Sergio García, el campeón tapado

La mejoría de Woods y la forma de otros favoritos suavizan los focos sobre el español, que donó a Augusta el hierro 8 con que fabricó el «eagle» clave del 2017

.

La icónica casa club del Augusta National, cuya réplica en miniatura se entrega como trofeo al ganador, fue sufriendo añadidos a partir de su construcción original de 1854 y el terremoto que la sacudió en 1886. En 1946 se crearon la zona de solteros, las suites, la sala de trofeos y la cocina; en 1953, la tienda; y en el 2014, la sala de los fundadores. El edificio también incluye el Nido del Cuervo, la buhardilla donde duermen los jugadores amateurs durante el campeonato, el vestuario de los campeones y el Grill Room, estancia creada en 1962 para ampliar la colección de reliquias de la sala de trofeos. Para este último espacio, cada ganador dona un palo clave que asocia a su victoria: el wedge con el que Larry Mize sentenció el desempate de 1987, los putters de Seve Ballesteros de 1980 y de Olazábal en 1999, el driver con el que Tiger Woods partió las calles en 1997, el sand de Bernhard Langer de 1985... En las vitrinas del Grill Room también luce ahora el hierro 8 con el que Sergio García ejecutó el golpe que le permite defender desde hoy el título del Masters (Movistar Golf, 21.00).

El domingo de su victoria, hace doce meses, García se fabricó con un sensacional hierro 8 la oportunidad de eagle en el 13. Junto a las azaleas del green, ayer los fotógrafos se hartaron de retratarle. Un palo, además, que ilustra el debate sobre si el campo, después de las sucesivas reformas de principios de siglo, con hoyos ya más largos, prima demasiado a los pegadores. El español logra una distancia considerable con el driver. Por eso, después de la salida del 13, desde aquellos 175 metros le bastó un hierro largo para dejar la bola a apenas cuatro metros de bandera y anotarse luego el eagle que todos consideran clave en su cuarta ronda. Ganó después del desempate, pero sin aquel tirazo desde la calle 13 no habría llegado al play off con Justin Rose.

Aunque se empeñe en negarlo, aquel triunfo en el Masters cambió completamente la carrera de Sergio García. De lo contrario, a sus 38 años tendría que seguir aguantando el estigma de ser el mejor jugador en activo sin un grand slam. De aquello, pasa ahora a poder convertirse en el cuarto que revalida su título en el Masters. Como solo hicieron hasta ahora mitos como Jack Nicklaus, Nick Faldo y Tiger Woods.

Y aunque en su nueva vida de campeón del Masters ha rendido a un nivel notable, puede favorecerle que su defensa del título llega tapada por otras historias: el regreso de un recuperado Tiger Woods, la reciente victoria de Phil Mickelson en las Series Mundiales en México, la buena forma de Buba Watson, Rory McIlroy, Jordan Spieth y Jason Day, la progresión de Justin Thomas y hasta la victoria de Ian Poulter en Houston, en la última oportunidad de clasificarse para el Masters.

García cumple estos días con las tradiciones de los ganadores de Augusta. Ya puede cambiarse en el vestuario de los campeones, donde comparte taquilla con Chema Olazábal. Y el martes eligió para la cena de ese selecto club ensalada, arroz con bogavante, la tarta de su mujer, el Rías Baixas Sketch y un Ribera del Duero.

Junto a García, compiten otros tres españoles, Jon Rahm, número tres del ránking mundial, Chema Olazábal, doble ganador del Masters en 1994 y 1999, y Rafa Cabrera.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos
Comentarios

Sergio García, el campeón tapado