Herramientas contra el síndrome de «burnout»

Al hilo del desencanto de María Vilas con la natación de élite, el psicólogo escribe del valor de la conciliación del deporte y la vida


El deporte de rendimiento o de élite conlleva unas cargas de trabajo excepcionales y eso implica que toda la vida del deportista gire en torno a su modalidad. Por ello es fundamental que haya dos cuestiones: la primera, que tenga un entorno que lo apoye en la asimilación y en el poder dedicarse al cien por cien a ello; y la segunda, entrando ya en el apartado de la psicología, que el propio deportista tenga recursos a la hora de afrontar las cargas de entrenamiento, pudiendo compatibilizar la vida deportiva con su vida personal. Y eso es lo más difícil: la conciliación del deporte y de la vida y no que la vida sea solo deporte.

Los 16, una edad crítica

En esta línea nos encontramos que hasta los 16 años, aproximadamente, a los chicos que están enfocados hacia la élite les es bastante sencillo compatibilizar todo, deporte, estudios y vida personal; pero a partir de esa edad se producen las mayores tasas de abandono y son producto de que empiezan a aparecer otras necesidades vinculadas a la adolescencia dentro de sus prioridades. Hablamos de cosas como estar más con los amigos o pasar más tiempo en ambientes fuera del deporte. Esa es una primera etapa crítica en la vida del deportista enfocado hacia la élite.

Si consigue superar esa etapa se encontrará con que el deporte le va a exigir casi exclusividad. Cada vez más deportistas que dan compatibilizado esa vida con los estudios y dan gestionado muy bien sus tiempos, porque su entorno también les ayuda, y son deportistas que tienen una mayor facilidad para llegar. Si no es así, se van produciendo abandonos, sin otra edad crítica. Se van produciendo paulatinamente, según la persona y según el deporte.

Un parón contra el colapso

Desde la psicología estudiamos varios elementos a tener en cuenta. Si se llega al síndrome de Burnout, que es el síndrome de estar quemado, lo que se recomienda es hacer una pausa importante en el deporte. Puede ser de 15 días, 1 mes, dos meses... Lo que sea necesario. Y así que la persona pueda regenerar tanto a nivel de cabeza como emocional y que poco a poco vuelva al deporte. En otros casos se requiere que el deportista reciba ayuda a conseguir herramientas para afrontar ese regreso. A veces simplemente es un cambio de lugar de entrenamiento, un cambio en el propio entrenamiento buscando que tengan elementos diferentes o que sean más divertidos... Cosas todas ellas que ayuden a amortiguar ese tedio o ese cansancio que se produce. Aquí es importante diferenciar lo que es el agotamiento o el cansancio de lo que es el Síndrome de Burnout. Y la respuesta a ambas situaciones dependerá de cada persona porque cada situación es diferente.

Esfuerzo y premio

Lo que es importante es ser conscientes de que el deporte de élite requiere de mucho sacrificio y este tiene que estar recompensado de alguna manera. Cuando falta esa recompensa, porque no llegan los resultados o porque la persona ve que no progresa, pues es más fácil caer en este tipo de situaciones que comentamos, en la que el deportista no encuentra salida. Porque si realmente hay algo que mueve al deportista son los objetivos y estos son los que te van dando confianza o te la quitan y los que te van dando motivación para seguir o dejarlo. Algunos deportistas tienen herramientas por sí solos para superar todas las dificultades a través de reenfocar sus objetivos a través de lo que han conseguido, otros reciben la ayuda de un psicólogo del deporte, un profesional, que les ayuda a reenfocarlos para seguir en el máximo nivel y luego está el último grupo en el que por desgracia no tienen ni los elementos por sí solos ni a esa persona que les ayude, estando abocados a una depresión o a un abandono prematuro. Y es una pena porque estos últimos son deportistas, son personas, que con un buen enfoque podrían llegar a la élite o al menos a ganarse la vida con esa modalidad que practican.

La incidencia suele ser mayor en los deportes individuales porque la presión se ejerce sobre uno mismo. En los colectivos se reparte más, aunque luego ya depende de cada uno en la manera de afrontarla.

María Vilas: «Ya no odio la natación»

PAULO ALONSO

La olímpica María Vilas explica cómo superó la depresión que le hizo dejar la Blume y renunciar a la élite para ahora disfrutar de entrenamientos lúdicos en Alcobendas y un trabajo en Decathlon

«El otro día, cuando me fui a cenar, me dolían hasta los mofletes de tanto reír, de pasármelo bien en la piscina».. Justo un año después de aparcar la natación, harta de la presión de las marcas, de vivir 24 horas dentro de una burbuja de renuncias y sacrificios, María Vilas (Ribeira, 1996) disfruta de su deporte, de otra manera, y repasa con sinceridad su etapa más difícil. Vuelve a brillar el sol para una de las mejores nadadoras gallegas de todos los tiempos, superado un proceso depresivo del que prefiere hablar lo justo. Afincada en San Sebastián de los Reyes como parte de su nueva vida, se entrena en la piscina M86, milita en el Alcobendas, trabaja en un centro de Decathlon y estudia segundo de Bachillerato. Ahora casi no recuerda ni los puestos de sus últimos campeonatos.

Seguir leyendo

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
4 votos
Comentarios

Herramientas contra el síndrome de «burnout»