Djokovic y el equilibrio anímico

El título en el US Open confirma que deja atrás la crisis que abrió su gurú espiritual y que deshizo su equipo


La victoria de Novak Djokovic en el US Open, y la forma de conseguirla confirman que ha vuelto a ser el jugador intratable, dominador del circuito durante el 2014 y el 2015. También que quedan atrás las lesiones y sobre todo un desequilibrio emocional motivado por una crisis personal. Nole regresa a la cumbre para quedarse, después de salir de una zona de tinieblas.

La aparición en el entorno de Djokovic una persona que ejerció una extraña y perniciosa influencia en su trayectoria, Pepe Imaz, según explicó su círculo, motivó primero un sorprendente bajón de su rendimiento, después el despido a finales del 2016 de Boris Becker y por último la desvinculación de todo su equipo en mayo del 2017. Entonces se fue hasta Marian Vadja, El Comandante, como le llama Nole, y su entrenador de siempre. Una breve relación con Stepanek y un extraño acuerdo con Agassi no sirvieron más que para dar bandazos sin dirección. La mente de Novak, el competidor implacable, había perdido su equilibrio y su mejor cualidad. Djokovic ya había tenido problemas personales, esos que habitualmente no se le suponen a los grandes campeones, cuya fama y dinero no significa que no tengan crisis fuera de las pistas. Hace años, cuando comenzó su relación con Jelena Ristic, esta no era bien vista por sus padres, que ejercían una influencia importante hasta ese momento en su entorno y no querían que nada le distrajese del tenis. El campeón serbio tuvo que pedir un paso a un lado a sus padres, que le dejasen tomar sus decisiones. Esa fue su primera crisis, que afectó momentáneamente a su rendimiento, como le afectó a Rafa Nadal aquella época de desavenencias de sus progenitores. Posteriormente la paternidad, ahora por partida doble, hicieron recapacitar al serbio sobre las prioridades de la vida, y todos estos cambios, coincidiendo con un momento de debilidad, posibilitaron la influencia de Imaz, que lo llevó por una senda evidentemente equivocada para su trayectoria deportiva, tal como indicaron varios de sus colaboradores. Todo su entorno trató de hacérselo ver, pero la mente de Novak estaba demasiado atrapada por teorías espirituales.

Afortunadamente, alguien logró parar la caída libre del serbio, agravada por una lesión de codo que necesitó de cirugía.

La mejor señal de una posible recuperación fue la vuelta de Vadja en abril de este año. Así como Nadal tuvo siempre a su alrededor un equipo idílico, familiar, determinante en el equilibrio que le llena de confianza -la misma que la mujer de Federer ha tejido a su alrededor, con Paganini y Luthi-, a Nole le costó más formar un gran equipo. Recuperarlo y volver a sus costumbres de antes de la crisis han devuelto al serbio a su estado de forma anterior. A la forma que intimidaba a todos sus rivales. No hay que olvidar que Djokovic vence en los enfrentamientos cara a cara a todos sus principales rivales: a Rafa 27-25, a Federer 24-22, a Murray 25-11, a Wawrinka 19-5, y a Del Potro, su rival en la final del US Open, 15-4. Acaba de ganar su decimocuarto grand slam, solo por detrás de Rafa, con 17, y Federer, con 20. La disputa para aumentar estas cifras es uno de los principales objetivos de los 3 hasta su retirada.

El mérito de Del Potro

La llegada a la élite de Del Potro, un ejemplo de superación y con un tenis poderoso, es otra buena noticia para el tenis, como también lo es la mejora de jóvenes como Khachanov o Shapovalov. Lástima la lesión de Rafa y la temprana eliminación de Federer, pero como ya comentamos en días pasados, todos jugadores compiten al límite, sus cuerpos ya han sufrido lesiones y desgastes tras muchas duras batallas, y estos contratiempos forman parte de la competición.

La final destacó también por la exquisita deportividad de ambos finalistas. El cariñoso trato de Nole con Delpo nos recordó el de Rafa con Federer cuando la llorera del suizo en Australia. Su alocución devolvió el espíritu deportivo que el día anterior había emborronado una reacción fuera de tono de una gran campeona como Serena Willians, que no supo estar a la altura de las circunstancias, oscureciendo la excelente actuación de Naomi Osaka, y poniendo en entredicho las justas decisiones en la aplicación del reglamento del excelente y veterano árbitro portugués Carlos Ramos. Lo que sí ha puesto de actualidad la posterior polémica sobre el incidente es el tema del coaching, un asunto que da para un artículo en exclusiva.

Un día para repetir: «Rafa, tenemos un problema»

La final del US Open entre Novak Djokovic y Juan Martín del Potro fue un gran partido que premia al jugador más completo. Los dos grandes competidores, fuertes mentalmente, con excelentes golpes. La derecha del argentino, impresionante. La versatilidad de su revés alternando el cortado con el de dos manos una excelente noticia de la recuperación del golpe que tenía antes de su lesión. Pero mientras el argentino basa su poderío en el ataque, el serbio ataca, defiende y recupera, lo que provoca el desánimo de su rival, que por muy bien que lo haga, no ve la forma de superarle.

Al igual que antes de la crisis, Djokovic ha vuelto a su mejor forma: saca bien, su resto es formidable, tiene ritmo de los dos lados pudiendo cambiarlo según le interese en cada momento, ha mejorado la anticipación de su volea y la seguridad de su remate, corta con soltura y es capaz de sorprender con dejadas. Luce impecable físicamente impecable, y mentalmente se muestra enormemente sólido e implacable. Sin duda el análisis del jugador que pensaba Toni Nadal que iba a ser en el futuro, cuando lo vio jugar por primera vez, y al regresar al vestuario, con su sobrino, le dijo aquella famosa frase: «Rafa, tenemos un problema».

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