El regreso de la mejor Muguruza

Manuel Sánchez Gómez | Colpìsa

DEPORTES

GONZALO FUENTES | REUTERS

La hispanovenezolana aplasta a Sharapova en su primer triunfo ante la rusa y se verá con Halep en semifinales de París con el liderato mundial en juego

06 jun 2018 . Actualizado a las 22:41 h.

Tras varios partidos de aclimatación, para coger sensaciones y ritmo, el gran golpe de Garbiñe Muguruza en Roland Garros 2018 llegó ayer, cuando se apuntó la mejor victoria del año y derrotó a la dos veces ganadora en París Maria Sharapova (6-2 y 6-1) en un encuentro que se decidió en tan solo una hora y diez minutos. La historia, la mística y los dos campeonatos ganados en Roland Garros en 2012 y 2014, no le sirvieron de nada a la jugadora de Siberia, que acumulaba tres años sin ir al Bois de Boulogne, debido a su sanción por dopaje y al denegarle la organización una invitación en el 2017. Un torrente, vendaval o, simplemente, las ganas de rehacerse del daño sufrido la temporada pasada, cuando Muguruza rompió a llorar en rueda de prensa tras perder en octavos de final, aplastó a Sharapova en cuartos. Hoy se medirá con la rumana Simona Halep en la penúltima ronda (Eurosport).

Todo se juntó en una paliza inesperada. La hispanovenezolana aglutinó todas las virtudes que la proclaman como campeona del futuro. Dio un recital desde el fondo, estuvo perfecta en la red (6/6 en subidas) y redujo el número de errores no forzados (15) a la vez que ganó en seguridad. Solo forzó cuando era necesario, solo arriesgó cuando la situación lo requirió y solo remató a Sharapova cuando ya no se podría levantar más.

Superior desde el inicio

La salida a la pista ya denotó quién llevaría las riendas. Garbiñe Muguruza atacó mucho, sobre todo de revés, y aprovechó los errores de la rusa, que cometió tres dobles faltas, para, a la tercera bola de rotura, comenzar impresionando a la bicampeona. Le miró a los ojos y le advirtió de que su reinado ya caducó y que la aspirante ahora tiene 24 años y mucha hambre. Sostuvo su servicio e imprimió otro break. Era ya 3-0 y Sharapova apenas había olido la bola. Es cierto que obligó a Muguruza a disponer de cuatro pelotas de quiebre para inclinar el servicio, pero la sensación era que la hispanovenezolana no solo le estaba arrancando los juegos a la rusa, sino que también le estaba arrancando a golpes la corona.