Dos meses de vida de ironman

Gómez Noya explica como modela su cuerpo y sus entrenamientos para transferir su rendimiento a su nuevo desafío en un triatlón de más de siete horas

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Durante el verano austral, toman el entorno de la neozelandesa ciudad de Tauranga miles de turistas, desde surfistas hasta jubilados. El buen tiempo, la imponente postal de una lengua de arena vigilada por el extinto volcán Mauao, en plena bahía de la Abundancia, impulsa a una urbe de algo más de 100.000 habitantes, la que más crece del país. El clima, la presencia de su pareja, Anneke Jenkins, y las condiciones para entrenar convirtieron ese rincón del planeta, prácticamente en las antípodas geográficas de Galicia, en el lugar para que Javier Gómez Noya iniciase su reinvención. En la isla norte, también centro de negocios y principal puerto exportador del país, el pentacampeón mundial de distancia olímpica cambió el esfuerzo habitual de una competición de menos de dos horas por el desafío del ironman, más de siete y media para completar 3,86 kilómetros a nado, 180 en bici y el maratón final de 42,2 a pie. El objetivo lo tiene puesto en otoño en otra esquina del globo, en el mítico Mundial de Kona, en Hawái, que se celebrará el 13 de octubre. Pero acumula ya ocho semanas ya de su nueva vida, que explicaba así hace unos días.

GRAN CAMBIO EN LA BICI

Salidas más largas en la «cabra», que subirán hasta los 200 kilómetros

Gómez Noya ha empezado a prolongar sus salidas en la cabra, la Specialized Shiv específica para el ironman. Es el sector en el que afronta un cambio más radical. En competición cubrirá 180 kilómetros en cuatro horas y media con ella. «Antes podía hacer salidas de 120 o 130 kilómetros, porque solo competía sobre 40. Ahora ya estoy haciendo sesiones de 160 e irán subiendo hasta los 200. Son días en los que también hago trabajo específico con series largas a ritmos más altos», explica el ferrolano, que tiene experiencia en distancia media, como doble campeón del Mundo de 70.3.

GIMNASIO

«Hago mucho más trabajo de fuerza del tren inferior en el gimnasio»

La preparación para la bici la completa Gómez Noya con pesas. «Hago mucho más trabajo de fuerza en el gimnasio, sobre todo del tren inferior porque aún me cuesta echar tantas horas en la cabra. Nos focalizamos en la fuerza específica en las piernas, cuádriceps, isquios, gemelos... Con movimientos aplicados a la bicicleta, con angulaciones parecidas... Nos interesa conseguir fuerza en en ese gesto concreto, no sacar un cuerpo de culturista», matiza.

FUERZA

Sesiones cargando con troncos en la playa

En las redes sociales, el triatleta más laureado de todos los tiempos comparte momentos de su preparación. Incluidas sesiones diferentes junto al mar. Se le ha visto moviendo troncos. «Es un gimnasio improvisado ?sonríe?. Algún día hacemos fortalecimiento general y cosas de ese estilo, y propiocepción para prevenir lesiones, de forma más relajada que en el gimnasio», explica el triatleta ferrolano, de 34 años, y que afronta el cambio al ironman más tarde que otros rivales laureados en distancia olímpica.

ENERGÍA

La alimentación y la hidratación cambian en sesiones bastante más largas

El propio Gómez Noya explicaba en diciembre en La Voz sus rutinas de alimentación en carrera. «Gané mi primer mundial de medio ironman tomando solo dos geles en toda la prueba. Llegué justo, pero son carreras de tres horas y 40, más asumibles, y por los ritmos se va rápido. Si te vas a ocho horas, no es que sea el doble de distancia, sino que parece aún mucho más». Así que adapta su metabolismo a la ingesta de más líquidos y alimentos durante los entrenamientos. «Las sesiones largas te desgastan y tienes que comer más y beber más. No es solo añadir volumen, sino que son trabajos a determinados vatios o pulso. Todo es duro, también hacer 10 series de 400 metros en la pista, aunque no sea un esfuerzo tan largo. Este es un tipo de entrenamiento diferente», distingue Gómez Noya.

