Una centésima aparta a Hortelano de la medalla en su regreso

El campeón del mundo, el turco Ramil Guliyev, escenifica su dominio y se hace con el oro

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Bruno Hortelano, el mejor velocista español de todos los tiempos, regresó a la elite del atletismo mundial, después de casi dos años inactivo por un accidente de coche, con un cuarto puesto en la final de 200 metros de los campeonatos de Europa, dominada por el campeón del mundo, el turco Ramil Guliyev.

Hortelano era el defensor del título, pero hubo de inclinarse ante Guliyev, el sucesor del jamaicano Usain Bolt como campeón del mundo, que se impuso con nuevo récord de los campeonatos (19.76), y también ante el británico Nethaneel Mitchell-Blake (20.04) y el suizo Alex Wilson (20.04), que le adelantaron en el último metro.

El plusmarquista español se quedó a una sola centésima del podio, con un crono de 20.05.

El reto del regreso del velocista errante

El histórico Olympiastadion de Berlín constituye la última escala del velocista errante, nacido en Wollongong (Australia) por obligaciones laborales de sus padres, que repartió su vida entre Canadá y Estados Unidos, donde vive la mayor parte del año como estudiante en la Universidad de Cornell.

Su abuela, de 92 años, y sus padres, presentes en el estadio, sirvieron de inspiración a Bruno, que regresó a las pistas el 19 de mayo en Tenerife con un 400 de perfil bajo que le sirvió, no obstante, para confirmar que estaba en el camino recto. Fue más rápido que nunca: 45.96. Jamás había bajado de los 46 segundos.

Corre con un guante negro en la mano derecha, la «mano catastrófica», como define la medicina los destrozos en huesos, músculos, ligamentos y tendones que presentaba a resultas del accidente acaecido el 5 de septiembre de 2016 a las 6.59 horas en el kilómetro 27 de la autopista A-6, a la altura de Las Rozas.

El vehículo, conducido por un primo suyo, se estrelló contra un camión y fue a chocar con la mediana. Se salvó por milímetros de que una plancha de hierro le atravesara el cráneo. Fue operado de urgencia en el hospital madrileño 12 de Octubre y escapó milagrosamente a la amputación.

Perdió la piel en los dedos corazón, anular y meñique. Tendones destrozados, necrosis, roturas en toda la estructura ósea. Su mano diestra era una piltrafa. Un remate trágico a la excelsa temporada del plusmarquista español de 100 (10.06) y 200 (20.12).

Ese 2016 se había proclamado campeón de Europa de 200 en Amsterdam (tras la descalificación del holandés Churandy Martina por pisar fuera de calle), había mejorado todas sus marcas y llegado a las semifinales olímpicas en Río con un crono de 20.12. Con uno idéntico el francés Christophe Lemaitre ganó el bronce en la final.

Se trasladó después a Barcelona para encomendarse al doctor Xavier Mir, que le operó tres veces en el hospital universitario Dexeus. Se le practicó un injerto vascularizado cutáneo del antebrazo, se le fijaron las fracturas articulares en tres dedos, se le repararon los tendones extensores y se le colocaron prótesis tendinosas en dos dedos.

«Aquel día volví a nacer, es mi cumpleaños real», ha comentado Bruno. Desde entonces, el atleta español más veloz de la historia se ha perdido Mundiales al aire libre y en pista cubierta, pero en su fuero interno siempre se fijó como objetivo la defensa de su corona europea de 200 en este Olímpico de Berlín.

El 3 de junio regresó a su distancia predilecta, los 200 metros, con un segundo puesto, batiendo a Churandy Martina, en la reunión de Hengelo (Holanda) y un tiempo de 20.35 que le situaba tercero en el ránking europeo. Era su tercera carrera desde la reaparición y la primera de 200 desde el 17 de agosto de 2016, cuando corrió la tercera semifinal olímpica en Río, donde acabó cuarto y eliminado con 20.16. El destino quiso que aquella carrera fuera la última de Bruno en 21 meses.

El último mitin de Madrid marcó el punto de no retorno. El 22 de junio pasado Beruno añadió un nuevo récord nacional a su colección, el de 400, al pulverizar con un tiempo de 44.69 la marca que Cayetano Cornet había obtenido 29 años antes en Barcelona (44.96).

Para el observador, su vida parecía discurrir por un camino de rosas, pero su representante, Alberto Armas, se ocupó de revelar la trastienda, los sinsabores y molestias que Bruno sufría a diario.

«Bruno está cogido con imperdibles y tenemos que mantenerlo entre algodones. Tuvimos que retrasar el inicio del periodo de competición casi un mes por una lesión. Descartar correr en Estocolmo, porque no recuperó completamente después de Hengelo. La semana de París apareció una molestia en el gemelo derecho y unido probablemente, al cansancio del 400 de Madrid, la carrera no salió como esperábamos», relata el representante.

«A la molestia del gemelo, se unió otra en el isquio izquierdo debida fundamentalmente al entrenamiento de velocidad punta y aceleración que realizó, entrenamiento que no había podido realizar desde antes de los Juegos de Río».

Bruno «se pilló la espalda levantándose de una silla, por lo que no pudo entrenar y necesitaba voltaren para poder dormir. Y veis, parece fácil, él lo hace fácil, pero cuesta mucho volar»

El 22 de julio pasado, en los Nacionales de Getafe, Bruno reservó una sorpresa a los aficionados irreductibles de las sesiones matinales bajo un sol de justicia. En las semifinales de 200 batió su récord de España con 20.04. «No he podido parar de llorar. Me han venido los recuerdos de estos dos años tan difíciles».

Con aquel registro se situaba vigésimo en el ránking mundial del año y segundo de Europa, sólo por detrás del turco Ramil Guliyev, actual campeón del mundo, que tiene 19.90.

Bruno es ingeniero biomédico graduado en la Universidad de Cornell y trabaja bajo la dirección de su entrenador jefe, Adrian Durant, exvelocista de las Islas Vírgenes. 

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