La sombra de la Champions


No está despertando la expectación de otras veces esta final de la Copa del Rey ubicada en el calendario en medio de una jornada de Liga. Quizás también porque, de diferente manera, la sombra de la Champions envuelve a los dos contendientes.

Al Barça, porque hace poco más de diez días y con la Liga en el bolsillo desde mucho tiempo atrás, soñaba con el triplete. Más por números y Messi que por un fútbol que no termina de enamorar. En esto le sobrevino la inesperada caída en Roma y el avivamiento de debates como el del estilo, el modelo, la cantera y el pasillo. Una eventual victoria en el Wanda Metropolitano calmaría las aguas, sin demasiado júbilo. Da la impresión de que en el Nou Camp pesan más las cuestiones accesorias que el propio título. Al Sevilla la Champions le ha dado enjundia, la Liga dudas. Y la Copa se presenta como la frontera entre la gloria y la amenaza de un vacío. Porque ganar alimentaría la vitrina y las arcas. Perder implica decir adiós a la primera posibilidad de jugar en Europa la próxima temporada, después de coger costumbre de codearse con la alta aristocracia, con los ingresos que comporta.

Así de removida llega una final de la Copa del Rey en la que se ha hablado menos de los futbolistas y más de los contextos de los equipos, connotaciones extradeportivas al margen. El foco debería estar siempre en los jugadores y en el balón, en los protagonistas.

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