Una final en cada instante


Cada futbolista reacciona sensiblemente a su manera en un acontecimiento de tanto calibre. En la final de Kiev no hay un emoción-tipo o un molde capaz de resumir todas las variantes posibles. Cuando el valor de un resultado tiene una repercusión final de éxito o fracaso, los jugadores lo viven de distinta manera en sus entrañas; ahí, el grupo que maneja Zidane es experto.

Salah, Firmino, Mané, Cristiano, Isco, Kroos... vivirán esa cita con un montón de razones a cuestas y un montón de sentimientos de todo tipo que harán que se comporten como futbolistas equilibrados o, por momento, descompensados. Que ancho y que reducido será al mismo tiempo el terreno de juego de Kiev, según situaciones concretas y oponentes concretos. Observaremos la partitura y el guion de juego de cada equipo que se puede intuir, pero no se puede confirmar hasta que comience a rodar el balón.

En el fútbol y en una final de este rango a veces no se encuentran lugares ante una defensa más o menos compacta y a veces resulta fácil acercarse o llegar hasta el área con las herramientas que Kloop y Zidane elijan. Veremos cómo discurre con el devenir de los minutos. Es la ley del juego y del partido que es una final en cada instante, en cada momento pendiente de un metro cuadrado de césped que ofrece caprichosamente facilidades o dificultades para alcanzar la jugada deseada o para impedir que suceda eso y dar al traste con los esfuerzos anteriores.

El campo estará abierto a las posibilidades de lo que pretendan el Liverpool y el Real Madrid, pero luego se abrirá o se cerrará a los mejor dotados técnica y mentalmente. El espacio de juego antes del partido está a disposición de todos para llevar a cabo lo que cada uno anhele, pero a partir del comienzo del mismo, empieza a no ser ya de todos.

Si el Real Madrid se apodera de un mayor espacio útil de maniobra, al Liverpool apenas le quedara un pequeño reducto en donde desenvolverse ,que es el contraataque. Y ahí, el equipo blanco tiene que tener controlado su posible desorden ante la posible pérdida de balón: nunca conceder contras en igualdad o inferioridad numérica, siempre en superioridad numérica defensiva, porque en esto los rojos son voraces y letales en el campo abierto. Quien mejor ocupe ese espacio en esos trances, en cantidad y calidad, mejor podrá evolucionar en él. Y crecerán las posibilidades de aquel equipo que mejor se anticipe y mejor se decida en la ocupación eficaz de ese espacio. De tal manera que la libertad de acción de unos jugadores está en función del margen de maniobrabilidad que le permita el equipo contrario, es la ley de la cooperación de los miembros de un bando y la oposición de los de enfrente, y ahí tiene que ser superior el equipo merengue si quiere alcanzar la decimotercera Copa de Europa.

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