Se respira, se siente y se palpa vergüenza


Pasa el tiempo, los días, las semanas, los meses, pero hay una palabra que no se va de la Federación Española de Fútbol: vergüenza. La que, por ejemplo, produjo ayer la decisión de la comisión directiva del CSD de no suspender a los presidentes de las territoriales investigados en la operación Soule. Obviamente argumentarían cuestiones legales para tomar semejante resolución, en la teoría avalada por la Abogacía del Estado, pero con todo el tiempo que ha pasado desde que se solicitó dicho informe, no es de extrañar que sobrevuele el ambiente cierto tufillo de excusas o cortadas para no mojarse, porque el sentido común no va por los mismos derroteros que la abogacía.

Son seis los presidentes de territoriales imputados en la operación, cinco de los cuales apoyan a Rubiales. Todos ellos están bajo sospecha por algo más que sólidos indicios. Unos se beneficiaban de la venta de seguros a la RFEF, otros facturaban viajes federativos con su propia agencia y otros colocaban a familiares. Es una vergüenza que todos puedan elegir al próximo presidente de la federación con su voto manchado, como si no supiéramos lo que sabemos sobre ellos.

También produce vergüenza que, tras la renuncia a presentarse del gallego Garcia Silvero, Juan Luis Larrea pueda convertirse en candidato a la presidencia. Él, que fue durante muchísimos años el tesorero de Villar. Vamos, lo que se dice una renovación radical. Y vergüenza porque la alternativa a la Guatemala de Larrea puede ser la Guatepeor de Rubiales. ¿Cómo es posible que Rubiales, candidato a la presidencia, pudiera votar si se suspendía o no a sus amigos imputados? ¿En concepto de qué? ¿Como un candidato puede sustentar sus intenciones sobre estos pilares carcomidos por la sombra de la corrupción?

Lo dicho, se respira, se siente y se palpa la vergüenza.

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