Cristian Toro: «Nuestros resultados son los que nos meten presión»

Ve la mezcla de los tripulantes como el principal arma del K4: «Dominamos los tres ritmos, el de salida, el medio y el final por la combinación de todos»


Al cartel de favoritas de España y Alemania, Cristian Toro (Isla Margarita, 1992)añade dos países más con opciones en el Mundial de K4 500, Rusia y Hungría: «El deporte es continua evolución y cualquiera te puede sorprender».

-Van al Mundial rodeados de presión.

-Es inevitable, nuestros propios resultados son los que nos meten presión de cara al Mundial. Pero no la sentimos porque ni la victoria ni la derrota son para siempre. Cuando llegue la derrota no nos hundiremos. Los años más importantes son el próximo, por la clasificación para los Juegos, y el siguiente, cuando se celebran. Este 2018 sirve para examinar todo. El barco es nuevo. Hasta ahora todo ha ido bien. Podemos llegar al Mundial y ser terceros o cuartos, pero no pasaría nada. Seguiríamos en puestos de clasificación. Y el año que viene ya se peleará otro Mundial.

-En todo caso aquí el objetivo es el oro.

-Sí, pero porque los cuatro somos muy ambiciosos. Miras nombre por nombre...

-Son cuatro palistas muy distintos. Dos más velocistas, otros dos vienen de mil metros, usted es fuerte en la salida...

-Cada uno aporta su rol, y eso hace que la embarcación sea muy fuerte porque es competitiva en todas las fases de una prueba. Hay barcos que tienen una salida muy rápida, otros que progresan muy bien por el medio y otros con un gran final. Nosotros dominamos los tres ritmos, el de salida, el medio y el final por la combinación de los cuatro. Saúl y yo ponemos un punto de velocidad, creo que por encima de la media en esta distancia, y eso nos hace salir delante. Marcus y Rodrigo son campeones del Mundo en K2 500 y nos dan ese ritmo medio. Gracias a todo eso los cuatro llegamos con fuerzas porque nos hemos ayudado y nos permite tener una subida final.

-Germade es el único que no es campeón olímpico. ¿Qué le soprende?

-Da equilibrio emocional al barco. Ahí atrás [en el cuarto puesto], al ser el último en palear, hace el trabajo sucio. Al navegar, rompe el agua y se crea una ola y él pelea por encima de ella. Es un puesto complicado que exige una persona con muy buen tacto de la embarcación. Él es como el pegamento del K4. Es clave.

-En los anteriores Juegos se unió a Craviotto muy tarde para formar el K2 200 que logró la plaza a última hora. Ahora tienen claro todo desde el principio. ¿Se le hace largo el camino a Tokio?

-Está siendo todo muy intenso. Yo le sumo la parte personal [su pareja está embarazada de siete meses]. El niño que estamos esperando es una vía de escape a toda la presión que tenemos los deportistas. Es una ilusión que me da estabilidad emocional para afrontar los retos deportivos con otra visión. Pase lo que pase, tengo otras ilusiones.

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