Helia González: «El fútbol vive un mundo paralelo»

Lleva 8 Superligas de voleibol seguidas, pero su reto es «mantenerse en lo alto mucho tiempo»

Helia González, jugadora gallega de voleibol
Helia González, jugadora gallega de voleibol

Hay una gallega que domina el voleibol nacional. Helia González Fernández (A Coruña, 1985) se ha acostumbrado a ganar cada título de Superliga, juegue con el equipo que juegue. Ha levantado las ocho últimas, con equipos diferentes (4 con el Logroño, su actual club, 1 con el Haro, 1 con el Murillo y 2 con el Menorca). Y pese a ello, confiesa que tiene hambre de más.

-¿Si le pregunto cuántos títulos ha ganado sabría decir el número exacto sin pensar demasiado?

-Uff.... Pues así de sopetón me cuesta recordarlo... 8 Superligas, 4 Copas de la Reina, 4 Supercopas... Creo... Si me das tiempo a pensar lo confirmo y te lo digo, pero así de sopetón... ¡Cuesta!

-¿Le cuesta menos hacer balance sus premios mvp?

-[Risas] Pues igual... Yo lo que de verdad tengo grabados son los momentos que pasé junto a mis compañeras, el trabajo de equipo que hicimos para conquistar cada objetivo... En un deporte como el voleibol esto es lo más importante. No los títulos individuales. No puedo dar los tres toques yo sola. Necesito de mis compañeras. Por eso guardo más las sensaciones de grupo en cada victoria que el reconocimiento individual.

-¿No se cansa de ganar?

-No, no, no, no, no.... No, porque cada título es diferente, el equipo es diferente, la situación es diferente, yo me encuentro en momentos diferentes... Al final cada uno tiene algo de especial

-¿Y cómo se motiva una cada pretemporada sabiendo que ya lo ha ganado todo en España?

-Lo que pasó ya no vuelve. Lo que has conseguido está bien, pero no quiere decir nada. Partes de cero, en las mismas condiciones que el resto, y siempre es motivante. Porque ya no es solo ganar. Es mantenerte en lo más alto durante mucho tiempo.

-¿Tienen representantes las jugadoras de voleibol?

-Para irte al extranjero sí, porque para salir de tu país necesitas a alguien que te guíe. Pero para España no, porque al final nuestro deporte es minoritario y tampoco hay nivel como en otras ligas de fuera. Así que a ese nivel no es necesario. Fuera ya necesitas a alguien que te proteja.

-No es como en el fútbol entonces, en donde ya hay niños con representante.

-No, no, no... Eso en el voleibol no pasa.

-¿Cómo ve todo lo que rodea al fútbol?

-La verdad es que no lo sigo mucho. Para mí es como si fuera otro mundo. No viven como el resto de deportes. Tienen su mundo paralelo. Son estrellas, son diferentes... Yo no me comparo con futbolistas a nivel deportivo porque sé que son realidades diferentes. Lo que viven ellos no es lo que yo siento como deportista. Y la verdad es que tampoco lo envidio.

-¿Y el deporte femenino, en general, en comparación con el masculino?

-Hay muchas diferencias, obviamente, y sobre todo como hablábamos ahora del fútbol. Pero en voleibol esa diferencia no es tanta. Ni a nivel económico ni a nivel de repercusión. En las grandes ligas, Italia, Rusia o Turquía, no hay diferencias de salarios. Las mejores jugadoras cobran tanto como los mejores jugadores. El voleibol es más igualitario. No hay esa diferencia de ganar muchos millones a mil euros.

-¿Le molesta que la equipación del voleibol sea más ceñida que en otros deportes?

-[Tres segundos de pausa] A veces sí... Según el estilo de equipación, a veces son más apretadas y complica un poco. Pero a ver, no me molesta porque creo que se ve bonito, estéticamente nos queda bien y no creo que sea sexista. Al final son unas mallas, una camiseta... Sería sexista si fuésemos enseñando más de lo que toca. Pero si es alguna muy muy apretada, como he tenido, yo me siento incómoda.

-En baloncesto o en el fútbol femenino son más holgadas.

-Sí, pero nosotras nos tiramos al suelo mucho y si llevamos ropa grande nos molesta más que si la llevamos ajustada.

-¿Y cómo lleva lo de recibir pelotazos?

-Ah, bien... [risas]. Te acostumbras. No me llevo muchos, porque si tienes algo de reflejos los esquivas, pero cuando te da, duele. Una vez me descolocaron la mandíbula, me dieron con ganas, pero luego, las demás, nada. Lo típico, de que te lloran un poco los ojos.

En corto

Helia está enamorada del voleibol y por ello no echa de menos una mayor vida social.

-¿Mar o montaña?

-Mar.

-Ha vivido en A Coruña, Las Palmas y Menorca. ¿Cómo lo lleva entonces en Logroño?

-Un poco peor pero, como al final viajas mucho, aprovechas esos días para hacer una escapada y verlo, al menos.

-¿El sitio más alucinante que ha visitado?

-No sé... Quizás cuando era más jovencita, que no estaba tan acostumbrada a viajar, recuerdo que me impresionó mucho Viena, por lo bonito que era. Y se me quedó grabado porque era uno de los primeros que hacía, tenía 15 o 16 años, y pensaba: «Dios, quiero seguir viajando e ir conociendo mundo».

-¿Se puede compatibilizar el deporte de élite con la vida de una joven de tu edad?

-Sí... Sí que se puede. Tienes que tener muy claro a lo que te quieres dedicar y al final para ser deportista tienes que hacer ciertos esfuerzos, aunque yo no los veo como sacrificios porque es lo que eliges. Pero yo no cambio mi vida por a lo mejor salir más o tener más tiempo para vida social. Pero yo tengo mis ratos y creo que sí que se puede compatibilizar.

-¿Qué quiere ser de mayor?

-Feliz. Lo que haga o lo que no haga me da igual, pero quiero estar tranquila, ser feliz y vivir.

-¿Qué sería de Helia si no jugara al voleibol?

-Me gustan mucho los niños, así que creo que sería profesora o algo relacionado con el deporte. Porque a mí me gustan mucho otros deportes.

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