NATACIÓN

El sector con menor relevancia en Kona

En la piscina empezó todo. Sobresaliente nadador en su adolescencia, a las puertas del podio en los campeonatos de España de categorías inferiores, Gómez Noya nunca se queda descolgado en el agua. De los 18 minutos que empleaba en cubrir 1,5 kilómetros distancia olímpica, pasará ahora a los tres cuartos de hora en ironman, para 3,8 kilómetros. Pero el agua tiene una importancia menor en un ironman (la décima parte del tiempo total), y apenas cambia ahora su día a día.

A PIE

Salidas de 32 kilómetros a pie para luego competir después de cinco horas de esfuerzo

«Antes podía combinar una salida larga en bicicleta con otro trabajo duro corriendo. Pero ahora cuando realizo una salida larga en bici, que es mucho más exigente, hago la natación o la carrera más suaves, o evito tantas sesiones. A pie también haré ritmos más lentos que antes, más tranquilo. En un ironman corres después de cinco horas y media de esfuerzo y tienes que sobrevivir», explica Gómez Noya. «En esta época del año una tirada larga a pie es de 22 kilómetros, con una parte metiendo ritmos altos, pero llegarán a ser de 30 o 32 con algo específico», explica el ferrolano. Ahora tiene que frenarse. «Correr a ritmo de 3.25 o 3.30 el kilómetro es asequible en tiradas largas, pero no será la velocidad que lleve en carrera. Ahora necesito acostumbrarme a ritmos económicos, diferentes a los de antes, y solo un día a la semana voy más rápido», diferencia.

FRECUENCIA CARDÍACA

«Para correr a 3.30 el kilómetro voy a 140 de pulso»

Desde el 2014, Gómez Noya controla la intensidad de sus entrenamientos a través del pulso cardíaco, más que por el reloj de las series. Prefiere mantener en pretemporada un techo bajo de pulsaciones para no coger la forma demasiado pronto y pasarse de vueltas. Sigue con esa idea, guiado por su entrenador de siempre, Carlos David Prieto, y su asesor técnico y cardiólogo, Nicolás Bayón. «Por ahora no paso de 160 pulsaciones ni en bici ni corriendo. De hecho, para correr a 3.30 el kilómetro voy a 140 de pulso».

El fisioterapeuta Óscar Vicente, su sombra durante todo el año para evitar lesiones

paulo alonso

A sus 34 años, Gómez Noya sabe que las molestias marcan el día a día de un triatleta de élite. Por eso ha reforzado su equipo de trabajo con la presencia permanente del fisioterapeuta Óscar Vicente, triatleta notable que llegó a ser campeón de Europa júnior de duatlón y que le acompaña en muchos de sus entrenamientos.

«A veces no hace todas las sesiones conmigo, pero me ayuda como compañero de entrenamientos y en el gimnasio», explica el pentacampeón mundial de distancia olímpica sobre un triatleta que ya formó parte de su grupeta antes de Londres 2012. La diferencia es que ahora Vicente trabaja para él. Fue su acompañante durante los casi dos meses de pretemporada en Nueva Zelanda. Y le asistirá todo el año como fisioterapeuta fijo. «Uno cumple una edad y el cuerpo hay que cuidarlo. Ahora hago más volúmenes de entrenamiento y tengo que controlar la caña que le di al cuerpo todos estos años. Se trata de intentar mejorar y a estas alturas las lesiones son un rival más a batir. La clave es mantenerse bien de salud y físico, y no sufrir parones por lesiones. Para minimizar todo eso tener un fisio contigo día a día, ayuda, tanto para masajes, como para fortalecimiento, estiramientos, tratarme de una pequeña molestia...», explica Gómez Noya.

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