Hipotecados por la burocracia

Muchos deportistas renuncian a competir o lo hacen a duras penas debido a la demora de las ayudas públicas, que habitualmente implica adelantar el dinero


Buena parte del deporte de alto nivel en Galicia se sostenga con ayuda pública. Pero ¿cómo es la relación de los clubes con la administración a la hora de gestionar los recursos compartidos? La sensación generalizada la resume, precisamente, una de las entidades que no ha querido pronunciarse en este reportaje, por temor a represalias burocráticas. «Parece que tenemos que demostrar que no nos hace falta el dinero para llevar a cabo nuestra actividad y, encima, debemos adelantarlo», describen.

El sistema de concesión de ayudas públicas implica que entidades y deportistas deban adelantar un dinero que después la Administración le ingresará (muy habitualmente demasiado tiempo después de iniciada la competición, generalmente con retraso y, en ocasiones, solo parcialmente). Estos son algunos casos paradigmáticos.

Club deportivo de equipo

«La burocracia y los tiempos hacen difícil subsistir», dice el Leyma de baloncestoEl Leyma es uno de los clubes con mayor impacto en A Coruña, desde su base (tutela a más de 700 niños) hasta el primer equipo. «Para mantener un club hay que saber con lo que se puede contar y ser muy serios. Tenemos muchos trabajadores, alquileres, desplazamientos, gastos federativos (más de 110.000 euros, más los avales para competir en LEB y EBA)», expone el presidente del Leyma, Juan Carlos Fernández Herrero.

Resalta que las ayudas que reciben los clubes de otras provincias es mayor que en A Coruña. Por ello, otorga tanta importancia a percibir a tiempo las cantidades de la Administración. «Firmamos subvenciones con el Ayuntamiento de A Coruña en el año 2017 que hemos justificado ya hace mucho y aún no hemos terminado de cobrar. Firmamos a finales de marzo del 2018 el convenio con la Diputación del 2017, que ya justificamos pero que tampoco hemos cobrado. Por ello aún no hemos podido solicitar ni firmar nada del año 2018 ni en el Ayuntamiento, ni en la Diputación», explica aludiendo a un escenario que se repite sea cual sea la entidad consultada, aunque muchas no se pronuncien públicamente. «Creo que ahora mismo la burocracia y los distintos tiempos de la Administración y de los clubes hacen muy difícil organizarse o incluso subsistir», concluye.

«Los clubes estamos para entretener, hacer ciudad, crear ilusión, para que los niños hagan deporte y sea más fácil fijar hábitos de vida saludables, no para dedicar una incontable cantidad de horas a resolver trámites y diferentes criterios de unas administraciones y otras», reflexiona. Con todo, confía en la buena fe de la Administración, pero considera que la propia dinámica de retraso burocrático le absorbe.

Club de deporte individual

Atletas con plaza pero sin viaje en el Coruña Comarca. Para el presidente del club de atletismo Coruña Comarca, José Carlos Tuñas, «las subvenciones de concurrencia competitiva nunca son una solución. Los plazos suelen largos y las justificaciones son muy engorrosas, teniendo que justificar siempre mucho más dinero del que recibes, algo que es inviable para casi todo los clubes, con el agravante de nunca vas a saber de cuánto dinero dispones, ya que depende de la cuantía total y el número de entidades que opten a ella». «Con el convenio nominativo, al menos, sabes de cuánto dinero vas a disponer, pero el problema es que nunca lo tienes al principio de la temporada», añade.

Los conflictos políticos que afectan a la Administración también lastran a los clubes, como la falta de acuerdo para aprobar los presupuestos municipales. Otro problema común es la diferencia de criterio entre entidades públicas para conceder las ayudas, lo que provoca que muchos clubes desistan en pedirlas. «Para mi los trámites de la Xunta son un ejemplo de sencillez y eficiencia», ejemplifica.

Este año, el Coruña Comarca estuvo en todos los campeonatos y categorías de pista cubierta, más dos equipos para el Nacional de campo a través y el de 5.000 y 10.000 que se celebraron en Braga (Portugal). «Eso disparó el gasto en viajes y no lo cubre lo que recibimos. Adelantamos dinero sin saber si vamos a recuperarlo. Lo que se pide es simplificar los trámites y que sean flexibles a las variables deportivas. La temporada de atletismo es de noviembre a octubre y no coincide con los ejercicios de las administraciones, de modo que quedan meses y facturas sin justificar», describe. «Para el 2019, no podemos arriesgarnos a organizar el viaje ni a ilusionar a los atletas que ya tienen plaza para los Nacionales», lamenta.

Organizador de pruebas

«Un contrato podría agilizar el cobro», sostiene One Seven. Álvaro Muñiz, organizador del rali de A Coruña por medio de la escudería One Seven, vive en el alambre cada vez que debe poner en marcha una carrera cuyo presupuesto puede alcanzar los 80.000 euros, pero que genera un retorno de más de un millón. Logró recuperar un rali que llevaba catorce años parado. «Con las empresas resulta relativamente sencillo trabajar, pero con las instituciones es más complicado, porque cada una funciona de una forma diferente», explica mientras asegura que su relación es buena con todas, al tiempo que crece su coordinación con ellas en términos organizativos. «Nunca dispones de la ayuda antes del rali. Tarda meses o incluso más de un año, y ni siquiera sabes con certeza con qué cantidad puedes contar», asegura. «Aún hoy tengo una cantidad elevada pendiente. Y la afronto yo personalmente», dice mientras apunta una solución para agilizar plazos: «Con un contrato, podríamos conseguir la financiación en entidades bancarias, y así no arriesgar nuestro patrimonio».

Deporte individual

Tenis de mesa de élite, inviable sin otros ingresos. Alberto Seoane fue dos veces campeón del Mundo, plata europea y diploma en los Juegos Paralímpicos de Río en tenis de mesa. «Las becas son a año vencido y la mayoría por resultados. Tenemos que adelantar el dinero. Ciertas administraciones piden tanta documentación que queda en nada», explica. «Si no tienes otros ingresos es imposible», dice. Vive en el CAR y cobra la beca ADOP mensualmente, lo que minimiza su problema, pero confiesa que la burocracia retrasó su salto a la élite.

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