Un generoso ejercicio de resistencia

José M.Fernández

DEPORTES

Andreas Gebert | DPA

Real Madrid y Bayern honraron al fútbol con 90 minutos para no olvidar. Esfuerzo y generosidad

02 may 2018 . Actualizado a las 08:18 h.

Heynckes, no te vayas. El viejo librillo, ese que anunció su retirada para dejar paso al método Guardiola, ofreció ayer quizá su última lección. El entrañable Jupp, el hombre que dirigió a las huestes blancas en la conquista de sus primera Copa de Europa en color, puso contra las cuerdas a su ex-equipo. Regresó el alemán, al que sus colegas apodan la bombilla ?por aquello de su facilidad para que su cara se torne de un casi incandescente tono rojizo?, para sacar de un apuro a su Bayern. No lo consiguió del todo, pero a él se le debe el monumento al fútbol que firmaron ayer Real Madrid y Bayern, un canto al esfuerzo y a la generosidad. Y a la resistencia.

Superioridad alemana

Centro del campo. Para darle la vuelta a un marcador en contra nada mejor que aplicarse a ello, sin especulaciones ni rigor táctico. El Bayern saltó al Bernabéu con Tolissio por Javi Martínez, con un centro del campo netamente ofensivo, gente de buen pie (Thiago, James, Muller, Ribery o el propio Tolissio). Con el foco puesto en el duelo Lucas Vázquez-Ribery, alejó al francés de la banda para dejar una autopista a un Alaba que se hartó de poner balones y generar peligro en el área blanca. El Madrid, con Asensio para cubrir la ausencia de Isco, amenazó a la contra, pero nunca tuvo el control del juego. Hasta la aparición de Casemiro y la entrada del gigante Wagner, cuando los alemanes buscaban el tercer tanto a la desesperada, el Madrid jugó en inferioridad en el medio del campo.

 Ambición

Una ida y vuelta sin tregua. Elogió la semana pasada Simeone a sus jugadores por el esfuerzo que supone defenderse del asedio rival (el Arsenal, aquel día). El argentino ha preparado a su equipo para ello, pero el Madrid sufre cuando se atrinchera, de ahí que quizá tenga aún más valor su pase a la final. Encajó el primer gol tras un centro lateral al que Ramos no dio respuesta. Empató el Madrid de la misma forma: centro de Marcelo que Benzema remató solo. Uno y otro fruto de la ambición ofensiva, de un intercambio de golpes del que el Madrid salió milagrosamente indemne hasta el descanso.