Ramón Blanco: «Nunca pienso que tengo 84 años»

El carismático atleta completó la carrera de 42 kilómetros comiendo solo «un plátano, dos galletas y tres trocitos de melón»

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Ramón Blanco (Xerdiz-Ourol, 1933) contagia vitalidad en cada conversación. Incluso al día siguiente de completar en 11 horas una carrera de montaña de 42 kilómetros -la prestigiosa Camovi-Gran Premio Caixabank de Viveiro-, el montañero de 84 años que coronó prácticamente todas las cumbres más legendarias del planeta irradia un entusiasmo y una energía fuera de lo común. «Estoy bien, de veras. Acabé un poco cansando, ya que fueron muchas horas, pero comí rico porque mi hermana me trata muy bien y hoy [por ayer] ya estoy prácticamente recuperado», asegura.

-¿De dónde saca las fuerzas?

-De mi cabeza. La edad es relativa para muchas cosas y yo nunca pienso en que tengo 84 años. En Venezuela a veces viajo en autobús y no me gusta que me cedan el asiento; le miro y pienso: ‘si supieran con quien están hablando y en lo que yo ando metido...’ (risas). Tengo una fuerza de voluntad enorme que es la que permite hacer estas cosas.

-Igual le volvemos a ver el año que viene en Viveiro...

-Por qué no. Me atrevo con cualquier cosa que vea que puedo hacer.

-Hace siete años ya había competido, pero el recorrido no era tan duro y usted era más joven.

-Ahora la carrera es muy dura, con un recorrido muy interesante y variado, y claro que me resultó difícil acabarla porque ahora mismo no estoy preparado para una prueba tan larga, y menos por la montaña, pero soy muy atrevido, a veces quizás demasiado.

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-¿Esta vez la deshidratación no fue un problema?

-No bebí todo lo que debiera, todo hay que decirlo, aunque solo al final noté que estaba ligeramente deshidratado.

-Había varios puestos de avituallamiento a lo largo del trayecto. ¿Qué comió durante la carrera?

-Muy poca cosa. Un plátano, dos galletas muy ricas que hizo mi hermana, y en el puesto de avituallamiento que había en Naseiro me comí tres trocitos de melón.

-Imposible no emocionarse con el recibimiento que tuvo en la Praza Maior, con cientos de personas ovacionándole.

-Fue un momento apoteósico que no esperaba. Ese recibimiento en la plaza fue lo más bonito que viví en muchos años; gente llorando de emoción, abrazos, niños pidiéndome que me hiciera una foto con ellos... Me emocionó muchísimo. De noche, cuando estaba en cama y recordaba esas sinceras muestras de cariño se me humedecían los ojos.

-¿Algún mensaje para la organización?

-Darles las gracias por invitarme y rendirme este cariñoso homenaje que nunca olvidaré. Y, cómo no, felicitarles por su trabajo y por ofrecer una carrera tan espectacular que es un orgullo para todos los viveirenses.

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