Del Val Miñor a Primera vía Coruxo

El vigués Santi Comesaña debutó en Primeraa los 22 años con el Rayo el pasado fin de semana tras una carrera meteórica guiada por sus virtudes y su mentalidad


Paso a paso, pero a velocidad de vértigo, el vigués Santi Comesaña ha llegado a Primera División a los 22 años. Formado en el Val Miñor, en el 2015 dio el salto a Segunda B con el Coruxo, de donde se fue al curso siguiente al Rayo. Partícipe del ascenso de los vallecanos, este fin de semana el vigués debutaba en la máxima categoría del fútbol español tras dos temporadas en la división de plata.

Quienes han seguido la evolución del centrocampista nunca dudaron de su valía. Así lo afirma su técnico en el Val Miñor durante los tres años de la etapa juvenil, Alejandro Villar. Al club nigranés llegó en edad cadete a raíz de la fusión entre Ureca y Nigrán, al que pertenecía desde prebenjamines. «Destacaba desde pequeño, aunque es cierto que tuvo una época en la que con el crecimiento se quedó delgadito y parecía débil, entonces lo ponían tirado a banda y no era tan protagonista, pero siempre me gustó», asegura.

Cuando terminó de madurar físicamente, ya no había dudas de lo que tenían entre manos. «Ya se le veía un futbolista impresionante, con grandes condiciones técnicas, inteligente y competitivo. No había un entrenamiento en el que no se entregara como si fuera el mismo día del partido», recuerda. Tanto era así, que reconoce que hasta tuvieron «algunas peloteras» siempre entre risas. «Los dos tenemos ese carácter ganador», aclara.

Villar cuenta que se «rompió los cuernos» por Comesaña, sabedor de que tenía condiciones para llegar lejos. «Lo que más me sorprende es que no me lo llevaran antes», cuenta. Incluso confiesa sin querer citar al equipo vigués que intentó convencer al Celta de que apostara por él. «Era mucho mejor que los futbolistas que había en aquel momento en la cantera de ese club, no entendía que no lo vieran», recuerda.

Villar admite que hubo un aspecto que jugó en su contra de manera equivocada. «Había quien le achacaba ser un futbolista algo desgarbado y lento. No es cierto para nada. En realidad él, al ser tan alto, avanza con una zancada lo que otros con cuatro», explica. Además, confiesa que en más de una ocasión habló con él sobre el futuro: «Le decía que se lo creyera, que había otros que ya estaban donde él aspiraba y no eran mejores». No se equivocó.

«Mostraba un desparpajo inhabitual a su edad»

Rafa Sáez dirigió a Comesaña en el Coruxo después de haberle seguido en el Val Miñor. «Vino a entrenar con nosotros antes de acabar la temporada anterior a incorporarse y ya dejó ver lo que luego acabaría demostrando», recuerda el técnico.

La baja de un compañero por sanción le abrió las puertas de la titularidad en la primera jornada. Y ya no la soltó. «Enseguida demostró que era un jugador preparado para la Segunda B y con hechuras para más. Mostraba un desparpajo y un descaro que no eran habituales para su edad», señala. Y eso que no actuaba en su posición habitual de centrocampista, sino de mediapunta. «Fue el jugador más importante la mayor parte de la temporada, e incluso participó con goles sin ser la faceta en la que más destacaba», recuerda.

Sáez ve en él a un ejemplo para los futbolistas jóvenes «más allá de su calidad, por su mentalidad ganadora que le permitió crecer a un ritmo vertiginoso».

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos
Comentarios

Del Val Miñor a Primera vía Coruxo