuestación popular


Pablo González Lois es un luchador incansable. Con apenas doce días le detectaron una acotación de la aorta, pero eso no supuso un freno para que pudiera disfrutar de su afición al fútbol, en las filas del CD Seixalbo. Una pasión a la que tuvo que renunciar el pasado año, cuando le diagnosticaron una miocardiopatía no compactada. «Me dijeron que tenía que evitar el ejercicio intenso», recuerda. El equipo ourensano decidió entonces rendirle un homenaje y retirar su camiseta, la número 10 de la equipación juvenil.

Pablo sigue cuidándose y le gustaría volver a darlo todo por el equipo de sus amores, pero de momento está pendiente de algunas pruebas que le corroboren el esfuerzo que puede hacer. Mientras tanto escucha con atención todo lo que tiene que ver con patologías cardíacas y deporte. Así fue como se le ocurrió una idea que ha logrado contagiar el entusiasmo entre sus vecinos. «Escuché una noticia de un jugador, también de juveniles, que había fallecido por muerte súbita; entonces empecé a darle a la cabeza sobre cómo se podría evitar sucesos así, o de gente que esté en la grada y pueda sufrir un infarto mientras ve un partido; pero también de alguien que está por ejemplo trabajando en la huerta, cogiendo patatas y le da». Tras hablarlo con su padre, que le ilustró sobre la existencia de desfibriladores portátiles, se le ocurrió la idea de promover la compra entre todos los vecinos de uno para uso del pueblo. Primero lo comentó con el presidente del club, David Rodríguez, y otros miembros de la directiva; pero pronto su iniciativa fue sumando apoyos y aglutinó a los principales colectivos que funcionan en este núcleo de la periferia ourensana: la Asociación de Mulleres Rurais Santa Águeda, la asociación de Montes en Man Común de Seixalbo, y el colectivo vecinal San Breixo.

Precisamente en la sede de esta última entidad es donde estará guardado de forma permanente el nuevo aparato «para que esté a cinco minutos de calquera veciño», señalaba ayer el presidente de la asociación vecinal, Xosé Carballido. Solo saldrá de esa ubicación para los días de entrenamiento y las jornadas con partido en el campo de fútbol.

La máquina ya está en Seixalbo. Cuesta 1.500 euros y se financiará con la venta de pulseras -con el color azul del equipo- por tres euros para que todos los vecinos puedan colaborar en esta iniciativa. Así lo han decidido las entidades que apoyan a Pablo en su idea, a pesar de que reconocen que han tenido alguna oferta de empresas para patrocinar la adquisición. «Este é un pobo moi unido, que ten unha conciencia solidaria moi arraigada, e preferimos que sexa unha adquisición social, de todos e para todos», añadió. El siguiente paso es comenzar los cursos para que todos sepan manejarla y aprendan además, algunas nociones de primeros auxilios. Pablo ya se ha apuntado a las clases.

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