Casemiro, el héroe inesperado

Goleador y máximo recuperador, el brasileño fue en París el faro del Real Madrid


Casemiro volvió a exhibirse en la Liga de Campeones. El brasileño se ha hecho imprescindible en un Madrid irregular. Ante el París Saint-Germain, marcó el segundo tanto, que sentenciaba el pase del doce veces campeón de Europa a cuartos. Pero hizo mucho más que eso. Lideró a su equipo en apartados estadísticos capitales: robó 11 balones, más que nadie, y registró el mayor porcentaje de acierto en el pase, un 98,2 %, que atestigua que es mucho más que un stopper al uso. Un héroe inesperado para una afición que lo tuvo bajo sospecha en el pasado, pero ha comenzado a agradecerle su esfuerzo.

Casemiro se lució en el Parque de los Príncipes en sus tradicionales labores de amarre y contención. Presto siempre a echar una mano al compañero que estaba más acuciado, erigió un muro junto a Kovacic que empequeñeció a Rabiot y Verratti, sobre todo al italiano, vacuo otra vez en una gran cita y cuyo desquicie derivó en una expulsión que terminó de cercenar cualquier reacción del PSG. Solo Alves, en el bando contrario, frustró tantas veces como su compatriota las acciones del adversario, pero el lateral del PSG acabó siendo uno de los principales señalados por la debacle después de que Asensio le sacara los colores en la jugada que acabó con el centro de Lucas Vázquez y el remate a la red de Cristiano Ronaldo.

El brasileño estuvo impecable al quite, con un formidable sentido táctico que le permitió cortocircuitar a la medular del cuadro galo con mucho menos desgaste del habitual. Corrió menos que en cualquiera de los siete encuentros anteriores que disputó en la presente edición de la Liga de Campeones . Cubrió 8.948 metros, dos kilómetros menos de los que en la ida ante el PSG y sensiblemente por debajo también de su media en el torneo: 10,68 kilómetros por duelo. Mejor colocado que nunca pese a que el Real Madrid formó con dos mediocentros y dos extremos en los costados, frente al dibujo habitual con un triángulo invertido que le tiene como base y cuyas puntas completan Modric y Kroos, el internacional brasileño tampoco tuvo necesidad de hacer faltas. Solo cometió una, por las cinco que recibió.

Con Modric y Kroos recién salidos de lesiones, Zidane optó por la cautela y les dejó de inicio en el banco. No los necesitó, aunque utilizara unos minutos al alemán. Kovacic aportó sacrificio y Casemiro, además de tapón, fue la brújula del campeón de Europa. Dio 57 pases, 27 en campo contrario, y solo marró uno. La guinda vino con el gol, el sexto esta temporada entre todas las competiciones, igualando la marca que estableció la pasada campaña: 4 en la Liga, otro en la Supercopa de Europa y uno más en la Champions.

Casemiro tuvo un pequeño pero fundamental papel en el camino a la décima, con 17 minutos heroicos en el Signal Iduna Park que evitaron la machada del Dortmund en la vuelta de cuartos. Fue actor destacado en la undécima, ya revestido de galones por Zidane y titular en diez de los trece choques, incluyendo la final de Milán. Y protagonista en la duodécima, cuyo horizonte contribuyó a despejar con una diana ante el Nápoles en la ida de octavos al que seguiría otro en la final de Cardiff, clave al significar el 2-1.

El brasileño abrió la temporada desnivelando la Supercopa de Europa ante el United y volvió a citarse con la gloria en París, con otro afortunado remate que sentenció el pase a cuartos. «Jugando así somos casi invencibles», subrayó tras completar su faena perfecta. Una proteica actuación de un futbolista cuyo contrato expira en junio de 2021 y que no deja de sumar méritos en favor de su renovación.

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