Tiger Woods ante el Masters de Augusta: «Estoy aquí para ganar»

El exnúmero uno mundial regresa al campo donde transformó el golf, con 42 años, como uno de los favoritos en las apuestas

.Tiger vuelve a estar entre los favoritos a sus 42 años
Tiger vuelve a estar entre los favoritos a sus 42 años

Redacción

Hace 12 meses, Tiger Woods empezó a jugar el Masters de Augusta de esta semana. Entre aquella última operación de abril, en la que se sometió a una cirugía de fusión espinal, y su esperada salida del jueves (Movistar Golf), se sucedieron sesiones de rehabilitación, entrenamientos progresivos, ajustes técnicos, rondas de prácticas y torneos. Pero la principal historia del portento que revolucionó el golf se escribe en los grand slams. Así que el espectáculo se reinicia el jueves. Tendrá entonces 42 años, tres meses y cuatro días, y contará con 14 majors en su palmarés, incluidas cuatro chaquetas verdes. Pero su ambición sigue inmutable. «Estoy aquí para ganar», proclama.

Tiger pisa hoy de nuevo un recorrido al que regresó hace unas semanas para jugar 18 hoyos junto a Bryson DeChambeau. Desde su última ronda en el Masters del 2015 no se enfrentaba al campo donde revolucionó el golf en 1997. El mismo donde no gana desde el 2005. Por eso el año pasado le había resultado tan doloroso volver. Su cuerpo fibroso, machacado ya entonces por tres operaciones de espalda y cuatro de rodilla, era una piltrafa. Así que el ritual de camaradería de la Cena de Campeones se convirtió en un compromiso algo forzado, según confiesa en su web en una interesante reflexión sobre su relación reciente con el Masters: «Yo no estoy retirado. Y ver a los chicos y escuchar su emoción de jugar allí resultó difícil».

Hoy las casas de apuestas lo señalan entre los principales favoritos, solo superado ligeramente por Rory McIlroy y Justin Thomas y casi a la par con Dustin Johnson y Jordan Spieth. Entre aquel Tigre alicaído de hace justo un año y el pletórico de este invierno, media un abismo. El cambio, que había anunciado en varias reapariciones anteriores que terminaron en más molestias y frustraciones, lo constataron los resultados. Después de un par de torneos de tanteo, fue duodécimo en el Honda Classic, empató en la segunda plaza del Valspar Championship su mejor puesto en más de cuatro años e igualó en el quinto lugar del Arnold Palmer Invitational. A cada zarpazo le acompañó la sacudida de sus mejores tiempos en los índices de audiencia, incluso aunque no hubiese ganado. Algunos torneos no tenían tantos telespectadores desde hace cinco años, y el crecimiento en determinadas rondas llegó al 72% en el caso del inicio del Arnold Palmer Invitational respecto al de hace dos temporadas.

Tiger cumple con su parte. Lleva diez rondas seguidas al par del campo o por debajo. Y regresa a un recorrido que se rediseñó por su culpa, por una pegada que, gracias al entrenamiento físico y la evolución de los materiales, lo había dejado obsoleto. Los títulos se le resisten a Woods desde el 2013. Desde el jueves nadie le descarta. 

La meticulosa reconstrucción de su «swing», como quien restaura una obra de arte

«Estoy disfrutando de una segunda oportunidad en la vida. Soy un milagro andante», resume Woods. Su equipo de colaboradores ha retocado con sutileza su swing como quien restaura una obra de arte. Tiene 42 años y sus articulaciones chirrían, por lo que su gesto técnico no puede exigirles más de la cuenta. Aún a costa de ajustar un movimiento repetido miles y miles de veces desde que era un crío. Ya no puede golpear la bola con la violencia de antes. O sí. Pero lo hace con un movimiento más armónico, en el que no expone tanto su maltrecha columna. Lo ilustran los análisis biomecánicos comparativos con los anteriores años de su carrera y los datos de sus golpes actuales. En la tercera jornada del Valspar Championship sacudió la cabeza del palo a 208 kilómetros por hora. El movimiento más rápido registrado en lo que iba de temporada en el PGA Tour. Ni siquiera los musculosos chavales recién salidos de la universidad le imprimen semejante meneo.

Woods mantiene una relación especial con el Masters. «Estoy ansioso por jugar. Es el torneo mejor organizado del mundo. El campo, los mecenas, la atmósfera… Es el paraíso para los golfistas», describe en su web. Desde aquel 2015 en el que empató en la decimoséptima plaza, no volvió a jugar un grand slam. No gana uno desde el US Open del 2008, cuando venció en Torrey Pines con una rodilla tocada. Casi hace diez años de aquello.

Tiger está en Augusta para ganar, pero aunque no lo haga, ya se ha apuntado una victoria al volver a sentirse competitivo. «Es hasta gracioso», comenta sobre su transformación reciente, «porque hace medio año lo más probable era que ni siquiera pudiera jugar».

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos
Comentarios

Tiger Woods ante el Masters de Augusta: «Estoy aquí para ganar»