Una repetición deliciosa

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Cuatro veces seguidas se ven las caras Golden State y Cleveland. En la liga donde se valora y premia la igualdad de oportunidades, el recital de los Warriors y los Cavaliers es un contrasentido al origen y formato de la NBA. Pero es que ambos equipos se han citado bajo el sol. En un duelo directo por decir quién es el mejor de esta década. Y la forma en cómo han llegado a la final tiene un mérito supremo para ser recordado en los libros.

Primero fueron los chicos de LeBron James. Digámoslo claro y muy alto. Odiado por muchos (estilo Cristiano Ronaldo) la supremacía física del chico de Akron es indiscutible. Inigualable. Sufrieron a lo largo de la temporada, pero han acertado con los cambios. Y como siempre sucede en los partidos cruciales, la rotación de jugadores se convierte en minúscula. Vamos, que el cuadro técnico no se come mucho los sesos con el reparto de minutos y roles.

Porque todo pasa por LeBron. Lo que hizo en el sexto y séptimo partido de la Final del Este contra Boston ha sido un todo o nada. Solito decidió quebrar la racha virgen de los Celtics en casa. Fue D’Artagnan y Los 3 Mosqueteros. Hasta por hacer, jugó los 48 minutos. Un récord de play offs también. Irresistible su aparición. Suma ocho finales consecutivas en la NBA. Cuatro en Miami y otras tantas en su casa, Cleveland.

Y algo parecido sucedió por el cuadro del Oeste. Los Warriors no dieron el brazo a torcer ante Houston. Eso sí, parecen un poco más vulnerables que en ediciones pasadas. Necesitaron del peor registro del equipo más tirador de la liga, para acceder al cuadro final. Hasta 27 triples consecutivos dispararon sin encontrar la diana los Rockets. Un récord tambien. En ese caso, muy negativo.

Lo lógico es que pensáramos que Curry pondría la guinda al pastel de los Warriors pero por contra el conjunto de la bahía de San Francisco dejó el peso del juego sobre otro extraterreste, Kevin Durant. Una media de más de 30 puntos por partido ha servido para demoler la resistencia de Houston.

Coinciden Warriors y Cavaliers en que ninguno de los dos ha pasado por su mejor temporada, pero vuelven a verse las caras. Ninguno llegó primero de su conferencia. Ninguno estuvo fino. Ninguno mostró poderío este año. Pero ambos son adictos al triunfo. 2-1 para el Messi del basket ante Cristiano. Veremos qué sucede estos días. Toca madrugar.

Cuarto duelo entre dos vecinos

Lois Balado

Curry y Lebron, ambos nacidos en Ohio, se citan en una nueva final

Las pieles tostadas de California frente al humo de las fábricas de Ohio. El lujo y la riqueza del estado más próspero del país frente a la pobreza de una de las capitales del «Rust Belt», el antiguo cinturón industrial norteamericano, agonizante desde la década de los 80 y aún sin solución. Oakland frente a Cleveland. California frente a Ohio. Golden State Warriors y Cleveland Cavaliers. Dos países de un mismo país.

Por cuarto año consecutivo ambos equipos se medirán en la final de la NBA. Dos se llevaron los Warriors y una Cleveland que busca revancha encomendándose a LeBron James para dar la vuelta a los pronósticos de las casas de apuestas. A un euro y diez céntimos se cotiza la victoria de los californianos frente a los siete y medio con los que se premia la fe de los apostantes por Cleveland.

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