Ramón Estévez: un hombre clave en la historia del Breo

Directivo del Lugo antes de asumir la presidencia del Breogán, confiesa que vive sin ver deporte

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LUGO / LA VOZ

Ahora que el Cafés Candelas Breogán inicia una nueva etapa hacia la ACB, toca echar un vistazo al pasado para intentar extraer algún aprendizaje. Ramón Estévez tiene una mirada muy particular sobre la gerencia de un club que quiere consolidarse en la élite del baloncesto nacional. Él abrió camino a finales de los ochenta, cuando las cosas eran todavía muy diferentes. «Yo era vicepresidente del Club Deportivo Lugo, pero un amigo mío, que era el presidente de la Federación de Baloncesto, me emplazó a que me presentase a las elecciones del Breogán», comienza su relato. Habla con pausa, midiendo cada palabra y sosteniendo la mirada. Recuerda que los tres primeros meses fue José Randís el que asumió la presidencia, porque él había puesto como condición no dirigir el club, «pero él se fue por una enfermedad y tuve que hacerme cargo».

No esperaba quedarse demasiado, pero las circunstancias le mantuvieron al frente del Breogán seis años. Fue una etapa dorada en lo deportivo en la que Lugo pudo disfrutar del juego al más alto nivel y tener en su parqué a jugadores como Perasovic. Lleva años viviendo al margen del deporte, «terminé muy cansado» y aunque es consciente de que han cambiado muchas cosas tiene claro cuál es la piedra filosofal para consolidarse en una categoría como la ACB: «La clave en el deporte siempre es el dinero, encontrar un buen patrocinador y tener un buen equipo. La ACB es ahora más floja que antes, pero sigue siendo ACB». Insiste en felicitar «al actual Consejo de Administración, la labor que hizo ahí Suso Lázare con el actual Consejo es digna de alabar y le deseo mucha suerte. No es fácil hacer lo que él hizo».

«La liga LEB no es para Lugo, porque Lugo es una ciudad de baloncesto, no es de fútbol», prosigue Estévez con la autoridad de quien ha vivido de cerca en las directivas de los dos equipos más grandes de la ciudad. Y añade un presagio del que está convencido, «el haber ascendido a la ACB le va a hacer daño, Dios quiera que me equivoque, al Club Deportivo Lugo».

Del ascenso administrativo al cambio de pabellón

Cuando Estévez cogió las riendas del Breogán, el club tuvo que enfrentarse a varios retos mayúsculos: meterse en la ACB, convertirse en SAD o construir un nuevo pabellón. El ex mandatario explica que el ascenso fue administrativo, «no fue por méritos deportivos». Figurar en la ACB les costaría «30 millones de pesetas» y tenían un espónsor de 20, «Lence, con Leche Río». La «primera preocupación» de Ramón Estévez fue «llegar a esa cifra».

«Logré juntar al presidente de la Diputación, el alcalde y al presidente de la Cámara de Comercio y les enfoqué el tema. Ni el alcalde ni el presidente de la Cámara de Comercio, de aquellas Ramón Posada, que desgraciadamente ya no está aquí, quisieron saber nada. Pero Cacharro me dio 10 millones de pesetas». «Luego ?prosigue? en la ACB en vez de exigirme los 30 millones, me pidieron 12 y ya fue una tranquilidad». Cuenta que del dirigente del PP «también conseguí un piso en la calle de la Reina para el Breogán» en esa época. Superado el primer escollo, llegó el segundo y casi de la mano el tercero: el club tenía que reformularse como sociedad anónima y hacer un nuevo pabellón, «el viejo no valía por el aforo», rememora Estévez enarcando las cejas y soltando un leve suspiro: «Se juntaron todas».

«Hicimos la reconversión en SAD, amparándome en amigos: Francisco Martínez, Pérez-Batallón, Antonio Pol, Núñez, Isauro Díaz o Whisky DYC, que habían entrado en la sociedad. Hasta el agente que tenía para fichar jugadores, Miguel Ángel Paniagua, que logré que entrase también. Hicimos la sociedad anónima con 75 millones de pesetas», recuerda. Explica que el del pabellón fue otro cantar diferente, «dependía de la Xunta de Galicia» y comenta que «se llevó a cabo, sobre todo, gracias a Juan Fernández, que era el conselleiro de Industria y presidente del OAR de Ferrol». «A mí me dolía el corazón, porque somos muy buenos amigos, fue el que más me ayudó con el Breogán en Lugo y cada vez que venía el OAR aquí lo insultaban y se metían con él, es lamentable». Insiste en que Fernández fue clave para la obra, «él, Cacharro y a Braulio González, que era el subdirector deportivo de la Xunta de Galicia».

El año 1993 fue el de su marcha, «me estaba peleando día sí y día también con los medios informativos y cuando dejé el Breogán me hicieron un homenaje», recuerda con una sonrisa melancólica. Cuando dejó la presidencia, DYC decidió retirar el patrocinio. Hace memoria sobre aquellos tiempos de su marcha y dice que «entonces no había canon en la ACB y los que estábamos habíamos acordado que cualquier equipo que entrase en la categoría tenía que pagar 400 millones de pesetas. Si descendía deportivamente, la ACB le mandaba 200 millones y le daba dos años para volver a ascender pagando los 200 millones. Cosa que le sucedió al Breogán al año siguiente de dejarlo yo, descendió deportivamente y me mandaron los 200 millones de pesetas. Yo entonces era accionista y le quise devolver el dinero a los accionistas, pero en la Asamblea no se aprobó mi propuesta, entonces mandé bloquear en una cuenta corriente esos 200 millones de pesetas. No estaba a gusto y apareció un buen amigo mío que me compró las acciones». Ahí terminó su historia. Recuerda rápidamente que después le sucedió Severino Martínez y tras el descenso llegó Raúl López.

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