Menos revolucionario, más sosegado


Luis Enrique ha descubierto que no necesita ungirse de bravuconería en sus comparecencias de prensa. No rehuyó ninguna cuestión después de anticipar que no iba a hablar de los que no estaban en la lista. Aun así, no se aceleró cuando hubo un intento por saber si Jordi Alba no figuraba entre los elegidos por criterios extradeportivos. Aceptó todas las preguntas con naturalidad, cómodas y menos cómodas, y pudo comprobar en primera persona que en el uso de la palabra no es necesario estar siempre en guardia. No quiso hablar de revolución, sino de evolución, en el proyecto que arranca después del fiasco del Mundial de Rusia. Ciertamente, la primera no ha sido una convocatoria rupturista.

Probablemente lo será aún menos el once inicial. De los que no están, la ausencia que más duele es la de Iago Aspas, que cada vez que ha tenido minutos en la selección lo ha hecho bien y que tanto puede desenvolverse en el mascarón de proa como mezclar con cualquier otro delantero. Sin él y sin Lucas Vázquez, con pocos minutos en el Madrid, Galicia se queda sin representación. En todo caso, Luis Enrique ni enfadó ni se enfadó. Es un buen inicio.

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Menos revolucionario, más sosegado