El regreso de la mejor Muguruza

La hispanovenezolana aplasta a Sharapova en su primer triunfo ante la rusa y se verá con Halep en semifinales de París con el liderato mundial en juego


Tras varios partidos de aclimatación, para coger sensaciones y ritmo, el gran golpe de Garbiñe Muguruza en Roland Garros 2018 llegó ayer, cuando se apuntó la mejor victoria del año y derrotó a la dos veces ganadora en París Maria Sharapova (6-2 y 6-1) en un encuentro que se decidió en tan solo una hora y diez minutos. La historia, la mística y los dos campeonatos ganados en Roland Garros en 2012 y 2014, no le sirvieron de nada a la jugadora de Siberia, que acumulaba tres años sin ir al Bois de Boulogne, debido a su sanción por dopaje y al denegarle la organización una invitación en el 2017. Un torrente, vendaval o, simplemente, las ganas de rehacerse del daño sufrido la temporada pasada, cuando Muguruza rompió a llorar en rueda de prensa tras perder en octavos de final, aplastó a Sharapova en cuartos. Hoy se medirá con la rumana Simona Halep en la penúltima ronda (Eurosport).

Todo se juntó en una paliza inesperada. La hispanovenezolana aglutinó todas las virtudes que la proclaman como campeona del futuro. Dio un recital desde el fondo, estuvo perfecta en la red (6/6 en subidas) y redujo el número de errores no forzados (15) a la vez que ganó en seguridad. Solo forzó cuando era necesario, solo arriesgó cuando la situación lo requirió y solo remató a Sharapova cuando ya no se podría levantar más.

Superior desde el inicio

La salida a la pista ya denotó quién llevaría las riendas. Garbiñe Muguruza atacó mucho, sobre todo de revés, y aprovechó los errores de la rusa, que cometió tres dobles faltas, para, a la tercera bola de rotura, comenzar impresionando a la bicampeona. Le miró a los ojos y le advirtió de que su reinado ya caducó y que la aspirante ahora tiene 24 años y mucha hambre. Sostuvo su servicio e imprimió otro break. Era ya 3-0 y Sharapova apenas había olido la bola. Es cierto que obligó a Muguruza a disponer de cuatro pelotas de quiebre para inclinar el servicio, pero la sensación era que la hispanovenezolana no solo le estaba arrancando los juegos a la rusa, sino que también le estaba arrancando a golpes la corona.

La regularidad al saque era un soplo de aire fresco en Muguruza y no necesitó forzar más al resto para llevarse una manga que dejó confusa y paralizada a Sharapova, incapaz de entender por qué aquella plaza que un día le convirtió en la reina de París esta vez se le estaba haciendo cada vez más pequeña. El carrusel de golpes a la red de la siberiana era imparable. Una y otra vez su revés y su derecha se estrellaban antes de llegar al campo de Muguruza y los errores no forzados escalaron hasta 27.

La caraqueña tomó el mando en el segundo set y, pese a la igualdad inicial, hizo ver que que no había pie a una posible remontada. La corona ya había cambiado de manos e incluso Sharapova pareció darse por vencida. Garbiñe Muguruza cerró el triunfo en cuartos con cinco juegos de manera consecutiva

Celebración contenida

Tan control tuvo sobre el partido que su celebración no fue expresiva. Alzó el puño, lo zarandeó lentamente y miró a su palco. Ya no tiene nada que demostrar, no tiene presión por defender el título y en su camino parece haber poca gente capaz de pararla.

La número tres mundial buscará hoy la tercera final de un grand slam de su carrera ante Halep, que remontó a la alemana Angelique Kerber (6-7, 6-3 y 6-2) y ansía su primer grande.

Tres victorias para Garbiñe ante la rumana

Campeona de Roland Garros 2016 y Wimbledon 2017, Garbiñe Muguruza persigue su tercer grande a sus 24 años. Su rival en la penúltima ronda acumula tres finales de «majors» perdidas, dos de ellas en París (2014 y 2017) y otra en Australia (2018). Entre ambas, los precedentes sonríen a la hispanovenezolana, con tres victorias en cuatro enfrentamientos. Halep superó ayer un largo partido de dos horas y 14 minutos. Consiguió dar la vuelta a su errático primer set. Kerber, exnúmero uno del circuito, fue atendida de ampollas en los pies tras el tercer juego del tercer set, cuando la rumana había ya comenzado a controlar de forma efectiva el partido, sin apenas dejar a Kerber ningún resquicio.

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