El regreso del doctor Kasmirski

Filipe acortó la recuperación de la rotura de peroné gracias a su interés por informarse, la mejora de su alimentación y una gran capacidad de sacrificio


redacción / la voz

Con la final de la Liga Europa y el Mundial entre ceja y ceja, no hay lesión que frene a Filipe, disponible esta noche para el Atlético después de que fuese operado el 16 de marzo de la rotura del peroné izquierdo. Aquella patada fortuita del jugador del Lokomotiv Éder provocó un escalofrío que devolvió a la memoria aquel 23 de enero del 2010 en Riazor, cuando la caída de Iraizoz (entonces portero del Athletic) le había partido el peroné de la otra pierna, la derecha.

En ambas operaciones tuvo un papel fundamental el traumatólogo Rafael Arriaza, colaborador habitual del Deportivo. «La cirugía solo pretende poner las cosas más fáciles a la naturaleza, pero Filipe dispone de una dotación genética privilegiada que le permite cicatrizar en menos tiempo. Y cuenta con una gran ventaja, que es un jugador tremendamente estable fuera del campo. Está casado con una gallega, tiene tres niños... tiene una vida asentada y sabe cuáles son sus prioridades, y eso en estas situaciones te lleva a no desesperarte y no cometer errores», explica, antes de que el exdeportivista Iago Iglesias, que trabajó como entrenador personal con Filipe durante la pretemporada, dé otra clave: su interés por informarse al máximo. «Quiere conocer la opinión de profesionales, de compañeros, saber de alimentación, de las mejores terapias, y todo con una mentalidad positiva, de conocer, de entender los porqués», añade.

El brasileño parecía despedirse de sus aspiraciones de esta temporada tras esta nueva estremecedora lesión, pero ahora sueña con convencer a Simeone y al seleccionador Tite de que la temporada no se ha acabado para él. Arriaza bromea con el apodo que en el vestuario del Dépor, y ahora en el del Atlético, identifica a Filipe. «Para todos es el doctor Kasmirski, pero yo prefiero a un jugador más formado, más sensato, que entiende mucho mejor las razones que le das y que puedes hablar con él, que uno que va más por su lado», explica el médico.

Si se estimaba que aquella lesión de Riazor, que afectó no solo al peroné sino también al tobillo y de la que hasta pudo sufrir la amputación del pie, le mantendría al menos seis meses en la enfermería y al final no llegaron a cuatro, ahora las ocho semanas de plazo se quedaron en seis. «Se levantaba a las siete de la mañana y hacía piscina, o iba a un centro de recuperación con las máquinas más innovadoras. Y estaba el tema de la alimentación, porque dependía de la fase de la lesión en que estuviese. En la primera, tomaba más calcio y minerales, para soldar el hueso. Cada fase tenía su alimentación», explica Iglesias, antes de que Arriaza recuerde que nadie hubiera dado un duro por que Filipe hubiese vuelto para el partido de hoy contra el Arsenal. «No hay más secreto con Filipe que su cabeza y su extraordinaria fuerza de voluntad. Es un orgullo tratar con él», añade.

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